14 marzo, 2011

Prisa


Todos tienen prisa y nadie tiene tiempo. Las ciudades de ese Occidente que muchos llaman civilizado se definen así, con esas dos frases categóricas. La velocidad, esa magnitud física que expresa el espacio recorrido durante un determinado tiempo, se ha convertido en un derecho al que nadie está dispuesto a renunciar. Solamente se piensa en el día a día, sin poner los ojos más allá de pasado mañana. Da igual que acabemos volviendo a ir en burro, pero que ninguno se atreva a decirnos a cuántos kilómetros por hora tenemos que desplazarnos. Las portadas de los periódicos de hace 37 años son iguales que las de hoy: hablan de Gadaffi, de los límites de velocidad, de la crisis económica y del precio del combustible. En algunos países del norte de Europa aprendieron a desplazarse por las ciudades sin usar gasolina y todavía lo siguen haciendo a pesar de los rigores del clima. En cambio, en las zonas más cálidas de Europa, seguimos atando los perros con longanizas y maldiciendo a quien pone obstáculos al transporte en vehículo privado. Y quizá la solución no esté tanto en penalizarlo como en apostar en serio por el transporte público. Habría que hacerlo tal manera, que sólo los muy tontos no acabaran optando por él. Y para eso nos queda mucho camino por andar: desde bajar radicalmente los precios del ferrocarril hasta llenar de carriles para bicicletas todas las calles y avenidas. Si no hacemos nada, los periódicos volverán a hablar de lo mismo dentro de 37 años. Cambiarán los actores pero el texto será prácticamente el mismo. Así que habrá que darse prisa: no tenemos tiempo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de marzo de 2011

4 comentarios:

Despotrikator dijo...

Coicido. Prisa debería haber... pero para cambiar el modelo de transporte lo antes posible.

Un saludo

Paco Centeno dijo...

Quizás es que no hay multinacionales productoras de bicis que controlen el capital mundial. Pero todo se andará

quedeseconelcambio dijo...

tres razones para odiar el transporte público, y suplicar a los dioses que cambien, al menos el autobús Almendralejo-Madrid, que es el que yo más uso.

1.- te tragas la música y la película que quiere el conductor, y si protestas, le sube el volumenen.

2.- te tragas las conversaciones telefónicas de un puñado de maleducados, y si protestas es a costa de tu humor y de tu salud, sin que medie en tu favor nadie de la empresa de transportes, esa misma a la que se le supone tendría que velar por tu comodidad.

3.- si pides las hojas de reclamaciones conoces de primera mano el verdadero significado de la palabra kafkiano...
un saludo
florián

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Reconozco que hace años que no voy en autobús. Prefiero perder un par de horas más pero voy en tren. Lo del móvil es un problema de educación. En los restaurantes de Amsterdam hay una indicación que prohíbe usarlos en el interior.