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10 enero, 2018

Islandia

Me gustaría conocer Islandia y recorrer sus paisajes durante un luminoso mes de junio. Sabemos muy poco de ese país: tiene la mitad de los habitantes de la provincia de Badajoz y le plantó cara a los banqueros corruptos y a los causantes de la crisis como nadie supo hacerlo en el resto del mundo. La semana pasada volvió a las noticias por la aprobación de una normativa que pretendía hacer efectiva la igualdad de salarios entre mujeres y varones.



Y no es que en Islandia acabe de morir el último rey vikingo de la edad media, puesto que esa igualdad teórica ya estaba amparada en la legislación desde hace varios años. Lo que ha ocurrido es que se han dado cuenta de que lo que está en los papeles no había bajado a la realidad y no se plasmaba en cada nómina. Imagino que en ese país se habrán acostumbrado a hacer algo que deberíamos copiar y que consiste en evaluar las leyes o los proyectos cuando llevan cierto tiempo en vigor. De nada sirve tener los decretos mejor redactados del mundo si no hay manera de ponerlos en marcha o garantizar su cumplimiento.



¿Es generalizado ese incumplimiento de las leyes? Evidentemente no. Todo depende de quien sea el beneficiario o el perjudicado. De todos es sabido que la ley del embudo suele tener la boca muy ancha para los que están arriba y que se estrecha muchísimo en la parte de abajo. Solo así se explica que supremos y altísimos tribunales se reúnan hasta en domingo cuando hay que sacar adelante determinados asuntos, mientras que los artículos que garantizan derechos humanos fundamentales (y escritos con tinta en las Cartas Magnas) no hay manera de que se puedan hacer efectivos porque son considerados declaraciones de intenciones que no se pueden seguir al pie de la letra.



A veces no se sabe qué es peor, si la rabia de no tener derechos o la humillación de tenerlos reconocidos y no poder disfrutarlos. En Alemania acaba de tener que promulgarse una ley que permitirá a las mujeres comprobar si sus compañeros de trabajo cobran más realizando las mismas labores, mientras que la corresponsal de la BBC en China ha tenido que denunciar en su propio medio de comunicación la disparidad salarial que (casi) siempre se inclina en perjuicio de ellas.



Comienza 2018 y lo hace con cierta esperanza. Oprah Winfrey nos hablaba durante la entrega de los Globos de Oro de un nuevo día en el horizonte y quizá ese día no nos traiga la belleza espectacular de las auroras boreales de las tierras de Islandia, esas que todo el mundo dice que hay que ver al menos una vez en la vida. Preferiría no verlas jamás si, a cambio, en cada lugar del mundo desterráramos para siempre los machismos, las violencias que generan, las desigualdades, las discriminaciones, los menosprecios, los acosos y las injusticias que sufren y han sufrido nuestras madres, hijas, hermanas y compañeras. No es poco.

Publicado en HOY el 10 de enero de 2018.



21 marzo, 2011

La lucha es alegría



El día 12 de marzo las calles de Portugal se llenaron de gente joven. Respondían a una convocatoria realizada a través de redes sociales y se han autodenominado geração à rasca, generación en apuros. A diferencia de otros lugares, donde es difícil reunir a jóvenes para actividades diferentes al botellón, nuestros vecinos han dicho basta y se disponen a representar un papel activo en un escenario en el que se les suponía meros espectadores pasivos. Me ha costado encontrar una noticia sobre esto en la prensa española y apenas sabemos nada de Islandia, donde hay una revuelta ciudadana contra las mafias económicas que han provocado la crisis. Pero el mundo está más preocupado por evitar que en Libia se maten con las armas que les hemos vendido, y en dejar en buen lugar a la energía atómica. A los que ponían remilgos a la venta de armas a países violadores de derechos humanos, o dudaban de la seguridad absoluta de las centrales nucleares, les llamaban de todo, desde trasnochados hasta tocanarices. Ahora tienen un momentáneo repunte de credibilidad, pero en un par de meses todo olvidado: Almaraz se encuentra muy lejos de Cáceres (70 km. en línea recta) y estamos en una zona en la que nunca hay terremotos grandes (el del 1 de noviembre de 1755 fue de los más fuertes de la historia y dejó muchas huellas a nuestro alrededor). En fin, que llega el buen tiempo y le entran a uno ganas de salir a la calle como nuestros vecinos, animados por unos tipos llamados Homens da Luta, que van animando a la gente a luchar con alegría y que van a ir a Eurovisión con un mensaje más digno que nuestro Chikilicuatre.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de marzo de 2011.

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...