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06 febrero, 2019

A partir de mañana


Poner el respeto a los Derechos Humanos como principio fundamental para cualquier pensamiento o acción política o económica es la mejor manera de comenzar a entenderse. Todo sería más fácil leyendo los 30 artículos de la Declaración Universal, entendiendo su contenido y convenciéndose de que todo lo demás es discutible y matizable menos esos principios.

A todos nos pueden gustar más unos gobiernos que otros y comprometerse con los derechos humanos te lleva a muchas contradicciones que hay que saber resolver. Se puede ser muy de izquierdas y criticar los fusilamientos de Fidel Castro en 1989, y ser un ultraliberal conservador y abominar del bombardeo de Al Ameria en 1991 o del asesinato deliberado de periodistas serbios en abril de 1999.  Esa es la grandeza de espíritu que necesitamos en momentos como estos, la de ser capaces de quitarnos la venda ideológica y partidista y saber poner fin a unos problemas sin crear otros mayores.

Cuando Trump ganó las elecciones a finales de 2016 muchos pensamos que no pasaba nada, que un fantoche de ese calibre no iba a tener seguidores por todo el mundo. Y es que se nos olvidó pensar que el fantoche tiene hilos y que esos hilos son dirigidos por intereses que se pueden contabilizar en dólares, rublos, yuanes, o barriles de crudo. Si alguien ha pensado por un momento que son los derechos humanos y las libertades de los venezolanos lo que preocupan a gran parte de la clase política occidental, que sepa que le están engañando.

¿Se respetan los derechos humanos en Venezuela? Pues no. Las organizaciones internacionales independientes publican desde hace años informes fidedignos y reveladores al respecto. Y no solo de Venezuela sino de muchos lugares: de toda África, de Oriente Medio sin excepción, de muchos países de la propia Europa y de todo el continente americano, desde Alaska hasta el cabo de Hornos.  La cuestión es si torcer la legalidad con una torcedura mayor es el camino para desenredar la situación que se vive en uno de los países con mayores reservas de crudo.

Pero todo se está complicando: China y Rusia, que ocupan el pódium mundial de violaciones de derechos humanos, quizá no estén dispuestas a dejar a caer a Maduro con todas esas reservas de petróleo en manos del nuevo Monroe y su “América para los americanos”. Venezuela requiere diálogo, mediación, cirugía de mínima invasión y no un loco con una sierra eléctrica. Por eso es preocupante que sensatos europeos hayan apostado por Trump y seguido su estela, porque significa que aquel fantoche no está solo, va sumando adeptos y un tal Steve Bannon recorre el mundo asesorando por doquier.

A partir de mañana hay que preguntarse lo mismo que una vez “liberado” Kuwait en 1991 o Iraq en 2003.  ¿Cuando caiga Maduro van a comenzar a asediar a Arabia Saudí hasta que la monarquía abandone el trono y se permita votar a las mujeres en un régimen de libertades? Sí, yo también me sé la respuesta. 

Publicado en HOY el 6 de febrero de 2019

01 junio, 2016

Palabras robadas


Ha comenzado junio y se supone que a finales de mes se nos habrán resuelto las incógnitas. También puede ocurrir que todo siga igual y, de momento, lo único que parece distinto es la pasión por los derechos humanos que les ha entrado a algunos medios y candidatos. Una pasión que aplaudiría si fuese mínimamente sincera y no una escenificación para un solo país que empieza por v, lo que denota una ignorancia de la situación de Derechos Humanos en América Latina y en el mundo. Desgraciadamente los abusos que se cometen en Venezuela  son comparables -y muy superados- por los que ocurren en Honduras, Méjico, Guatemala, Arabia Saudí (que nos compra un AVE) o Turquía. Por no hablar de la propia España, que sigue encabezando los informes de las organizaciones humanitarias por leyes como la que nos amordaza o por la impunidad con que se tratan los graves abusos cometidos desde el poder.

Sí. Las libertades nos las han robado. Las tenemos en las leyes pero están atadas de pies y manos por las ordenanzas. Me arriesgo a miles de euros de multa si me junto con mis vecinas en una plaza, sin molestar a nadie, y nos dedicamos a plantear alternativas a la reforma de un edificio o promover la creación de empleo productivo. La espontaneidad de hacer de los espacios públicos un ágora está ahora esposada por un ministro que cree más en los ángeles que en los seres humanos que no tienen padrinos. Pero si tu equipo gana no te preocupes: puedes berrear y tocar el claxon hasta las tantas, de lo que deducimos que el orden público no depende tanto de lo que hagas sino del motivo que haya detrás.

Además de las libertades también nos han robado el sentido primitivo de palabras y a uno le entran ganas de salvar del linchamiento términos como “radical” o “antisistema”. Ayer mismo, al ver la foto* de un bebé sirio que parecía dormido y del que jamás sabremos su nombre, me preguntaba si se puede ser humano y no actuar radicalmente contra el sistema que perpetúa el sufrimiento de la mayoría del planeta para el beneficio de una minoría. Si “radical” tiene que ver con ir a la raíz de los problemas y “antisistema” es aborrecer esta estructura generadora de miseria, va a ser hora de reivindicar ambos términos.  

Que no nos roben también las palabras, como le ocurría a una joven hace unos meses: mientras narraba el trato que recibía en un trabajo-basura, con condiciones decimonónicas de las que Juan Rosell estaría orgulloso, aguantando la discriminación que las mujeres siguen soportando en este nuevo milenio, la chica acababa pidiendo disculpas por haber parecido demasiado “feminista”. Nos han quitado hasta la palabra que define a quienes creen que las mujeres deben tener los mismos derechos que los varones. No sabemos si la próxima palabra que nos arrebaten será “ecologista” o “solidario”, porque esta rapiña parece no tener fin.

Publicado en el diario HOY el 1 de junio de 2016. 

*Foto de Reuters









Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...