10 octubre, 2011

Revoluciones pendientes


María Moliner dedicó su diccionario a su marido y sus hijos “en restitución de la atención que les había robado”. Cada vez que busco una palabra recuerdo esa dedicatoria y medito sobre su enorme trabajo, la época que le tocó vivir y el sentimiento de culpa que traslucen esas palabras. Y la imagino enredada entre miles de fichas, descuidando el férreo papel de esclava familiar que la sociedad tenía asignado a las mujeres. Sí, ya sé que esta anécdota se remonta a 45 años atrás y que todo ha cambiado mucho. Pero esta misma semana compraba un libro de literatura juvenil que ha de leer mi hijo en el instituto, ambientado en el Camino de Santiago y escrito por una mujer con una curiosa nota biográfica. Junto a datos como que nació en Madrid, su titulación de perito mercantil o su trabajo en una librería, encontré una de esas oraciones concesivas que te ponen la piel de gallina: “Aunque está casada y tiene cinco hijos, logra encontrar tiempo para escribir”.  Al momento me pregunté si habría existido algún varón en el mundo que hubiera escrito algo así en la solapa de sus libros, que hubiera mencionado el tiempo que ha robado a sus hijos mientras se convertía en afamado escritor. Y la respuesta es que no, porque seguimos teniendo marcado en el subconsciente que solo las madres tienen la obligación de velar más por sus hijos y sus maridos que por sí mismas. El 15 de octubre tenemos una cita en las calles para hacer una revolución global y no deberíamos olvidarnos de las revoluciones pendientes que quedan por hacer en cada casa. Por cierto, María Moliner ya merecería algún honor en calles y plazas de Extremadura

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