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29 julio, 2013

La mesura de las normas

Cuando la tarea de poner normas y restricciones recae en manos de gente con escasa tolerancia y muchas ganas de ordeno y mando, el resultado puede ser esperpéntico. En Badajoz hay un letrero curioso en una plaza, en la que se prohíbe patinar a mayores de 14 años. No tendría nada de particular si no fuera porque es prácticamente el único lugar habilitado en la ciudad para ese tipo de actividad. Imagino que la prohibición puede venir motivada por el ruido que a determinadas horas realizan los chavales, pero en lugar de regular los decibelios es más sencillo suprimir todo de golpe. Las normas sin sentido van más allá y tampoco se va a poder hacer un picnic al atardecer, bajo los árboles de la Alcazaba pacense. Tal vez el motivo de impedirlo sea el evitar que un espacio así acabe como un estercolero: una vez más se opta se opta por reprimir globalmente en lugar de perseguir al incívico. Le explicas esto a un europeo del norte, uno de esos que en cuanto salen cuatro rayos de sol planta su cesta sobre el césped, y no se lo cree.


Y mejor no mencionar ordenanzas que impedirán ir sin camisa por la calle.  ¿A quién le molestará cómo vaya la gente? ¿Acaso no hay miles de problemas y situaciones gravísimas sobre las que actuar urgentemente? No es tan importante tener muchas normas como que sean pocas, claras y que se cumplan. A muchos nos da igual que se tomen un bocadillo sobre el césped o que vayan a pecho descubierto, y nos conformaríamos con que se castigara a los insensatos que va más deprisa de la cuenta o a los incívicos que creen que la calle es un vertedero. La mesura es siempre una buena opción, incluso a la hora de poner normas.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de julio de 2013.

28 junio, 2010

Normas cívicas

Si este verano va usted al norte de Europa le aconsejo que no haga ciertas cosas a las que está acostumbrado. Si se le ocurre cruzar una calle en Alemania, debe saber que sólo lo puede hacer por los pasos de peatones. Además hay que hacerlo cuando el semáforo de los viandantes esté en verde. No vale disculparse con que no venían vehículos o que no había ningún policía cerca. Es más, si se atreve a burlar la norma, cualquier otro ciudadano le echará una bronca en un idioma ininteligible, con un tono que parecerá que le están mandando a Auschwitz, hasta el punto que echará de menos la presencia de un agente al que pagarle una multa. A cualquier extranjero le alucina, como dicen por aquí, la falta de civismo de los españoles. A alguno de ellos lo he visto con cara de estupefacción en los bares de las estaciones de tren de Mérida y Badajoz, donde está prohibido fumar pero hay una humareda impune. Pero no se te ocurra velar por la educación y el cumplimiento de las normas, porque esto no es Alemania y lo más probable es que el incívico se ponga bravucón. El cuidado de los espacios públicos es asignatura suspensa: las pipas y las colillas acaban en los ceniceros de las casas, pero en la calle van directamente al suelo. De las mierdas de los perros ya ni hablo. Les confieso que a mí también me fastidian las normas que sólo pretenden tocarnos las narices, como una que hay en Badajoz y que prohíbe patinar en un espacio hecho, precisamente, para patinar. Pero también hay normas que están hechas para proteger nuestras vidas y no para jorobárnosla. Esas deberíamos cumplirlas siempre. En defensa propia.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 28 de junio de 2010.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...