23 septiembre, 2013

Todo (no) es cultura



Una de las acepciones de la palabra culturala definen como el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y otra, a renglón seguido, se refiere a la misma como la vida, costumbres y grado de desarrollo artístico-científico en una época, lugar o grupo social. En ocasiones llamamos cultura a ritos ancestrales que por su crueldad son cualquier cosa menos producto de una reflexión juiciosa y crítica, así que parece que entre las dos versiones hay una contradicción difícil de resolver. Luego te encuentras a gente capaz de justificar barbaridades por el mero hecho de ser una tradición arraigada, por no hablar de los que te dicen que si no eres del pueblo, no puedes llegar a entender la “magia” de cachondearse de un animal y hartar de reírse mientras lo matan.

¿Qué quieren que les diga? A mí me parece que no es necesario haber nacido en Tordesillas ni en Lekeitio, para concluir que lo que hacen allí con el toro o con el ganso es cualquier cosa menos cultura. Nunca he entendido a los que disfrutan viendo sufrir a otro y no me sirve que lo engalanen con historia, antigüedad y demás fervores: la cultura no puede acoger en su seno ninguna acción o expresión que provoque rechazo y repugnancia de forma generalizada. La tortura es tortura y no se es un asunto con el que jugar a hacer rimas.


Y hablando de tortura: me entero de que Billy el Niño, el más cruel de la torturadores de la Brigada Político Social, era de Aldea del Cano y todavía no ha pisado una cárcel por todas las perrerías que hizo. Dejar impunes a este tipo de gente debe de formar parte de nuestra cultura.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 23 de septiembre de 2013.

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