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17 marzo, 2014

Maneras de ayudar

abandonados33Es necesario apoyar y socorrer a quien le hace falta de verdad. Pero del mismo modo que hay que aplaudir todas las medidas sensatas y coherentes, no debería importarnos criticar abiertamente aquellas ayudas que se otorgan de manera universal, como cuando se regalan libros de texto a todas las familias numerosas o se repartían 2500 euros por bebé recién nacido, sin distinguir si las familias eran millonarias o pobres de solemnidad.

Ahora parece ser que las ayudas se van a destinar a los recién nacidos de localidades pequeñas y uno tiene la tentación de esgrimir el mismo argumento, porque allí también habrá quien ande sobrado y a quien le faltará casi de todo. Pero deberíamos tener en cuenta un factor importantísimo que no solo habría de preocuparnos en Extremadura sino en otros lugares de la vieja Europa, donde la población se concentra cada vez más en grandes ciudades y se abandona el territorio rural. Si no queremos que nuestros pueblos acaben siendo como lugares fantasmagóricos, habrá que procurar que las risas de la infancia se escuchen de nuevo corretear por las calles. Mucho me temo que no es algo que se solvente con 1300 euros, que es lo que pueden costar los pañales y comida del primer año de vida de un bebé, sino con medidas que hagan atractivo quedarse a vivir en los pueblos. Y eso significa ordenar el territorio en el más amplio sentido del término, dotando al espacio rural de un mínimo de garantías para que vivir allí no sea un deporte de riesgo. No es nada fácil, pero hay que pensar muy bien cuáles son las mejores maneras de ayudar para no caer en errores pasados.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 17 de marzo de 2014

18 mayo, 2009

El estado de los coches


En las grandes ciudades no se dejan de hacer túneles y más túneles para esconder a los vehículos, amplían los carriles de las autopistas y un ruido infernal de motores se escucha día y noche. En cada operación salida las carreteras de llenan de coches y uno empieza a plantearse si habremos actuado correctamente al convertir al vehículo privado en el principal medio de locomoción. Sobre todo ahora, que parece haber cierto consenso para no aumentar el consumo de combustibles fósiles. Pero los años de bonanza de principios del milenio invitaban a cambiar de coche cada cinco años, aunque no fuera necesario y funcionara a las mil maravillas, y las factorías aumentaban su ritmo de producción. De repente nos asalta la crisis, la gente empieza a comprar menos coches, las empresas del sector ganan menos dinero y amenazan con dejar en el paro a los miles de trabajadores que, de forma indirecta o directa, dependen de la venta de vehículos. Entonces llega el día en el que Rajoy y Zapatero se van al hemiciclo a hablar del estado de la nación y a uno le parece que lo más importante que se abordó era el estado de los coches. Ya no sé en cuánto va a quedar la ayuda pública para comprar un nuevo vehículo, ni cuánto pondrá cada Comunidad. Y mientras muchos se pelean sobre si la medida debe ser universal o restringirla en función de los ingresos de la familia, me asaltan varias dudas: ¿Por qué tenemos que comprar coches con la ayuda de todos? ¿Por qué tenemos que sacarle las castañas del fuego a un sector que produjo más de la cuenta? ¿Vamos a hacer lo mismo con otros sectores productivos? ¿Nadie se hace estas preguntas?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de mayo de 2009.

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...