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17 mayo, 2017

Primarias

Una de las páginas que más visito es la del diccionario Real Academia Española dela Lengua. No es que me esté preparando para un concurso televisivo de definiciones ni nada por el estilo, sino que me he acostumbrado a buscar segundos y terceros significados de algunos vocablos que me toca escribir. A veces siento la curiosidad por ver cómo habrán resuelto los académicos la definición de algo complicado. Cuenta García Márquez que la primera vez que buscó el adjetivo ‘amarillo‘ se quedó perplejo con lo que ponía: del color del limón, porque la academia dirigida por Menéndez Pidal había pensado que todos los limones del mundo eran amarillos y no había reparado en que los limones del Caribe eran bastante verdes.

En una de esas búsquedas he visto que al adjetivo ‘primario’ nos los equiparan con algo ‘primitivo’ y ‘rudimentario’, pero la Academia ya está en todo y nos ha abierto una entrada específica para elecciones primarias, como las que el domingo próximo celebrará el PSOE. Cuesta creer que todavía haya gente que considere que la democracia interna de los partidos, que es mandato constitucional, se desarrolla mejor mediante esa especie de sufragio censitario en el que acababan convirtiéndose muchos procesos congresuales, donde los aparatos tienen siempre las de ganar en el 98% de los casos, que mediante  la voz directa de las personas afiliadas mediante sufragio universal.  Pero me temo que estos procesos son ya imparables y que incluso los partidos más conservadores acabarán desterrando aquella práctica medieval de nombrar sucesores como si de una monarquía se tratara.

Por lo que hemos visto anteayer, la socialdemocracia española debate más sobre su relación con antagonistas externos que sobre la definición de sus propias ideas para ofrecer un proyecto al electorado. No estamos ante una novedad en Europa, puesto que ya estamos viendo diferentes ejemplos en los últimos años y en las últimas semanas: lo que se dilucida el domingo es si el partido que fundara Pablo Iglesias en 1879 decide jugar por su banda natural o prefiere abandonarla en búsqueda de un caladero de votos en el centro en el que ya hay más de uno pescando y con la pericia que otorga jugar en terreno propio. Cuando ManuelValls o Yorgos Papandreu han optado por hacer políticas liberales les ha acabado ocurriendo algo parecido: sus bases más obreras se les han ido a la izquierda, los posibles votos de liberales-conservadores han preferido a los auténticos antes que a los imitadores, y ellos se han quedado con lo puesto.



Los resultados del domingo pueden deparar alguna sorpresa, porque el número de avales de Sánchez se podría multiplicar con votos recibidos de quienes no podían significarse en contra del aparato. Lo que urge es que, gane quien gane, definan de una vez si van a estar más cerca de lo que les dicte la troika o de lo que necesiten los sectores sociales propios de un partido que todavía lleva en su nombre dos adjetivos como socialista y obrero.

Publicado en el diario HOY el 17 de mayo de 2017.

03 junio, 2013

Morir en el intento

La periodista y escritora Carmen Rico Godoy escribió en 1990 una novela que se llamaba Cómo ser mujer y no morir en el intento. Como alguna otra obra de García Márquez, su título fue parafraseado hasta el hartazgo para dar nombre a miles de crónicas, artículos y reportajes. Morir en el intento de ser mujer es uno de los mayores problemas de nuestro mundo y no siempre tenemos la suficiente información. Gracias a algunas oenegés hemos podido conocer aquí la historia de Beatriz, embarazada en El Salvador y sin posibilidad de interrumpir su gestación aunque le vaya su propia vida en ello. Uno no puede entender a religiones y legisladores que prefieren salvar al nasciturus aunque se ponga en peligro a la madre.

 Pero no hay que irse tan lejos para ver morir a personas por el mero hecho de ser mujer: no hemos llegado a la mitad del año y son ya 22 las que han fallecido en España a manos de sus maridos o ex parejas. Y lo peor es que seguimos sin afrontarlo con la contundencia que merecería, quizá porque las víctimas se extienden por la geografía, el calendario y las clases sociales, en un goteo que nos ha acabado por convertir en insensibles. Si todas hubieran muerto en un mismo lugar y al mismo tiempo,  quizá hubieran provocado un revuelo acompañado de medidas drásticas. Pero la dispersión de esta violencia es una prueba de la gravedad del problema, que afecta a la estructura social y que se repite en las generaciones más jóvenes.

Deberíamos tener más presente el drama de las mujeres en el mundo y aquí, porque las muertes de la violencia machista no son menos víctimas que las del más cruel de los terrorismos.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 3 de junio de 2011.

01 agosto, 2010

Mis libros I

El verano pasado hice un repaso de canciones que me habían gustado o que tenían un significado especial. Este verano voy a hacer lo mismo con los libros. De manera desordenada, sin criterio alguno. Los habrá buenos y malos, habrá literatura y otras cosas de difícil definición. Somos los que hemos vivido, somos lo que hemos leído. Aunque, a veces, no sepamos cómo leer nuestras propias vidas.

Y empiezo por el verano del 83, a medio camino entre tercero de BUP y COU, y con Cien años de Soledad entre las manos. Recuerdo la enorme pena que me producía llegar a las últimas páginas. Un día de estos habrá que empezar a releer.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...