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08 diciembre, 2008

Localismos


Las nuevas tecnologías nos permiten que cada noticia publicada en la versión digital de un periódico pueda recibir, casi al instante, el comentario de seres anónimos que vuelcan sus reflexiones. A los que no nos ata una vinculación de toda la vida con la ciudad de Extremadura en la que vivimos, nos llama poderosamente la atención la virulencia que en esos comentarios alcanzan los exabruptos localistas. Ya se puede hablar de infraestructuras, de cultura o de atención sanitaria, que siempre hay personajes dispuestos a jurar y perjurar que su ciudad es víctima de la discriminación histórica e insidiosa de la capital autonómica, de las otras capitales, de la cabeza de comarca o de la aldea más perdida. Además, sobre el mismo asunto pueden salir centenares de comentaristas de otra ciudad acusando de lo mismo a las restantes. Se trata de palabras en las que se destila más rencor que materia gris y donde el insulto soez se deja caer a las primeras de cambio. Yo creo que esto se curaba obligándoles a vivir un tiempo en la otra localidad, para que se dieran cuenta de que todo es más relativo de lo que parece. La cuestión es que este tipo de pensamiento localista no sería peligroso si no fuera porque, de vez en cuando, hay políticos que saltan al ruedo enarbolando esa idea. En ocasiones pueden lograr éxitos en ámbitos municipales, pero empieza a preocupar que haya quienes estén dispuestos a hacer del localismo una forma de actuar en niveles más amplios. Quizá a las primeras de cambio consigan el aplauso de esos comentaristas furibundos, pero me parece que ese camino, afortunadamente, no llegará muy lejos.

01 diciembre, 2008

La débil frontera entre la unanimidad y el vacío

Pensar no es fácil. Pensar algo en contra de la corriente mayoritaria es una manera de complicarse la vida, pero en ocasiones es la única manera de tener una vida digna, complicada pero digna. No sé las razones de escribir esto a esta hora. O quizá sí lo sé. Este fin de semana escuché varias veces que cuando se lucha se puede ganar o perder, pero que cuando no se lucha, se pierde siempre. 

Los congresos a la búlgara, las adulaciones colectivas al poder -sea cual sea- y las unanimidades (ficticias o con una realidad compuesta de componendas y conjunción de intereses) son la negación del pensamiento crítico.

Así que acabo de decidir que no juego más: no quiero jugar y no me importa salir de la partida. Me resigno a no llevarme el gustazo de una pequeña victoria, pero uno no está dispuesto a hacer como que comparte pensamientos con quien roza la indignidad. ¡Qué duro este oficio de intentar ser coherente con uno mismo!

No sé si hará falta que diga que la viñeta, maravillosa para la ocasión, es del genial Forges.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...