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02 diciembre, 2013

Fundido a negro

Ya han liberado en Rusia a todos los activistas de Greenpeace, aquellos que estaban encarcelados desde septiembre por encadenarse a una plataforma de Gazprom en el ártico. En cambio, tres de las cantantes de Pussy Riot continúan encarceladas por un crimen tan horrible como el de actuar en una iglesia. No hace falta que les diga que no corren buenos tiempos para expresar lo que se quiera y para protestar contra lo que no se está de acuerdo: hace un frío que parece llegado de Siberia, y sus aires represores se han colado hasta el Consejo de Ministros en forma de anteproyecto de seguridad ciudadana. Y allí está tan pancho Jorge Fernández Díaz, esperando a que le demos las gracias por haber atenuado algunas barbaridades con respecto a las primeras filtraciones de dicha ley.

Mientras tanto, la radiotelevisión valenciana se funde a negro, dejando en la estacada a cientos de periodistas y técnicos, a los que les obligaron a realizar programas vergonzosos y emitir información manipulada durante años y con una gestión pésima de sus directivos. Nos lo están poniendo difícil para que no nos organicemos y para qué pensemos que todo está perdido, porque multar con 600000 euros la convocatoria o asistencia a cualquier reunión o manifestación solo cabe en la mente de quien es muy poco demócrata. Si fuéramos pesimistas, pensaríamos que estamos a punto de un gran fundido a negro, como el del viernes en Valencia, pero uno tiene la esperanza de que haya una mayoría de gente con aprecio por sus propias libertades y con agallas para impedir los atropellos de algunos que se parecen demasiado a Putin. Tanto que podríamos pensar que son sus hijos.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de diciembre de 2013.

14 mayo, 2012

La calle es de todos




En la época en que los juegos infantiles se practicaban a la intemperie siempre había quien pretendía hacer valer sus poderes por encima de las normas. El dueño del balón decidía la legalidad de los goles y los más fuertes delimitaban el espacio público en el que se podía jugar. Y es entonces cuando algún valiente se atrevía a gritar que la calle era de todos y el resto coreábamos todos a una, como si estuviéramos en una obra de Lope de Vega. Hoy la calle sigue siendo más de unos que de otros y todo depende, fundamentalmente, del motivo que te haga salir a ella. Si es porque ha ganado tu equipo de fútbol todo será más fácil y podrás gritar, tocar el claxon y saltar por las calles hasta las tantas de la madrugada. Si se te ocurre salir a la calle porque estás hasta la coronilla de recortes y a favor de un mundo más justo, entonces corres el peligro de pasarte más de un mes en chirona, como le ha ocurrido a tres estudiantes de Barcelona. Parece poco probable que haya algún directivo de Bankia durmiendo en las cercanías de Alcalá-Meco, de la misma manera que Matas sigue pernoctando en su casa y casi todos los implicados en los dispendios valencianos siguen viviendo como si nada hubiera ocurrido. Un país libre es aquel en el que se puede estar en la calle sin tener que dar explicaciones a nadie, sin más límite que el respeto a los demás. Por eso, cuando Jorge Fernández Díaz afirma que la calle no es un camping uno se lleva una gran alegría: ¿Significa eso que van a prohibir los desahucios y que no volveremos a ver a la policía poniendo de patitas en la calle a familias enteras con sus enseres? 


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de mayo de 2012.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...