22 julio, 2026

Equipos y estrellas

 No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas individuales a cada integrante de la selección española de fútbol masculino y siguiendo con los imprescindibles nombramientos como hijos predilectos de cada ciudad, pueblo o aldea natal de los campeones. 

A algunos nos habría gustado que se hubiera escuchado a los analistas balompédicos internacionales, quienes no se cansaron de elogiar el trabajo de equipo por encima del mayor o menor resplandor de las estrellas individuales. El individualismo es, desgraciadamente, casi una doctrina hegemónica: sálvese quien pueda, no te importe dar codazos para llegar el primero, no dejes que nadie te haga sombra y cientos de arengas similares forman parte de una especie de catecismo de quienes consideran que el éxito individual es lo máximo a lo que se puede aspirar. 

Tampoco sé si es una necesidad intrínseca al ser humano o más bien está incentivada por los propios medios de comunicación, que necesitan poner un nombre, dos apellidos y un rostro a cada gesta colectiva de toda índole. Esta tendencia a personalizar en estrellas concretas, a las que se subirá a los altares o condenará a los infiernos si su desempeño ha sido sublime o ha estado plagado de garrafales errores, se nos olvidaría durante cuatro años si no fuera por la traslación de esta manía preponderante de individualizarlo todo.

Quizá fuera este el momento oportuno para aprovechar esa segunda estrella de la camiseta roja y hacer apología del compañerismo, de la colaboración, de la ayuda mutua o de la solidaridad. Cualquiera que tenga la suerte de compartir tareas profesionales, asociativas o solidarias con otros seres humanos saben que se ilumina mucho más gracias a la suma de cada integrante de un equipo, que mediante las luces, a veces cegadoras, de tantas estrellas encumbradas.  

Una vez terminado el mundial de fútbol masculino  y cuando todo ser vivo racional comience a estar harto de tanta sobredosis informativa monotemática, cabe preguntarse si este tipo de acontecimientos nos pueden aportar algunas luces para la vida corriente y para el mundo en general. ¿Nos fiamos más de las individualidades que de los equipos? ¿Enseñamos en nuestras escuelas, institutos y universidades a trabajar en equipo?

Así que no olvidemos en el futuro lo aprendido durante este verano de 2026 y reconduzcamos todas nuestras idolatrías estelares futbolísticas. Por cierto: conviene recordar que España también es la vigente campeona mundial de fútbol femenino y que su triunfo en 2023 se vio empañado por un machismo que no tenemos manera de eliminar del ADN del macho hispánico. El año que viene se disputará en Brasil el mundial en el que las mujeres futbolistas podrán colocar también su segunda estrella en la camiseta. ¿Tendremos tanta información como acabamos de tener o habrá que buscarla con lupas y telescopios?

Publicado en el diario HOY el 20 de julio de 2026


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