29 diciembre, 2009

Opinar, informar y otras cosas.


Los medios de comunicación y la política mantuvieron a lo largo del siglo XX una relación de interdependencia. Una relación que les permitía sustentarse mutuamente mediante malabarismos que se equilibraban tirando de un lado y replegando de otro. Los ámbitos reducidos, como son ciudades o regiones, hacían que la relación alacanzase una cercanía tal que a veces era difícil distinguir el discurso periodístico del discurso político, especialmente por esa costumbre que han ido adquiriéndose quienes se dedican a la política de hablar en forma de titulares, dictar encabezados antes de que el o la plumilla ponga uno que no interese.

Hay cosas de la prensa portuguesa que me han parecido siempre interesantes. La primera es que se puedan leer muchos periódicos - sobre todo semanarios- desde cualquier punto del espectro político sin que te entre urticaria. No quiere decir que no haya líneas editoriales que apuntan a determinados posturas, pero se cuida que no haya descaro y se intenta tener un abanico plural de colaboradores y columnistas.

Por otro lado, los periodistas tienen que mostrar su independencia y preguntan y repreguntan a los políticos DE TODOS LOS COLORES. Los políticos saben, cunado van a una entrevista televisiva, que no se pueden salir por las ramas porque quien está enfrente va a ser capaz de decir, como he escuchado en más de una ocasión, eso de " O senhor Primeiro-Ministro não está a responder às minhas perguntas" (En España es impensable)

Echo de menos en España (y también en Extremadura, claro está) que haya condiciones para poder tener un periodismo independiente y con aparente imparcialidad. Pero también creo que la clase política española debería propiciar que eso existiera: que no haya llamadas de un político al director de un medio para que la persona que lleva asuntos de política regional, municipal o económica sea trasladada a otra sección porque no gusta lo que escribe, presionar para que no se hable de determinado asunto, mandar al ostracismo a una productora por realizar un reportaje incómodo, etc.

Los políticos que encajan bien las críticas, que se defienden de ellas y que digieren bien aquello que les sirve para aprender, acaban por no ser débiles sino sensatos y consecuentes. Nunca hay que temer a la prensa en las circunstancias actuales. Por suerte, o por desgracias, tiene menos poder que el que la literatura y el cine le han otorgado.

Acaba la primera década de este siglos y las cosas ya no pueden volver a ser como antes. Hace 15 años era imposible que nadie ganara unas elecciones en occidente sin el apoyo de, al menos un grupo mediático. Pero han ocurrido hechos (Obama es uno, pero no el único) que -según se afirma-han abierto una grieta en el sistema. Yo creo que no. Que Obama es el outsider al que han dejado entrar para que todos nos quedemos boquiabiertos y digamos "Yes, we can".

Internet puede ser la grieta que mine el poder de los media. Hace 15 años Ramonet y Chomsky escribían Cómo nos venden la moto . Era una época en la que diez personas podían controlar qué podía ser conocido y qué hechos pasarían a la categoría de inexistentes. Hoy hemos abierto la grieta y es por eso que hay un interés en controlar internet, un peligro para los políticos totalitarios disfrazados de demócratas, porque hace posible que una realidad acabe siendo conocida a pesar de que no salga en las portadas de los periódicos o en los telediarios.

2 comentarios:

Los viajes que no hice dijo...

O que te despidan, directamente. A mí me echó un político. Del PSOE. Muy de izquierdas él. En ese momento, me jodió. Ahora lo llevo a gala... y me ocupo de Cultura, que a los políticos les interesa una mierda.

Departamento de Português dijo...

Totalmente de acuerdo con tu comentario.

Chema DG