28 diciembre, 2009

Animales

Cuando se quiere ensalzar la bondad de alguien se dice que sería incapaz de matar una mosca. Así que el tamaño del animal se establece como vara de medir y se logra la santidad cuando uno no se atreve ni a eliminar un insecto. Esta lógica se va perdiendo por el camino: si unos cuantos amigos nos hiciéramos de una cabra, le diésemos pases con arte y le clavásemos con gracia y temple una espada, seríamos llevados a la cárcel y considerados unos energúmenos. Pero si hacemos lo mismo con un toro podríamos incluso ser tratados como héroes y ganar dinero. Parece ser que no es cuestión de tamaño sino de tradición. Si nuestros abuelos y tatarabuelos hubieran lidiado cabras u ovejas hoy lo podríamos disfrazar de costumbre ancestral y no nos pasaría nada. Pero las costumbres se crean y se destruyen, como la materia. Hace 10 años que los quintos de un pueblo de Zamora dejaron de tirar cabras desde el campanario sin que el mundo se haya resquebrajado. Por eso no pasará nada si en Cataluña decidieran prohibir eso que llaman corridas de toros. Lo que resulta incomprensible, desde un punto de vista racional, es que hayamos tenido que esperar al siglo XXI para poder empezar a plantear estas cosas. Los animales no son personas, pero sí son seres vivos que no se merecen ni la crueldad ni el capricho de los bípedos. Es fácil obsequiar a un niño con un cachorrito rodeado de espumillones navideños y acabar dejándolo en la cuneta camino del hotel de la playa. Hoy es un buen momento para pensar, antes de hacer un regalo, qué será de esos animales dentro de unos meses. Ellos nunca nos abandonarían y lo mínimo es corresponder.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 28 de diciembre de 2009.

9 comentarios:

cata dijo...

Ya sabemos que en ocasiones se regala un cachorro como si fuera un peluche, es una pena.
Muy buena la entrada y el blog, ya ire pasando por aquí.
saludos!

Los viajes que no hice dijo...

Plas Plas Plas.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

gracias

à toa dijo...

En esto no puedo estar más de acuerdo contigo.

Paco Centeno dijo...

No se puede expresar mejor.
Felices días

Pedro Centeno dijo...

Nunca se dijeron palabras tan ciertas

Noctiluques dijo...

Más que nada por el sufrimiento innecesario que se le causa al toro en su muerte. ¿Verdad que se abolió el uso del garrote vil para aplicar la pena capital en este país? Pues bien, para que os hagáis un poco una idea aproximada, la manera de morir del toro se asemeja casi en su totalidad al tipo de muerte causada por el famoso garrote.

Técnicamente un buen verdugo sería capaz de causar un coma cerebral ipso facto, causando así la muerte instantánea del animal/persona. El problema es que casi nunca se consigue tal efecto, sino que la muerte se produce por estrangulamiento y depresión respiratoria (alias asfixia).

Hoy día en los cursos de preparación para el manejo de animales de laboratorio (título oficial europeo FELASA) te enseñan a eutanasiar de esta manera a los ratones. Y os aseguro que hay que practicar mucho para no fallar nunca y así no hacer sufrir al pobre animal...

En Catalunya tenemos la suerte de tener una de las leyes de protección animal más completas del mundo (del año 2003), cosa que nos facilita mucho el camino a los de nuestra profesión a la hora de negarnos a realizar según qué procedimientos con los animales...

Pero bueno, el camino es largo y hasta que no se haga realidad la abolición de los toros en Catalunya lloverá mucho todavía...

Noctiluques dijo...

Ah! se me olvidaba un link que hace referencia al garrote:

http://es.wikipedia.org/wiki/Garrote_vil

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Gracias por todos los comentarios y gracias a Noctiluques por ilustrarnos.