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29 diciembre, 2008

La familia

La pluralidad de maneras de pensar y de vivir es una de las grandezas del género humano. Vemos documentales sobre la vida animal a la hora de la siesta y nos damos cuenta de que lémures, leones y cebras viven de la misma manera y repiten sus mismos esquemas de comportamiento. No importa que sean de Tanzania, Kenia o Madagascar porque está todo preestablecido genéticamente. Las personas somos diferentes y nos da por cambiar de manera sustancial en función del lugar en el mundo que habitamos o de las preferencias de cada uno. Si vinieran los del National Geographic de Saturno a hacer un reportaje sobre esa especie llamada humana, tendrían que pasar mucho tiempo filmando para recoger nuestras variadas formas de organización. También las familias han sufrido a lo largo de la historia cambios sustanciales, unos mejores y otros peores, como pasa en casi todo. Ayer se reunían en las calles los que creen que las familias tienen que ser las de toda la vida, las clásicas, las que se definen con esa coletilla que da miedo: como Dios manda. No sé si estarán a punto de pedir a la Academia de la Lengua que se impida el uso del término a las agrupaciones de humanos que no se rijan bajo sus particulares parámetros. A mí me parece muy bien que la gente salga a la calle a expresar con orgullo lo que es y a que reivindiquen su derecho a seguir siéndolo. Rouco y Kiko Argüello saben que nada ni nadie les impedirá que su modelo de familia sea puesto en práctica, pero me temo que sus reivindicaciones no sean sólo para defender sus postulados sino dejar fuera de juego a quienes no comulgamos con sus ruedas de molino.

07 enero, 2008

Me parece muy bien


Me alegra que los obispos salgan a la calle, que Rouco Varela dé misa en plena avenida, que los seguidores de Kiko Argüello canten y se explayen a sus anchas, que 1200 autobuses se encaminen en una mañana fría de domingo hacia el centro del universo para comulgar o para postrarse ante el altísimo. Tampoco me incomodaría que el mismo número de personas se reuniera para orar tras oír la llamada del muecín frente a la mezquita de Córdoba o que miles de judíos recorrieran Hervás el próximo sábado. También me da igual lo que digan: es más, creo que tienen derecho a decir lo que deseen y a aspirar hacer con sus vidas lo que consideren más oportuno. Incluso defendería, donde haga falta, sus opciones personales de tener decenas de hijos y casarse una sola vez en la vida. No me inquieta que vuelvan a manifestarse ni pondría impedimento o reparo alguno. Sí que me preocupa que desde el gobierno y desde la izquierda se haya respondido a las palabras de los fundamentalistas católicos, porque es entrar al trapo de una provocación calculada e iniciar un debate que no lleva a ningún lado. ¿Acaso un gobierno de todos puede seguir los postulados de una secta religiosa? ¿Dejarían los hospitales públicos de hacer transfusiones si un millón de Testigos de Jehová lo pidieran en la calle? ¿Entonces para qué perder tiempo en responder públicamente a las pretensiones de cada secta religiosa? Es de justicia que los gobiernos permitan la libertad religiosa, pero es imprescindible que las confesiones no traten de imponer su modelo de vida a quienes queremos seguir siendo, simplemente, ciudadanos laicos. No es mucho pedir.



Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de enero de 2008.

Todo excluido

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