
No es lo mismo ser fascista que ser antifascista. No es lo mismo ni será lo mismo aunque haya quienes quieran equipararlo. Entre quienes quieren meter a todos en el mismo saco hay que distinguir a dos grupos: a gentes bienintencionadas que creen que esto del racismo y la xenofobia es poca cosa y que ignoran los peligros; el otro grupo lo forman quienes, en el fondo, son también racistas y se asustan de los métodos directos de los cachorros fascistas.
Y un día apuñalan a Carlos en Madrid y le siegan la vida. Y tenemos que pensar que es una historia de capuletos y montescos. Pero no. Se trata de quienes creen que los seres humanos somos iguales frente a quienes no lo creen. Y en esa discusión YO NO SOY NEUTRAL Y NO DEBERÍA SERLO NADIE QUE SE RECLAME SER HUMANO DECENTE. Otra cosa serán los modos de reaccionar ante ese peligro, pero de partida debemos dejar claro que lo que está en juego es muy importante.
El 19 de mayo convocó un candidato a
- Es mejor prevenir que curar.
- En Extremadura no existían todavía casos graves ni focos de racismo.
- Aún no habíamos recibido grandes grupos de personas extranjeras.
- En los pueblos que han emigrado aparecen en ocasiones, paradójicamente, grupos muy poco condescendientes cuando reciben emigrantes.
Han pasado seis meses y me reafirmo en lo que dije: HAY QUE HACER ALGO. No podemos seguir lamentando sino que hay que desactivar los discursos fascistas. Y ese discurso va calando cuando se pone en el mismo saco a quienes son racistas y a quienes se oponen a ellos.
La reacción antifascista
Hay centenares de fascistas agazapados, de los que se avergüenzan de aplaudir a en público a los nuevos guerrilleros de Cristo Rey, que están esperando cualquier paso en falso para echar tierra sobre el asunto. Pegarle una patada a un fascista, tirar un atril o apedrear un escaparate no sólo no sirve para luchar contra el fascismo sino que es un boomerang que nos da en toda la cara, que nos desarma dialécticamente y que pone en bandeja de plata los argumentos para quienes, con intereses ocultos, creen que todo esto es “una disputa entre bandas rivales”.
Otro Carlos ha recibido otra puñalada. (Hay quien todavía no se ha dado cuenta de que unos llevan armas y otros no.) Ahora lo más importante es que se recupere de sus heridas, que se juzgue a los culpables, que se apacigüe la situación y que se haga un plan de prevención del racismo y la xenofobia para jóvenes, adultos, niños, policías, políticos y jueces. Y sin demora: los huevos de la serpiente se están abriendo.