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08 enero, 2020

Más difícil todavía


Equilibrista, Dibujo, Mano, Mujer, Balance, Miedo 

Las elecciones son el producto de conjugar el verbo elegir y la vida está llena ellas: nos escogen el nombre, el orden de los apellidos, el color de la ropa, el colegio al que vamos o la religión que profesamos. No siempre podemos optar por aquello que nos gustaría sino por lo que está a nuestro alcance: muchos no han podido irse a vivir a la casa de sus sueños, otros no han podido estudiar su carrera vocacional y algunos tienen ya preseleccionado el menú de cada día, porque el único criterio usado a la hora de hacer la compra es que coincida con lo más barato que haya en el supermercado.

La democracia nos ha permitido votar libremente a quienes nos gobiernen y hemos tenido que hacerlo cuatro veces entre diciembre de 2015 y noviembre de 2019, aunque nos podíamos haber ahorrado la última porque el resultado no modificó casi nada. Ayer fue investido Pedro Sánchez y tiene por delante un desafío complicado y sin precedentes en este periodo democrático: nunca nadie lo logró con tan exigua diferencia y es previsible que la legislatura esté llena de obstáculos que nos impedirán llegar a 2024 con los mismos ministros.

Nada habrían resuelto unas nuevas elecciones porque las dos últimas fotografías nos indican claramente que este país está partido por la mitad. Tendremos que aprender a manejarnos con este escenario, en el que las matemáticas electorales han decantado el fiel de la balanza hacia la izquierda y por muy poco. Lo difícil empieza a partir de mañana, porque el espectáculo de agresividad y mala educación vivido en el Congreso anuncia que no va a haber ni 100 días de tregua. La legislatura de 2004-2008, aquella que empezó con el ocultamiento de los autores de los atentados del 11M,  nos parecerá tranquila comparada con esta.

Ser equilibrista es siempre muy complicado. Y, ¡más difícil todavía!, caminar sobre el más estrecho de los alambres y con medio hemiciclo jugando al pim-pam-pum, es un presagio de caídas y frustraciones. Si este gobierno fuera capaz de revertir las desigualdades que hay en este país, que no dependen tanto de la región en la que vives como del barrio en el que tienes tu casa, quizá conseguiría alejarse de un abismo tenebroso que tiene apellidos lejanos (Trump, Boris Johnson, Bolsonaro, Orban, etc.) y que empieza a tener identificados los nombres de los que ya están por aquí.

A quienes se sienten en el consejo de ministros solo cabe aconsejarles cosas de sentido común, como aquellas que Don Quijote enumeró a Sancho antes de partir hacia su ínsula como gobernador: que cumplan sus compromisos, que no gobiernen contra nadie y que se rodeen de gente sabia y con sentido crítico, porque los aduladores nunca sirven para hacer ver los errores. Pero, sobre todo,  que no se olviden jamás de ponerse en la piel del otro ante cualquier decisión y que, en caso de duda, se decanten por los más indefensos o los más débiles.  

Publicado en HOY el 8 de enero de 2020

13 noviembre, 2019

Alforjas y viajes


Antes de comentar nada sobre las elecciones del domingo, se me ocurrió releer lo que había publicado tras las del pasado 28 de abril. Entonces describí una jornada en un colegio electoral y unos resultados en los que había trasiego de votos dentro de los dos partidos de izquierda y muchos más entre los de derecha, pero sin grandes desequilibrios en el cómputo global de los dos grandes ejes. 

Desde ayer a mediodía no hago más que escuchar diversas versiones de un conocido proverbio protagonizado por viajes y alforjas. Parece ser que todo apunta a que el final del proceso de formación de gobierno, aquel que se inició en pleno verano con vetos personales, petición de ministerios y miedos nocturnos, podría acabar sin impedimentos ad hominem, sin reparos en el reparto de carteras y durmiendo a pierna suelta todas las noches.

No sabemos cómo acabará todo esto, así que conviene no alegrarnos de desbloqueos. La cuestión es que si todo esto se hubiera hablado el 23 de julio en un receso, nos habríamos ahorrado cuatro meses de gobierno en funciones y un centenar de millones de euros, que es lo que acaba costando un nuevo proceso electoral que ha dado diferente distribución de colorines pero casi idénticas posibilidades de gobierno que las que existían antes del verano.

Elucubrar por qué ha ocurrido todo esto es una tarea para quienes gustan de intrigas palaciegas. Es probable que alguien le aconsejara a Pedro Sánchez para forzar una repetición de elecciones, con la esperanza de llevarse todo el mercado de la izquierda y dejando a Unidas Podemos con los mismos escaños que la IU de los tiempos de Anguita. Pero el resultado no ha sido el esperado por los estrategas de Moncloa, porque el trasvase de votos de la derecha le ha dejado sin la muleta más centrada, la de Ciudadanos, y ha propiciado que la ultraderecha duplicase sus votos con un discurso ultranacionalista y con tintes de machismo, homofobia, misoginia, y buenas dosis de xenofobia.

No sabemos si el preacuerdo, los abrazos y las firmas de ayer acabarán en una foto plural en las escaleras del Palacio de la Moncloa. Sería extraño que tres meses de enormes dificultades y desencuentros se disolvieran en veinticuatro horas y no re aparecieran antes de la sesión de investidura de diciembre. O quizá la clave de este cambio se deba a que no hay nada como ver las orejas al lobo para que se le quiten a uno los remilgos y las tonterías. La vergüenza de tener que desdecirse del discurso que forzó la repetición electoral es mucho menor que el miedo a un nuevo bloqueo que acabara con los primos de Le Pen, Trump y Orban dictando leyes para salvaguardar la cultura torera, eliminar algunos derechos conseguidos y muchas de las libertades logradas en las últimas décadas.

No, para este viaje no hacían falta alforjas. Pero no busquen culpables y solucionen los problemas de la gente más débil y más necesitada, que para eso hemos votado.

Publicado en HOY el 13 de noviembre de 2019


 
 
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04 septiembre, 2019

Jugando con los tiempos


Erich Scheurmann publicó a principios del siglo XX las supuestas explicaciones que el jefe de una tribu de Samoa dio a sus conciudadanos tras un viaje por Europa, de donde regresó aterrado por la presencia de un dios inventado que nos cambiaba la manera de ver las cosas y que se llamaba tiempo. Los papalagi, nombre que da a nuestros antepasados europeos, habíamos dividido el espacio entre la salida y el ocaso del sol, habíamos inventado aparatos para medirlo, los llevábamos en la muñeca o en el bolsillo, y estábamos obsesionados con la falta de tiempo.



Los escritos de Scheurmann son una delicia llena de humor que te hace reflexionar, especialmente en una semana en la que casi todo el mundo reabre sus agendas y empieza a poner plazos y fechas límite a casi todo, donde la amenaza de timbres o  campanas son una espada de Damocles sobre nuestras cabezas.



Quien anda con mucho apresuramiento, siempre tiene las de perder. Es una de esas frases que nos aconsejan las maestras de la paciencia, las que saben que en la cocina, en el arte, en la literatura o en lo más cotidiano las cosas se rigen por aquello del vísteme despacio que tengo prisa.



Cualquiera que haya vivido un proceso de negociaciones y acuerdos, sabe que jugar con los tiempos es la mejor de las bazas, que dilatar los procesos puede exasperar a quien está enfrente cuando no hay fechas límite. En cambio, cuando hay un día marcado en el calendario en el que se abre otro escenario, quien no aprovecha cada segundo de tiempo es porque ya está pensando en ese otro escenario.



Algo así parece estar ocurriendo con la formación de un nuevo gobierno, para el que quedan menos de 20 días. Se tardó en comenzar a hablar, se vetó al líder del posible socio, éste se quitó de en medio para que no pareciera un escollo y, finalmente, estamos asistiendo a una puesta en escena para que en la campaña del 10 de noviembre se pueda culpar al otro de no haber llegado a ningún acuerdo.



Si las elecciones se repiten, se habrá demostrado que no hemos aprendido nada. Habremos perdido mucho tiempo porque volveremos al 15 de febrero, al día que se convocaron las elecciones del pasado 28 de abril. Y todo por ser incapaces de cumplir con la Constitución y con el sentido común, por no saber imitar la manera de resolver estos enredos en otros países del entorno y desde hace décadas.



Cantaba Manolo García que nunca el tiempo es perdido, pero creo que no se aplica a este caso. De lo que apenas oigo hablar es del dinero perdido, de lo que nos costará repetir innecesariamente unos comicios cuya cifra total, no solo la que sale de los Presupuestos Generales del Estado, no se atreven a calcularla para que no nos escandalicemos. Ya han jugado con los tiempos (unos más que otros) y sería bueno que no jugaran más con nuestro dinero.

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14 junio, 2017

Censurable

Casi todos los sistemas democráticos se han dotado de mecanismos para controlar, auditar e incluso reprobar a sus gobernantes. Hay algunos países bien cercanos, como Portugal, donde las mociones de censuras son bastante frecuentes y no hay ni que presentar candidato alternativo: con 116 diputados se puede obligar a dimitir al primer ministro.

En los últimos días nos han recordado las mociones que presentaron Felipe González y Hernández Mancha, y ya sabrán ustedes que perderlas puede ser la antesala del triunfo o el principio de la caída en picado. A muchos ya se les habrá olvidado que en Extremadura tuvimos también una moción de censura hace apenas tres años, en medio del debate sobre el estado de la región, e hizo surgir declaraciones subidas de tono: que si la intención oculta era otra, que si el daño que se estaba haciendo a la región, que si no nos habían avisado antes y mil excusas más. En aquellos días creo haber escrito que todo era tan simple como escuchar al candidato, valorar si eran ciertas las razones por las que se censuraba al gobernante y, sobre todo, calibrar si la alternativa merecía ser respaldada por aportar soluciones creíbles a cada problema planteado.

Mientras escribía estas líneas todavía no había terminado la sesión matinal en el Congreso de los Diputados y eran ya cerca de las cinco de la tarde cuando Ana Pastor decretaba un receso para juntar almuerzo, merienda y cena en una sola comida. Un rápido repaso por la prensa digital para hacerse una idea de lo ocurrido durante las primeras horas del debate acababa resultando un tanto decepcionante, porque casi se podía adivinar antes de abrir cada página web las palabras de cada crónica en función del sesgo de cada medio de comunicación: en esto hemos avanzado poco y todo es demasiado previsible.

Sí que sabemos que la moción presentada por Pablo Iglesias no prosperará y habrá quien opine que, si bien podía estar muy cargada de razones, debería haber esperado una ocasión más propicia y con más consenso entre las bancadas de la oposición. En cambio, hay quienes creen que la situación está llegando a un límite de salud democrática. Esta misma semana hemos conocido que la amnistía fiscal de Montoro es totalmente inconstitucional y un auténtico insulto a las personas que cumplen con su deber de pagar impuestos. Ayer, en el parlamento, Irene Montero tardó más de dos minutos en citar las decenas de casos de corrupción en los que han estado implicados políticos del Partido Popular, con varios presidentes regionales encarcelados y con todos los tesoreros imputados desde que lo fundara Manuel Fraga. La semana anterior dimitía el fiscal anticorrupción sobre el que hablaban maravillas los corruptos que están en prisión. No ha habido en la Europa occidental un partido más corrupto desde que se desmoronara la Democracia Cristiana italiana de Andreotti y tangentopoli. A pesar de todo esto, hay una mayoría de diputados que creen que Rajoy no ha cometido nada censurable. En fin.

Publicado en el diario HOY el 14 de junio de 2017

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24 agosto, 2016

Ceder o no ceder


Quienes viven en un isla desierta tienen la suerte de no tener que dar explicaciones a nadie y de hacer lo que les viene en gana en todo momento. Son las ventajas de estar al margen de lo que llamamos sociedades humanas. Sin contar a Robinson Crusoe y a los ermitaños que por ahí queden, el resto de los mortales nos hemos ido acostumbrando a compartir espacios con otros seres y a establecer hasta dónde podemos hacer todo lo que queremos y en qué momento tenemos que ceder ante los demás en algunas de nuestras pretensiones.

En cualquier proceso de negociación existe la tendencia natural a no ceder en casi nada y a intentar que sea el otro el que acabe pasando por el aro. Normalmente hay alguno que puede mantenerse en una posición de fuerza, en una postura más inflexible, especialmente cuando sabe que domina el proceso y que no tiene mucho que perder si las cosas acaban por no fructificar. De las conversaciones que ha habido desde el 20 de diciembre del pasado año para formar gobierno hemos aprendido unas cuantas enseñanzas. La primera de ellas es que, contrariamente a lo que luego nos dicen, los implicados no tienen ninguna prisa y dejan pasar los días y las semanas como si tal cosa: casi dos meses tardó  Sánchez en leer su discurso de investidura desde que se constituyó el Congreso, y pasado mañana se cumplirán dos meses desde las últimas generales.  Como uno no quiere pensar que entre nuestros posibles gobernantes hay vagos y perezosos (aunque es posible), imagino que todos han querido jugar con el factor tiempo a su favor, sabedores de que las prisas y los plazos apretados pueden ser un buen arma para debilitar al que se tiene enfrente.

Pero si hay algo que llame la atención de una manera especial en ambos procesos ha sido el intento de culpabilizar a un tercero, que ni está en la mesa ni va a ser invitado a participar en las negociaciones, del fracaso de las mismas. Ya ocurrió cuando Sánchez y Rivera llegaron a un acuerdo y los socialistas exigieron a Pablo Iglesias que se abstuviera ciegamente. Ahora es precisamente Sánchez el que está sufriendo en sus carnes la misma estratagema y quieren colgarle el sambenito de ser el responsable de unas terceras elecciones generales.


Ahora mismo el más interesado en unas terceras elecciones quizá sea el PP, que tiene una engrasada maquinaria mediática para culpabilizar a otros de la repetición de comicios. Por si fuera poco, está jugando incluso con una posible fecha - la del 25 de diciembre - que el propio PP ha provocando dilatando los plazos al máximo. Rajoy debiera ser consciente de no tiene mayoría para gobernar y de que tendrá que conseguirla cediendo en sus posturas maximalistas, pero su trayectoria política sabemos que es un ejemplo de terquedad, inmovilismo y no ceder ante nadie. En junio le salió bien pero el dontancredismo, a veces, sale mal.

Publicado en el diario HOY el 24 de agosto de 2016.




02 junio, 2014

Interpretaciones


Hubo un tiempo en que cualquier noche electoral era una especie de cábala para interpretar cifras. Siempre había un dato posible con el que sacar pecho, ya fuera porque se había descendido menos con respecto a comicios anteriores, o bien porque la abstención relativizaba cualquier fracaso evidente. No es algo exclusivo de las noches electorales, que también he escuchado justificar que el paro ha subido bajo un gobierno, pero subió más porcentualmente cuando estaba el otro, como si eso fuera a resolver el hambre de la gente. Si estuvieran en la escuela la profesora les mandaría callar y les pediría que no dieran más excusas de mal estudiante, pero como son padres de la patria pues tenemos que escucharles de nuevo su discurso cansino.

Ha pasado una semana de las elecciones europeas y todavía estamos leyendo interpretaciones, unas simplistas y otras demasiado complicadas. Y quizá un término medio nos lleve a la conclusión más certera, porque ni todo se explica por la alta abstención, ni tampoco se puede afirmar que se ha producido ya un cambio histórico. Sí que se apunta un creciente hartazgo hacia lo de siempre y la aparición de nuevas formas de actuar en política. En los próximos años veremos si lo del 25 de mayo fue flor de un día o simple humo. De momento algo empieza a moverse: hay partidos que han perdido y necesitan saber qué quieren, otros que no han ganado tanto como pensaban y se plantean algún cambio, y luego están los que creen que no ha pasado nada. Pero escuchando las arremetidas de los últimos días contra Pablo Iglesias, nos cabe la duda de que esto pudiera ser más transcendente de lo que parece.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de junio de 2014.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...