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18 mayo, 2022

Exilio entre comillas

Un sábado por la tarde de hace muchos años, justo después de los dibujos animados japoneses, emitieron una película basada en el robo al tren de Glasgow en 1963. Mi padre me contó que los hechos eran reales y que habían detenido a los ladrones. Uno de ellos, Ronald Biggs, consiguió fugarse de la cárcel, recoger los 33 millones de libras esterlinas que había escondido y se fue huyendo por el mundo hasta refugiarse en Brasil, país que no tenía acuerdo de extradición con el Reino Unido.

A Brasil no solo huían cerebros de grandes robos sino también personajes de sainete que la gente más joven no recordará, salvo que se sepan todas las canciones de Sabina.  En 1989 un conductor de furgoneta blindada llamado Dioni se llevó 298 millones de pesetas y puso rumbo a Río de Janeiro, quizá inspirado en la aventura de Biggs. Tanto el uno como el otro, de manera distinta, acabaron regresando a los países donde habían cometido sus delitos y pagaron algún tiempo de cárcel por ellos.

Ayer me acordé de Biggs y de Dioni tras leer en la portada de este periódico la palabra ‘exilio’ entrecomillada. Agradecí esos dos pequeños trazos de tinta, porque la noticia no me parecía que hiciera referencia al exilio propiamente dicho, a esa situación de sufrimiento de las personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por causas políticas, sociales o religiosas:  Einstein se exilió en Estados Unidos huyendo del nazismo, Trotski en Méjico intentando esquivar -sin éxito- al estalinismo, y cientos de escritores e intelectuales españoles tuvieron que abandonar su tierra en 1939. Clara Campoamor moriría en Suiza, Victoria Kent y Rosa Chacel no pudieron regresar a España hasta los años 70, Machado sigue en Colliure y en Méjico se quedaron Cernuda, León Felipe o el extremeño Díez Canedo.

Parece que este fin de semana vuelve a Galicia el anterior jefe del Estado, del que algunos medios han dicho que se encontraba en el exilio, sin comillas. ¿Es que todo el que abandona su país se está exiliando? A los que salen con la cartera llena y cuentas corrientes en paraísos fiscales, no deberíamos llamarles así y utilizar palabras precisas y adecuadas. Más que nada por respeto a todas esas personas que sí se ven obligadas a escapar a toda prisa y muy ligeras de equipaje.

Además, ¿de qué exilio estamos hablando si el ex rey no puede ser perseguido ni policial, ni fiscal, ni judicialmente? ¿Dónde se ha visto un exiliado que se haya ido sin tener que huir, que haya estado viviendo entre lujos y que pueda regresar sin dar cuenta a nadie de la procedencia de sus riquezas ni de sus contribuciones al erario público?  Mantengamos pues las comillas a ese ‘exilio’ o busquemos mejor otro término. ¿O acaso consideran que Biggs o el Dioni eran exiliados? No diré nada más.

Publicado en el diario HOY el 18 de mayo de 2022




30 julio, 2014

Ser valiente

Una de mis canciones preferidas de Joaquín Sabina es esa en la que desgrana un sinfín de deseos: que no te compren por menos de nada, que gane el quiero la guerra del puedo, que las verdades no tengan complejos, etc. Aunque no lleguen a estar de acuerdo con todos los versos, les aseguro que escucharla de vez en cuando es un sano ejercicio para tomar aire y afrontar con optimismo la vida. Hoy, que empiezo a publicar en el periódico al que mi padre se suscribió cuando llegó a Extremadura, no puedo dejar de recordar unos consejos que me dio con su ejemplo, porque no era de los que sentaba a sermonear de palabra: trata de ser lo más libre que puedas y no te conviertas en esclavo de nada ni de nadie. No es tarea fácil: intentar profundizar en la actualidad o en la realidad – que no siempre coinciden – puede traer no pocos problemas, incluso si ya has señalado en el frontispicio que esto de opinar es una ciencia incierta.




Si hay una cosa que me gusta de la prensa portuguesa es que muchos periódicos los leen personas de espectros ideológicos diametralmente opuestos, algo que en España casi ha desaparecido. Y la fórmula es bien simple: información veraz, contrastada y lo más aséptica posible, acompañada de análisis de todos los colores del arco iris, incluso muy contrarios a la línea editorial. Pero lo fundamental, por encima de todo, es que los medios nos cuenten lo que ocurre, que nos den todos los datos y que aprendamos a sacar nuestras propias conclusiones, que para eso se supone que somos lectores adultos. También es necesario que las verdades se cuenten sin mirar a quién benefician o perjudican, con criterios sólidos y que sirvan para todos los casos, porque esa es la única manera de acabar siendo creíble.

En Extremadura ha habido muy malas costumbres a la hora de encajar el ejercicio de la prensa libre. Incluso hay quien cuenta que hubo momentos en los que se amenazaba o premiaba con publicidad institucional en función de la docilidad. Ahora que se vive una etapa de transformaciones en los medios de comunicación, se vislumbran encrucijadas en las que habrá que optar por hacer seguidismo de todo lo que se fabrica en mil gabinetes, o por aventurarse a la hazaña de actuar en beneficio de una sociedad que necesita estar informada sin más artificios que la verdad.

Y es entonces cuando vuelve uno a recordar otros versos de la canción de Sabina: que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. En la tesitura de ser héroes hasta el final, cueste lo que cueste, o acomodarse de manera indigna al sol que más calienta, imagino que debe de haber algún término medio, una especie de estado de equilibrio en el que se pueda contar lo que pasa y decir lo que se piensa, sin que haya que arrepentirse de ello.

Publicado en el diario HOY el 30 de julio de 2014.


Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...