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03 octubre, 2018

Los nombres de las cosas


Los seres humanos acabamos poniendo nombres a las cosas cuando necesitamos diferenciarlas. En los pueblos en los que solo hay templo, una taberna o un comercio, con un artículo definido se solventa todo y hablamos de la iglesia, el bar o la tienda. Las grandes ciudades, esas que tienen más de un aeropuerto y varias estaciones de ferrocarril, tienen que acabar poniéndoles apellidos, ya sea honrando a Charles de Gaulle o a Kennedy, o bien sirviéndose del nombre del barrio en que se encuentran, como pasa con la estación de Sants en Barcelona o de Chamartín en Madrid. A algunos filólogos les apasiona tanto esto de los nombres que se dedican analizar la onomástica y la toponimia, dos áreas que, en honor a la verdad, están llenas de curiosidades muy entretenidas.



Aquí todavía seguimos discutiendo sobre los nombres de los pueblos, calles o plazas que fueron dedicadas a unos héroes que el paso del tiempo (y el fiel análisis histórico) acabó convirtiendo en villanos. Si la fisonomía de nuestras ciudades hubiera sido trazada con escuadra y cartabón, nos bastaría con numerar calles y avenida con combinaciones de pares e impares para tener un sistema lógico. Habríamos evitado engorros como tener un pueblo entero en Soria dedicado al General Yagüe o algunos núcleos del Plan Badajoz honrando a un caudillo. Pero aquí heredamos intrincados callejones en cascos antiguos, juderías y barrios (hermosa palabra de origen árabe) que durante siglos diferenciamos en función del oficio de sus habitantes y que luego acabaron siendo un tratado de hagiografías.



La semana pasada supimos que el hospital de referencia de Extremadura dejaría de llevar el nombre de una infanta y que iba a llamarse como lo que es, algo tan sencillo y descriptivo como el Hospital Universitario de Badajoz. Y algo tan simple como dejar de homenajear a quien nada hizo por la salud ni la medicina extremeña ha acabado en la más estéril de las polémicas.



De todos los problemas que tiene la sanidad pública de la región, el menos importante es el nombre de cada edificio. Los centros de salud siguen el acertado criterio de ser designados como el barrio en el que están para no confundir a la gente con nombres de personajes. Siempre me llamó la atención la plaza de Cervantes en Badajoz, que tiene en el centro una estatua de Zurbarán pero que todo el mundo conoce por el nombre de san Andrés: ni queriendo se puede despistar más al forastero.



Ahora hay quienes quieren dedicar el hospital a la virgen de la Soledad, a pesar de que ya hay un tanatorio con ese nombre en la ciudad y que podría derivar en equívocos de humor negro cada dos por tres. Un poco de sensatez siempre viene bien en estas cosas: no le dediquen ni un minuto más, doten de recursos suficientes a los hospitales para que no haya que esperar demasiado a ser atendidos y toda la gente de a pie lo agradecerá. Seguro.

Publicado en el diario HOY el 3 de octubre de 2018.
Foto de J.V. Arnelas en HOY 
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27 abril, 2009

La calle de Margarita


Nacer mujer en España a finales del XIX no era nada fácil. El hecho de serlo era una condena: analfabetismo, represión, falta absoluta de derechos políticos o sociales e incluso negación de la propia condición de persona adulta, ya que ellas pasaban de ser propiedad del padre a pertenencia del marido. Si hoy estamos en una situación diferente se lo debemos a quienes se adelantaron a su tiempo e hicieron el trabajo más difícil, el de romper con unas normas establecidas por la fuerza de la testosterona y no por la razón. Una mujer, allá por el año 1919, escribió La condición social de la mujer en España. Luego fue diputada por Badajoz durante las tres primeras legislaturas de la democracia en España. Hizo la primera traducción de Kafka al español, escribió siete libros más, dio conferencias en Méjico y por toda Europa hasta que murió en el exilio, mientras en España reinaba una dictadura surgida del fascismo. Hace más de 20 años que una calle de Badajoz pasó llevar su nombre y esta semana pasada nos enteramos de que el Ayuntamiento de la ciudad, en una rabieta ante la obligación legal de retirar los homenajes a golpistas como Mola, ha optado por borrar el nombre de Margarita Nelken del callejero. No debe de ser muy alto el aprecio de la lucha por la igualdad que tendrán quienes creen que la primera mujer que representó democráticamente a Badajoz no merece ni siquiera una calle estrecha y mal asfaltada. Uno no sabe si lo hacen porque ignoran quién fue o porque les duelen los importantes cambios que nuestras sociedades van logrando y que ella, casi en solitario, inició hace un siglo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el día 27 de abril de 2009.

Equipos y estrellas

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