07 noviembre, 2011

Alfa y Omega


Recuerdo como si fuera hoy la tarde en que Teresa, nuestra profesora de griego, nos enseñó el alfabeto en el aula 25 del antiguo instituto Bárbara de Braganza. Desde entonces he admirado a ese pueblo que construyó la más grandiosa de las épicas, inventó la democracia y ha acabado mezclando en el último año tragedias de Sófocles y comedias de Aristófanes. Antes de que nos explicaran los complicados verbos polirrizos, nos habían enseñado que las preguntas que sólo admiten un sí o un no por respuesta son siempre más fáciles que aquellas en las que se pueden elegir múltiples contestaciones. A los niños pequeños no les puedes poner un catálogo con mil piezas para que elijan, sino que se las has de mostrar de dos en dos para que vayan escogiendo la que prefieren. En cambio, los políticos tradicionales consideran que los electorados actúan de forma radicalmente diferente al ser humano: son sabios, inteligentes, listos y sensatos cuando eligen parlamentarios y gobernantes de entre un amplio abanico, pero nos consideran inútiles totales para asentir o rechazar una simple decisión transcendental. La semana pasada faltó poco para que Merkel y Sarkozy dieran otro golpe de coroneles, se acercaran a la plaza Syntagma de Atenas y gritaran “ríndanse y entreguen las urnas”. En la noche que iba del miércoles al jueves los potentados de occidente se marcaron discursos que nos retrotraían al XIX y algunos comentaristas estuvieron al borde de pedir la vuelta del sufragio censitario. No sabemos si Grecia tendrá un final trágico, pero parece que la cuna de la democracia occidental podría ser también su tumba. Alfa y omega.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de noviembre de 2011.

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