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11 junio, 2012

Con fianza


A los que no tenemos fe (o la hemos perdido) siempre nos queda la confianza. Alguno dirá que en el fondo es lo mismo, e incluso me enviarán el fragmento del diccionario etimológico de Joan Corominas para refregármelo. La cuestión es que ya he dejado de preocuparme por las fluctuaciones de los mercados, porque he escuchado que todo se va a solucionar generando confianza, como si fuera energía térmica o eólica. Mientras buscaba en los periódicos noticias sobre el hallazgo de yacimientos de este elemento milagroso, me venía a la memoria una obra de teatro de Tirso de Molina, titulada El condenado por desconfiado, y de la que recuerdo muy vagamente la trama. Había dos protagonistas, un monje asceta llamado Paulo y un criminal de vida disoluta que tenía por nombre Eurico. La paradoja llevó al crápula a la salvación, gracias a un arrepentimiento in extremis, y condenó al religioso soberbio, desconfiado y dubitativo. La confianza es objeto de cuestiones y de mociones, por no mencionar los excesos y las pérdidas. Siempre me ha llamado la atención quienes se siguen fiando de los que no lo merecen una vez tras otra, ya sea en los ámbitos de la alta política o en las relaciones personales. Pero si algo me cuesta entender es a los que se escudan en ideas preconcebidas y recelan de todo aquello que ni conocen, ni pretenden llegar a descubrir, a los que no saben dar una oportunidad ni son capaces de dar un voto de confianza. Quizá crean que “con fianza” solo puede escribirse separado y es la expresión que más vinculan a la palabra libertad. Me temo que se van a condenar, como Paulo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de junio de 2012.


18 abril, 2011

Gente de confianza


Me contaron que el pasado martes visitaban la región jerifaltes de la compañía de ferrocarriles, que trataban de ver las mejoras que se podían hacer en el servicio para beneficiar a los ciudadanos. Con cierta maledicencia me llegaron a afirmar que habían venido en coche, ya que los horarios y la calidad de los trenes que ellos mismos gobiernan les impedía usarlos. La verdad es que no me lo creí, como tampoco me acabé de creer otra historia parecida de un director de instituto público que llevaba a sus hijos a un colegio privado. Sé que muchos me dirán que cada uno hace lo que quiere, pero no me negarán que tiene su pizca de incongruencia. Es como si descubres que tu panadero compra el pan en un supermercado ajeno: es libre y está en su derecho, pero inspira muy poca confianza en su propio trabajo. Algo parecido he pensado del presidente checo, ese que se queda con la estilográfica delante de la prensa y de las cámaras de televisión. A lo mejor es el tipo más honrado del mundo, pero también podíamos hacer otro razonamiento: si es capaz de maquinar todo eso por una simple pluma y ante tantos ojos, qué no hará con el erario público en los ocultos despachos del poder. No sé si es una sensación demasiado subjetiva o es que estamos ante una crisis del concepto de gente de confianza. Ser coherente y consecuente con lo que se es y con lo que se piensa no está de moda, pero tampoco pasa nada porque estamos insensibilizados y acabamos concluyendo que todo el mundo es igual. Y no es verdad: Hay mucha gente fiable por ahí fuera y hay que aprender a distinguirlos. Es más fácil de lo que parece.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA un 18 de abril de 2011.

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...