19 diciembre, 2011

El gen autodestructivo


Hay un insecto que, a pesar de su minúsculo tamaño, consigue importantes beneficios en su hábitat. Tiene la particularidad de que cuando crece y parece que va a tener más fuerza e ímpetu para mejorar su entorno, se le dispara automáticamente una especie de gen autodestructivo. El insecto se ve atenazado por el miedo cuando ve que sus alas y sus patas empiezan a hacerse más grandes, fuertes y poderosas, de modo que es entonces cuando comienza a flagelarse y dañarse a sí mismo hasta convertirse en insignificante. La izquierda que se llama transformadora tiene en España, y también en Extremadura, un miedo escénico a tomar decisiones que reviertan directamente en la vida de los ciudadanos, y un pánico a que su pequeña organización crezca de tal manera que no se pueda controlar. Algunos lo llamamos gen autodestructivo, que se manifiesta en convertir todo en jugadas rocambolescas a múltiples bandas, ver enemigos por todos lados, centrarse más en cómo diferenciarse de otras fuerzas políticas que en los contenidos concretos y las propuestas prácticas. La izquierda que pretende ser transformadora no puede permitirse en este momento de la historia enzarzarse en una lucha intestina que no lleva a ninguna parte, porque no es hora de excluir a quienes no mantienen la pureza de las esencias sino de ir sumando, mediante el ejemplo y las buenas artes de convencer, a una mayoría social crítica y activa que ha salido a las calles de medio mundo en este año 2011. De poco vale luchar contra las dictaduras de los mercados, unirse al grito de somos el 99% si entran en pánico cada vez que superan el 5%.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 19 de diciembre de 2011. 

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