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25 noviembre, 2007

No es lo mismo


No es lo mismo ser fascista que ser antifascista. No es lo mismo ni será lo mismo aunque haya quienes quieran equipararlo. Entre quienes quieren meter a todos en el mismo saco hay que distinguir a dos grupos: a gentes bienintencionadas que creen que esto del racismo y la xenofobia es poca cosa y que ignoran los peligros; el otro grupo lo forman quienes, en el fondo, son también racistas y se asustan de los métodos directos de los cachorros fascistas.

Pero repito que no es lo mismo.

Siempre echando en cara a los jóvenes su pasotismo y su falta de implicación, algo que no se puede generalizar, y cuando vemos a un tipo agredir a una ecuatoriana en el metro linchamos al testigo “sin papeles” que no se enzarzó a patadas con el descerebrado.

Durante los últimos años ha habido en Cáceres quienes apaleaban a parejas de chicos que iban de la mano, a quienes llevaban rastas o a los que miraban fijamente. Pero no pasaba nada. “Cosillas de jóvenes” –decían.

Y un día apuñalan a Carlos en Madrid y le siegan la vida. Y tenemos que pensar que es una historia de capuletos y montescos. Pero no. Se trata de quienes creen que los seres humanos somos iguales frente a quienes no lo creen. Y en esa discusión YO NO SOY NEUTRAL Y NO DEBERÍA SERLO NADIE QUE SE RECLAME SER HUMANO DECENTE. Otra cosa serán los modos de reaccionar ante ese peligro, pero de partida debemos dejar claro que lo que está en juego es muy importante.

El 19 de mayo convocó un candidato a la Presidencia de la Junta a miembros de ONG’s para conversar. Intervine para hacerle ver la necesidad de hacer un plan urgente contra el racismo y la xenofobia por varias razones:

  • Es mejor prevenir que curar.
  • En Extremadura no existían todavía casos graves ni focos de racismo.
  • Aún no habíamos recibido grandes grupos de personas extranjeras.
  • En los pueblos que han emigrado aparecen en ocasiones, paradójicamente, grupos muy poco condescendientes cuando reciben emigrantes.

Han pasado seis meses y me reafirmo en lo que dije: HAY QUE HACER ALGO. No podemos seguir lamentando sino que hay que desactivar los discursos fascistas. Y ese discurso va calando cuando se pone en el mismo saco a quienes son racistas y a quienes se oponen a ellos.

La reacción antifascista

Hay centenares de fascistas agazapados, de los que se avergüenzan de aplaudir a en público a los nuevos guerrilleros de Cristo Rey, que están esperando cualquier paso en falso para echar tierra sobre el asunto. Pegarle una patada a un fascista, tirar un atril o apedrear un escaparate no sólo no sirve para luchar contra el fascismo sino que es un boomerang que nos da en toda la cara, que nos desarma dialécticamente y que pone en bandeja de plata los argumentos para quienes, con intereses ocultos, creen que todo esto es “una disputa entre bandas rivales”.

Otro Carlos ha recibido otra puñalada. (Hay quien todavía no se ha dado cuenta de que unos llevan armas y otros no.) Ahora lo más importante es que se recupere de sus heridas, que se juzgue a los culpables, que se apacigüe la situación y que se haga un plan de prevención del racismo y la xenofobia para jóvenes, adultos, niños, policías, políticos y jueces. Y sin demora: los huevos de la serpiente se están abriendo.

Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...