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22 marzo, 2023

Mociones, censuras y mordazas

No sé si cuando lean estas letras ya se sabrá el resultado de la moción de censura para convertir a Ramón Tamames en Presidente. He seguido casi todas las mociones, desde la que presentó Felipe González en 1980 hasta la que triunfó en junio de 2018, cuando un Pedro Sánchez renacido mandó a Rajoy al bar mientras Soraya colocaba su bolso en el asiento de Mariano. Sin olvidar la de 1987, la que presentó el extremeño Hernández Mancha y, lejos de catapultarle al estrellato, motivó que Fraga regresara de su retiro gallego para poner orden.

Mientras explican su afecto o su rechazo a Don Ramón en la carrera de San Jerónimo, me he perdido buceando en la etimología de la palabra censura, luego he ido al diccionario más académico y he tenido que descender hasta la duodécima entrada para encontrar la que encaja con la expresión del día: moción de censura. Nadie ignora lo que es la censura a secas, ni lo que fue la censura previa. Tampoco la más sibilina de todas las censuras, aquella que nos aplicamos por temor a represalias o a consecuencias problemáticas. En el artículo 20 de la constitución escribieron que ninguna censura previa podría restringir la libertad de expresión, pero desde 2015 existe una Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana, ideada por un ministro como Jorge Fernández Díaz, y que desde sus primeros trámites fue bautizada con el apelativo de mordaza.

La semana pasada, cuando se esfumaban el parlamento las posibilidades de una derogación o una reforma sustancial de esa norma, las organizaciones internacionales e independientes de Derechos Humanos clamaban contra la Ley Mordaza y también contra una “mordaza maquillada”, que no preveía eliminar sus aspectos más nocivos. En los cuatro primeros años de aplicación se impusieron 140.000 sanciones por “resistencia o negativa a identificarse” y “faltas de respeto a la autoridad”, donde la palabra de esa autoridad tiene presunción de veracidad frente a la de la ciudadanía, que ha de probar su inocencia. Esto último se complica si, además, la propia ley prohíbe difundir imágenes de actuaciones policiales, única prueba que le podría servir a una ciudadana de a pie para defenderse de un abuso de poder.

Podría seguir mencionando la negativa a suprimir las pelotas de goma, que tantos ojos han reventado y más de una muerte, pero quiero acordarme de quienes sufren la mordaza directamente para que no sepamos lo que ocurre: del periodista Pablo González, que sigue preso Polonia, o del fotoperiodista Javier Bauluz, aquel que recibió el Pulitzer por su imagen de una playa con veraneantes junto a los cadáveres de las pateras, y que fue multado por intentar captar las condiciones de quienes llegan en cayucos a Canarias.

La moción de hoy es lo de menos. Pero si no impedimos todas las censuras que imponen al periodismo y todas esas mordazas sin juicio y con sanción administrativa, se lo estaremos dejando todo muy fácil a quienes el año que viene podrían ser ministros de Justicia e Interior con mucha mano derecha, con mucha mano dura y con la misma ley que el actual gobierno no ha querido adaptar a los DDHH. Era fácil.

 

Publicado en el diario HOY el 22 de marzo de 2023




30 mayo, 2018

Salir de aquí



Nada de lo que va ocurrir esta semana era imprevisible. Sabíamos que tarde o temprano comenzarían a dictarse sentencias contra el Partido Popular en todos los casos en los que han estado implicados sus dirigentes, desde ministros hasta concejales de localidades pequeñas. Cada minuto que pasa con el PP al mando de todas las altas instituciones del Estado es un tiempo perdido para una necesaria regeneración de la democracia y una recuperación de las libertades civiles amordazadas.


No todos lo tienen claro y ni en el partido de Pedro Sánchez es unánime el aplauso a la moción presentada. El lunes escuché a un antiguo barón del PSOE que decía estar mucho más preocupado por el independentismo que por lo que habían malversado y robado los gobernantes populares. Sin entrar en comparaciones, a lo mejor el problema está en que no calibramos bien lo que nos ha supuesto esa corrupción que los expertos cifran en más de 90.000 millones de euros. Si uno lleva más de tres décadas en coche oficial y ganando el triple que el ciudadano medio, es probable que los latrocinios de la calle Génova de Madrid no los haya notado jamás en su ritmo de vida.



Pero si hacemos las cuentas de otra manera todo cambia: imaginen por un momento que a cada uno de los miembros de su familia un atracador les levantara 40 euros a punta de navaja el primer día de cada mes y durante todo un año. En enero les parecería una casualidad, en febrero algo intrigante, en marzo clamarían al cielo y en abril estarían pidiendo en la comisaría que detuvieran al ladrón de una vez. Al llegar a fin de año les habrían soplado casi 500 € y uno imagina que las calles estarían llenas de gente protestando por la ola de inseguridad y para que arrebataran al malhechor el arma blanca.



Esta es la estructura profunda de lo que se dilucida en los próximos días. Si somos capaces de apartar del poder a quienes se enriquecieron mediante el empobrecimiento de las arcas públicas y de los bolsillos de los más débiles, o nos ponemos a discutir si hay que desarmarlos desde la izquierda o ayudándonos de una toalla naranja o amarilla. 

Antes de que empiecen a caer otras sentencias, y con la certeza de que la moción de censura no saldrá adelante por culpa de los que anteponen intereses particulares, territoriales o electorales, uno se pregunta si es necesario sacar defectos a las salidas de emergencia en el momento de ser utilizadas. Cuando te acorralan las llamas en un rascacielos o el barco se va a pique en una noche de invierno, uno no puede pararse en detalles sobre a la robustez de la escalera de incendios o sobre si el bote salvavidas aguantará la embestida del temporal. Hay un momento en el que no hay otra opción que no sea escapar: salir de aquí, cuanto antes, que tiempo habrá para desandar pasos y singladuras.

Publicado en el diario HOY el 30 de mayo de 2018 

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14 junio, 2017

Censurable

Casi todos los sistemas democráticos se han dotado de mecanismos para controlar, auditar e incluso reprobar a sus gobernantes. Hay algunos países bien cercanos, como Portugal, donde las mociones de censuras son bastante frecuentes y no hay ni que presentar candidato alternativo: con 116 diputados se puede obligar a dimitir al primer ministro.

En los últimos días nos han recordado las mociones que presentaron Felipe González y Hernández Mancha, y ya sabrán ustedes que perderlas puede ser la antesala del triunfo o el principio de la caída en picado. A muchos ya se les habrá olvidado que en Extremadura tuvimos también una moción de censura hace apenas tres años, en medio del debate sobre el estado de la región, e hizo surgir declaraciones subidas de tono: que si la intención oculta era otra, que si el daño que se estaba haciendo a la región, que si no nos habían avisado antes y mil excusas más. En aquellos días creo haber escrito que todo era tan simple como escuchar al candidato, valorar si eran ciertas las razones por las que se censuraba al gobernante y, sobre todo, calibrar si la alternativa merecía ser respaldada por aportar soluciones creíbles a cada problema planteado.

Mientras escribía estas líneas todavía no había terminado la sesión matinal en el Congreso de los Diputados y eran ya cerca de las cinco de la tarde cuando Ana Pastor decretaba un receso para juntar almuerzo, merienda y cena en una sola comida. Un rápido repaso por la prensa digital para hacerse una idea de lo ocurrido durante las primeras horas del debate acababa resultando un tanto decepcionante, porque casi se podía adivinar antes de abrir cada página web las palabras de cada crónica en función del sesgo de cada medio de comunicación: en esto hemos avanzado poco y todo es demasiado previsible.

Sí que sabemos que la moción presentada por Pablo Iglesias no prosperará y habrá quien opine que, si bien podía estar muy cargada de razones, debería haber esperado una ocasión más propicia y con más consenso entre las bancadas de la oposición. En cambio, hay quienes creen que la situación está llegando a un límite de salud democrática. Esta misma semana hemos conocido que la amnistía fiscal de Montoro es totalmente inconstitucional y un auténtico insulto a las personas que cumplen con su deber de pagar impuestos. Ayer, en el parlamento, Irene Montero tardó más de dos minutos en citar las decenas de casos de corrupción en los que han estado implicados políticos del Partido Popular, con varios presidentes regionales encarcelados y con todos los tesoreros imputados desde que lo fundara Manuel Fraga. La semana anterior dimitía el fiscal anticorrupción sobre el que hablaban maravillas los corruptos que están en prisión. No ha habido en la Europa occidental un partido más corrupto desde que se desmoronara la Democracia Cristiana italiana de Andreotti y tangentopoli. A pesar de todo esto, hay una mayoría de diputados que creen que Rajoy no ha cometido nada censurable. En fin.

Publicado en el diario HOY el 14 de junio de 2017

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12 mayo, 2014

Mociones y censuras

Todo sistema parlamentario que se precie tiene mecanismos para reprobar a sus gobernantes. En algunos países como Portugal son muy frecuentes, no necesitan ni siquiera presentar candidato alternativo y basta con juntar a 116 diputados para forzar la dimisión del ejecutivo. En España las mociones de censura han sido tan poco utilizadas que cuando surge una parece que se cae el mundo. Nos pasa por no tener memoria, porque no siempre el que la pierde numéricamente sale victorioso y al contrario. A Suárez le presentó una Felipe González en 1980 y no la ganó entonces, pero empezó a labrar su victoria de 1982. Hernández Mancha, en cambio, presentó una nueve meses después de las elecciones de junio de 1986 y fueron el inicio de su ocaso.

En los últimos días se han escuchado muchas declaraciones de alto voltaje: que si la intención es otra, que si el daño que se está haciendo, que si no nos han avisado y un largo etcétera. Y a lo mejor todo es tan simple como escuchar el miércoles al candidato, valorar si son ciertas las razones por las que censura y, sobre todo, calibrar si su alternativa merece ser respaldada porque aporta soluciones creíbles a cada problema planteado.

Si te dan jaque en el ajedrez no hay que perder la calma sino pensar la respuesta, pues en ocasiones las blancas dan jaque pero reciben mate en las tres jugadas siguientes. Esperemos que el miércoles haya muchos contenidos sobre la mesa, propuestas y argumentaciones serias, críticas consistentes y poca parafernalia teatral. Quedémonos con lo positivo de las mociones, que las censuras tienen muy mala fama.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 12 de mayo de 2014.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...