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23 septiembre, 2013

Todo (no) es cultura



Una de las acepciones de la palabra culturala definen como el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y otra, a renglón seguido, se refiere a la misma como la vida, costumbres y grado de desarrollo artístico-científico en una época, lugar o grupo social. En ocasiones llamamos cultura a ritos ancestrales que por su crueldad son cualquier cosa menos producto de una reflexión juiciosa y crítica, así que parece que entre las dos versiones hay una contradicción difícil de resolver. Luego te encuentras a gente capaz de justificar barbaridades por el mero hecho de ser una tradición arraigada, por no hablar de los que te dicen que si no eres del pueblo, no puedes llegar a entender la “magia” de cachondearse de un animal y hartar de reírse mientras lo matan.

¿Qué quieren que les diga? A mí me parece que no es necesario haber nacido en Tordesillas ni en Lekeitio, para concluir que lo que hacen allí con el toro o con el ganso es cualquier cosa menos cultura. Nunca he entendido a los que disfrutan viendo sufrir a otro y no me sirve que lo engalanen con historia, antigüedad y demás fervores: la cultura no puede acoger en su seno ninguna acción o expresión que provoque rechazo y repugnancia de forma generalizada. La tortura es tortura y no se es un asunto con el que jugar a hacer rimas.


Y hablando de tortura: me entero de que Billy el Niño, el más cruel de la torturadores de la Brigada Político Social, era de Aldea del Cano y todavía no ha pisado una cárcel por todas las perrerías que hizo. Dejar impunes a este tipo de gente debe de formar parte de nuestra cultura.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 23 de septiembre de 2013.

14 agosto, 2008

14 de agosto

Tengo la mala costumbre de mirar en el calendario el día en el que vivo. Me sirve para ejercitar la memoria, intentar acordarme de quiénes cumplen años ese día o recordar algo que ocurriera en tal fecha. Cuando llega el 14 de agosto, no se puede evitar sentir un escalofrío por el día más triste de la historia de la ciudad en la que uno vive. Tanta ley de la Memoria Histórica para nada, para que nadie haya pedido perdón, para que sigamos sin saber dónde están los cuerpos de todos los asesinados, quiénes fueron los asesinos, qué hicieron después, cómo se lucraron, qué relevancia y gloria social gozaron durante décadas a costa de las lágrimas ahogadas de miles de personas que creyeron más en la libertad que en el fascismo. ¿Cuándo se abrirán los archivos para conocer a quienes, hasta bien entrados los años 70, eran confidentes de la Brigada Político Social? Como he dicho muchas veces, el fascismo no venció en una guerra de tres años sino que se instauró en las conciencias durante 39 años (y un poco más) de dictadura mental, social, educativa, política,...

Esa fue su verdadera victoria, la que todavía disfrutan.

No lo olvidemos.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...