Mostrando entradas con la etiqueta Espanha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espanha. Mostrar todas las entradas

26 julio, 2010

Comprender al vecino

No leo con detenimiento las noticias que hacen referencia a las OPAS y demás parafernalias del mundo bursátil y financiero, pero desde hace unas semanas hay una polémica en el país vecino por la intención de Telefónica de hacerse con una empresa de telefonía brasileña que estaba en manos de Portugal Telecom. Algo así, no me hagan mucho caso. Lo que más me ha llamado la atención del asunto es que hayan salido a la luz los faxes que se intercambiaban los más altos dirigentes de estas dos empresas. Sí, los faxes; empresas punteras en telecomunicaciones y siguen usando esa herramienta que creíamos obsoleta. Lo curioso es que estaban escritos en inglés, lengua que se ha convertido en universal en el mundo de los negocios. De nada sirve a españoles y portugueses tener dos lenguas similares, con un altísimo porcentaje de palabras transparentes. Para hablar entre Madrid y Lisboa hay que usar el código de la Gran Bretaña y, como tengo la seguridad de que hasta el conserje de Portugal Telecom es capaz de leer e interpretar un fax escrito en español, es fácil deducir que el recurso a la lengua de Shakespeare viene motivado por la incapacidad de los directivos españoles de entender una palabra escrita en la lengua de Camões. No sacaré conclusiones y tampoco sé si surgirán muchas del encuentro que hoy comienza en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander sobre las relaciones entre España y Portugal. Pero si para comprender al vecino, con el que compartimos 1200 km. de contacto directo desde hace siglos, hay que recurrir al vecino de arriba, es que algo no va correctamente. ¿Qué será?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 26 de julio de 2010.

19 junio, 2010

José Saramago



El 8 de octubre de de 1998 leí en el teletexto la noticia de la concesión del premio Nobel de literatura a José Saramago, y minutos después recibí la llamada de mi madre, que quería felicitarme y darme la noticia. Le di las gracias y comencé a hablar con una alegría e ilusión desbordante, hasta que me di cuenta de lo ridículo de la situación, puesto que el premiado no era yo, que jamás he escrito nada medio decente. Entonces comprendí que cuando premian a un escritor, los lectores asiduos recibimos también un pequeño galardón. Mientras veía las imágenes de José Saramago en el aeropuerto de Frankfurt, recordé aquella tarde del viernes 28 de mayo de 1993, cuando me firmaba un ejemplar de Historia del cerco de Lisboa en la Avenida de Huelva de la capital pacense, apretaba mi mano y era interrumpido por Pilar del Río, que le daba la triste noticia del infarto de Julio Anguita. Desde entonces he ido leyendo sus libros y mentiría si dijera que todos me han gustado y apasionado. Como nos pasa a quienes tenemos debilidad por los postres, algunos nos parecen deliciosos y otros, sin negar su calidad, los encontramos demasiado dulces o de difícil digestión.

Para hablar sobre su vida, obra y milagros habrá voces acreditadas y a buen seguro que más de uno glosa su compromiso social y político por un mundo más justo.  Si en un asunto Saramago ha sido capaz de levantar polémicas es en torno a una especie de iberismo del tercer milenio que cada verano aparecía como una serpiente con la que rellenar los huecos de los periódicos. En más de una ocasión escribí sobre el asunto , preocupado por uno de los puntos de esa fusión ibérica que a Saramago parecía no inquietarle demasiado y que considero un escollo difícil de solucionar: una República Federal Ibérica podría suponer la desaparición en Europa de la cultura lusófona, porque no me imagino a un funcionario en Madrid hablando en portugués a un ciudadano, sino que el nuevo estado de las Españas (apelo al sentido originario del término) se fundamentarían en que cada uno en su casa puede hablar lo que quiera pero la lengua única, común, valiosa y verdadera sería el español, idioma que, para que no haya dudas, es mi lengua materna y la admiro e intento cuidar tanto o más que los que quisieran que desaparecieran las restantes lenguas peninsulares.
A pesar de que no me hayan llenado alguno de sus libros, aunque haya discrepado en algún posicionamiento político y me parezcan matizables algunos puntos de su estrategia iberista, Saramago va a ser uno de los más importantes intelectuales del siglo XX e inicios del XXI. Su capacidad para ver en los problemas de hoy la existencia de enfermedades mal curadas del pasado, es ya una escuela de analizar la realidad. Sus novelas nos han cambiado a muchos la manera de percibir muchos actos cotidianos de la vida: cada vez que entro en un centro comercial me acuerdo de A Caverna, cada vez que corrijo un texto me viene a la mente la História do Cerco de Lisboa, cada vez que a alguien no le arranca el coche en un semáforo pienso en Ensaio sobre a Cegueira, y siempre que me entero de una decisión estúpida y megalómana de un político recuerdo A Viagem do Elefante.

Cuando un escritor se muere, se va también algo de nosotros. A algunos nos queda el consuelo de poder releer su obra e imaginar qué habría dicho José ante cada una de las injusticias que se cometen en el mundo. Como dijo Ángel Campos Pámpano, Mientras pueda pensarte no habrá olvido.

03 agosto, 2009

No sabe / No contesta

La semana pasada se publicaba el barómetro de opinión hispano-luso y mis amigos de Facebook me animaban a que hiciera algún comentario al respecto. Les dije que no tenía preparados los papeles para el exilio en Elvas y que preferiría callarme muchas de mis reflexiones sobre el culebrón veraniego de la unidad peninsular. Haciendo gala de mi déficit de atención, que es como llaman los modernos a los distraídos de toda la vida, me fijé en lo que más me gusta de todas las encuestas, ese mítico apartado que reúne a los que no saben con los que no contestan. Siempre me ha preocupado que los sociólogos los metieran en el mismo saco. Cuando me llaman a las 4 de la tarde para preguntarme si admiro a José Tomás, yo siempre me quedo callado y no por desconocer al torero (o al sastre), sino por evitar blasfemias de altos decibelios a la hora de la siesta. Lo más curioso de la encuesta no es que casi la mitad de los portugueses quieran unirse al resto de España y la otra mitad quieran ser independientes, sino la notable ignorancia de los españoles hacia Portugal. Tampoco hacía falta una encuesta para ello y bastaba simplemente con observar el tratamiento informativo que los medios nacionales hacen respecto a lo que ocurre en el país vecino. Pero que el 54% de los portugueses sepa que Zapatero preside nuestro gobierno, y que sólo un 1.2% de los españoles sepa quién es José Sócrates, no puede deberse únicamente a esa asimetría informativa de la que tanto se ha escrito y quizá merecería una visita colectiva al especialista. Ahora tendríamos que preguntarnos a qué se debe todo esto: yo lo sé, pero prefiero no contestar.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 3 de agosto de 2009.

24 noviembre, 2008

El vecino olvidado



El periodista Ramón Font, que en su día fue corresponsal de TVE en Lisboa, nos ilustraba hace unas semanas sobre el desconocimiento que en España existía hacia los vecinos portugueses. Decía que sería muy fácil que cualquier diputado luso conociera el nombre del líder de la oposición en España, del alcalde de Madrid y citar tres periódicos de la capital. Hacer  preguntas semejantes a diputados españoles podría producir un resultado desolador, no tanto por la ignorancia como por la falta de vergüenza en reconocer ese desconocimiento. Buscar noticias de Portugal en la prensa nacional española es una labor que pronto podría encomendarse a la policía científica: si no llega a ser por la desgraciada desaparición de una niña inglesa y la detención de un atracador en Figueira da Foz, los corresponsales españoles en el país vecino podrían haber empezado a engrosar las listas del paro mucho antes de que llegara la crisis. La semana pasada supimos -gracias a la prensa portuguesa, obviamente- que TVE ha mandado a la corresponsal en Lisboa a Roma y que no prevé sustitución. Desde que llegara Diego Carcedo, hace más de 30 años, por aquella corresponsalía pasaron nombres ilustres del periodismo como José Antonio Gurriarán, Agustín Remesal, Valentín Díaz, Daniel Peral o el citado Font. Muy de tarde en tarde nos contaban algo de nuestros vecinos, pero ahora parece que tiene preferencia cualquier cosa que pase más allá de los Alpes antes que lo que le pueda ocurrir a quienes comparten 1292 kilómetros de frontera con nosotros. Así que volveremos a estar sin corresponsal en Lisboa, como en tiempos de Salazar

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 24 de noviembre de 2008.

27 agosto, 2007

Saramago

Me admira la capacidad de José Saramago para hacer correr ríos de tinta y zarandear un poco la materia gris del personal. Sus presagios sobre la dilución de Portugal como una autonomía junto al resto de naciones y regiones peninsulares han levantado ampollas en el país vecino y han pasado casi inadvertidos por aquí. Puestos a hacer geopolítica ficción sobre la reintegración de Portugal al redil español, deberíamos despejar algunas dudas de esta provocación veraniega. La primera es si los portugueses deberían dejar de hablar su lengua, si seríamos los españoles los que empezaríamos a aprender portugués o si se establecerían comunidades lingüísticas diferenciadas, como en Bélgica o Suiza. Los precedentes apuntan a que el castellano intentaría ser la lengua oficial en todo el territorio y se impediría que los portugueses se pasaran de la raya en el amplio sentido del término. Tal vez algunos españoles se enfadarían muchísimo cuando vieran a los políticos nacionalistas lusos expresarse en su idioma y les gritarían para que hablaran en cristiano. Imagínense las protestas de quienes viajaran a Lisboa y volvieran indignados porque los habitantes de allí se expresaban en su dialecto y no en la lengua común. Así que, querido José, aunque sólo sea como forma de proteger la maravillosa lengua en la que escribes, lo mejor será dejar las cosas como están, porque esto de la pluralidad cultural no tiene todavía muchos adeptos y sí que hay muchos que creen que su lengua, su cultura y su manera de vivir es la mejor del mundo mundial. Además, para llevarse bien con el vecino y apreciar su cultura no es necesario absorberlo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 27 de agosto de 2007.


Foto: Luzes e sombras da restauração (Lisboa, 23 de agosto de 2007)

26 agosto, 2007

Publicar um livro não é sinónimo de saber escrever

Duas colegas tinham falado do livro e a ideia parecia interessante. Sou daqueles que pensam que a forma de tratamento que maioria dos espanhóis têm em Portugal ou com os portugueses deveria melhorar. É por isso que na minha livraria da Rua Garret comprei e li. E posso dizer que um assunto que dá para escrever un livro, aquele das relações e diferenças entre portugueses e o resto* de espanhóis, pode chegar a ser um monte de estereôtipos e pouca coisa mais. Há coisas que toda a gente sabe: que os espanhóis falam alto, que não sabem línguas, etc. Mas repetir cuatro coisas e aumentá-las com mais quatro tolices...é... uma pena de 15 €. por favor, se alguém quer ler, eu empresto o livro. Não permitam que Marco Horácio engane mais ninguém.
*Como na Crónica Geral de Espanha, eu ainda penso que Espanha é sinónimo de Península Ibérica, território que hoje é formado por um Estado de grande tamanho (que fiou com o nome) e outro Estado mais pequeno (Portugal) [Aquilo de Andorra não sei se pode ser tido en conta como Estado]

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...