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19 septiembre, 2011

Su realidad y la nuestra


Me dicen que una economista afirmó en un programa de radio que hoy en día no es extraño y excepcional tener ahorrados 200.000 euros en el banco. Seguramente ella los tenía y en su entorno de profesionales de altísimo nivel podía ser algo de lo más habitual. También lo han logrado muchos de nuestros políticos, aunque nos queda por saber si el empujón económico venía de antes de su entrada en los asuntos de la res publica, o bien se ha ido amasandomientras pisaban las mullidas alfombras del poder. Lo cierto es que para una mayoría de la población, en la que abundan los mileuristas, es muy difícil poder ahorrar más de dos mil euros al cabo del año. Se necesitaría una vida laboral de 100 años para poder alcanzar lo que esa economista sostenía tan ligeramente. No sé si la afirmación era tal y como me llegó por twitter, o se trata de una de las múltiples exageraciones y falsedades que circulan por la red. En cualquier caso nos sirve para analizar un fenómeno bastante extendido: el de creer que la realidad que nos rodea es la de todos los demás. Si le ocurre a una tertuliana las consecuencias no son demasiado graves, pero el problema se agrava cuando quienes se encuentran inmersos en ese espejismo son quienes nos gobiernan y nos legislan. Sólo así se explica que modifiquen las leyes arrojando a millones de ciudadanos al oscuro infierno de la precariedad. Supondrán que todos tenemos nuestros 200.000 euritos en una cuenta corriente para ir tirando, o bien viviendas y garajes a tutiplén para alquilar y revender. Su realidad no es la nuestra y me temo que no lo saben.   

04 julio, 2011

Merecer esto

La fiesta instalada en la carpa del jardín tenía de todo: canapés elaborados, surtidos de ibéricos, buenos caldos y exquisiteces nunca vistas. Las camareras pasaban las bandejas e iban recogiendo los platos vacíos con la mejor de las destrezas, permaneciendo de pie y soportando incómodos zapatos y uniformes. Treinta míseros euros se iban a llevar por trabajar sirviendo un cóctel durante un par de horas, que a buen seguro se alargarían sin compensación alguna. Hacia el final de la fiesta la carpa se vino abajo y los ilustres comensales salieron en estampida. Aquello no podía quedar así: quienes habían encargado el catering  no estaban dispuestos a pagar por aquel estropicio y el dueño de la empresa optó por enjugar su desastre con lo más fácil, el maltrecho sueldo de las camareras. Esto es Europa, esto son las calles de Grecia y las nuevas tristezas de Portugal. Como en la película de Pedro Almodóvar, los que poco o nada tienen se preguntan qué han hecho para merecer esto, mientras que Rodrigo Rato y dos colegas seguirán ganando millonadas cada año. Entre todos salvamos a los bancos y ahora los mercados quieren ahogarnos para poder seguir llevando ellos su ritmo de vida. Las camareras están a punto de explotar, van a empezar a llevarse los canapés a sus casas para alimentar a sus hijos, y van a estrellar con fuerza los platos contra el suelo cuando les rebajen su sueldo. Las llamarán violentas y antisistema, no lo podrán evitar. Pero ya no se puede aguantar que los que se hartaron en la fiesta nos lo hagan pagar a los que no disfrutamos ninguno de sus lujos. La mayoría social no se puede merecer esto.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 4 de julio de 2011.

27 septiembre, 2010

Vivir de un sueldo

Desde hace siglos existe una mayoría de la población que subsiste gracias al trabajo que realiza y al sueldo que recibe. Históricamente, las personas trabajadoras nunca pudieron pedir unas mejores condiciones, porque el sistema estaba montado para que obedecieran y acataran aquello que se le daba. Y los tiempos fueron avanzando, llegaron las revoluciones industriales y fueron surgiendo conciencias que empezaron a reclamar un trozo de vida. Fue así que con huelgas y sufrimiento consiguieron el descanso semanal, luego la jornada de ocho horas, más tarde el seguro de enfermedad, después las vacaciones pagadas, permisos de maternidad y hasta de paternidad. Ninguno de esos logros que hoy disfrutan los trabajadores, que en su momento fueron considerados utopías, habrían sido posibles si no se hubiera batallado por ellos. Porque nada fue concedido y todo fue arrancado en la lucha. Quienes vivimos de un sueldo no podemos firmar un artículo en el Financial Times para que los gobiernos nos hagan caso. Los poderosos sí pueden amenazar a los gobiernos y hacerles seguir sus dictados. Los que viven de un sueldo no tienen más arma que salir a la calle o hacer huelga para poder mantener sus condiciones de vida. Por eso no acaba uno de entender que haya trabajadores que no sepan cómo defender su dignidad, que se confundan de enemigo, que se queden criticando defectos en el dedo que señala en lugar de mirar hacia la avalancha que se les avecina, y que crean más a quien les quita sus derechos que a quien pretende defenderlos. Esta semana nos convendría leer un poquito de Historia a los que vivimos de un sueldo. 

13 julio, 2009

Basuras y dietas


Me dijeron hace unos días que los trabajadores del servicio de basuras sufren muchas lesiones en las manos, brazos y muñecas. Se debe a que gran parte de su jornada laboral la realizan de pie, agarrados a la parte trasera del camión, mientras éste va de un contenedor a otro. Hace poco vi en otra ciudad que los camiones de basura tienen unos asientos en esa parte trasera del vehículo, para que los operarios puedan realizar su trabajo de forma más segura y saludable. Pero todavía no ha llegado esta idea a todas las calles extremeñas, probablemente porque en muchos ayuntamientos se tienen que ocupar de otras cosas más importantes que de las condiciones laborales de uno de los trabajos más necesarios y duros de nuestra sociedad. Para ser sinceros, no siempre se ocupan de cosas importantes. Hace poco se tuvo que reunir un pleno extraordinario para ver lo que había costado un concierto del año anterior. Y allí fueron 25 representantes de la ciudadanía a tratar el asunto y a costarnos a todos 4000 euros del erario en dietas de los susodichos representantes. No pretende uno hacer demagogia desde estas páginas: la política debe estar bien remunerada y los cargos con dedicación exclusiva deben recibir cantidades acordes con sus altas responsabilidades. Otra cosa es que reunir durante un par de horas a una veintena de concejales, que voluntariamente decidieron representar a los ciudadanos, nos cueste a todos casi lo mismo que el sueldo mensual de quienes, cada noche, se montan en un camión para llevar a cabo una tarea ingrata, insalubre, peligrosa e imprescindible como la de recoger la basura.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 13 de julio de 2009.

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...