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02 octubre, 2024

Los mismos de siempre

No recuerdo la primera vez que tuve conocimiento de las desgracias de la población palestina. Las guerras de mi infancia las veía en telediarios en blanco y negro, hablaban de un conflicto árabe-israelí que pareció terminar con unos acuerdos en Camp David y con posteriores premios Nobel de la Paz para Anwar-Al-Sadat y Menachen Begin. Años más tarde me fui enterando de que a los palestinos, aquellos a los que habían echado de sus casas para crear un Estado judío tras el holocausto, los habían olvidado en aquellos acuerdos y 3.000 de ellos fueron aniquilados en los campos de refugiados de Shabra y Shatila, en tierras libanesas, allá por 1982.

Andaba ya por la Facultad cuando llegó a mis oídos la primera intifada, de la que ya recuerdo imágenes en color de soldados que rompían con pedruscos los codos de unos niños de apenas 11 años, que es el castigo que merecían por apedrear los carros blindados. Aquella imagen se nos grabó a toda una generación que nos abrigábamos los inviernos con pañuelos de aquellas tierras y que veíamos a Arafat con la rama de olivo en una mano y una piedra en la otra mientras hablaba en la ONU.

 

En 1990 Kuwait fue invadido, occidente bombardeó a Irak y a sus habitantes, dejó a Saddam Hussein en el poder en 1991 y al final de ese año se fraguó una Conferencia de Paz en Madrid para poner concordia en aquellas tierras. ¿Adivinan quiénes volvieron a ser los olvidados? Pues sí, los mismos de siempre. Más tarde llegaría una ligera esperanza y hubo Nobel de la Paz para Arafat, Rabin y Peres en 1994, pero Isaac Rabin fue asesinado por un ultraderechista judío en 1995 y las cosas se volvieron a torcer para los mismos de siempre.

 

Anteayer se cumplieron 24 años de otras imágenes que quizá recuerden: las de Muhammad al-Durrah y su hijo refugiándose en una pared de los disparos de soldados israelíes, del llanto del niño, de los esfuerzos del padre por cubrir con su cuerpo a su criatura. Tras la guerra de Iraq y la caída de Saddam en 2003 se pensó que ya todo estaba dispuesto para dar una solución digna a la gente de Palestina, pero tampoco.

 

Han pasado 20 años más y el Líbano volvía esta semana a ser objetivo militar israelí, como Shabra y Shatila en 1982. Mientras escribía esta columna la edición digital del periódico informaba de una subida del 4% en el precio del crudo ante los tambores de guerra y de un inminente ataque iraní con misiles balísticos sobre Israel. No se ha cumplido un año desde el fatídico ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023 y el resultado no puede ser más descorazonador: aquellas 364 víctimas civiles israelíes inocentes se han centuplicado con creces del lado palestino, con miles de mujeres y niños encabezando unas estadísticas insoportables.

 

Un escenario de guerra global es lo peor que nos puede pasar y ayer las cosas estaban muy mal. Desgraciadamente, sí hay un pueblo que casi no tiene margen para empeorar su situación, de ahí que sea urgente salvar al pueblo de Palestina de un horror que dura demasiado.

 

Publicado en el diario HOY el 2 de octubre de 2024



 

30 octubre, 2019

Desigual


En el verano de 2012 pasé unos días de vacaciones en una gran ciudad de la península y me di cuenta de que había muchas tiendas con el llamativo nombre de desigual. Hasta entonces no sabía de su existencia y me puse pensar en el proceso que llevó a bautizar así a una tienda de ropa que, a simple vista, parecía más colorida y desenfadada de lo habitual.

Desigual es sinónimo de diverso, un adjetivo que nos sugiere imágenes gratificantes de multiculturalidad, de diferencia y de contrastes. En cambio, el sustantivo desigualdad arrastra una enorme carga negativa que se agiganta cuando la escribimos en plural y hablamos de las desigualdades. Se dice que ellas son las causantes de la mayoría de los problemas que acucian a la humanidad, aunque hay quienes prefieren darle la vuelta al razonamiento y afirman que son la consecuencia de sistemas injustos, de mecanismos que hacen que todo se acabe concentrando en unas cuantas manos y que cada vez sea mayor el número de los que no tienen casi nada.

La desigualdad se soporta bien al principio, se entona un “qué le vamos a hacer” o un “así es lo vida” y el tiempo te va poniendo en tu sitio. Acomodarse a lo que hay es una herramienta de supervivencia y se desactiva rápidamente cualquier reclamación de justicia porque eso significaría meterse en problemas. Reivindicar está mal visto y es mejor mendigar, reclamar con sumisión y como favor lo que es de justicia,  antes que poner en tela de juicio el sistema. Siempre será más fácil que los acaparadores desprendan algo de caridad, porque eso de repartir equidad sería poner en riesgo los botines.

Ecuador, Chile o Líbano han sido noticia últimamente, en todos esos lugares hemos visto a fuerzas armadas apalear a sus pueblos y todos tienen en común el hartazgo de quienes ya no pueden más. Cuando se vive en otro mundo, cuando tienes la suerte de no tener que ir contando moneda a moneda lo que te falta para llegar a fin de mes, se corre el peligro de no sentir empatía con aquellos a los que les han subido el precio de un abono de transporte que se les lleva un 15% del salario mínimo.

A la desigualdad económica se unen otras muchas: las que se sufre cuando eres mujer en lugar de varón o negro en lugar de blanco. También cuando el destino te ha hecho nacer en un hospital de Suecia o en un poblado de Haití, en el que las huellas de un terremoto son tapadas por las de un huracán.

Ayer me enteré de que esa ropa desenfadada y colorida, esa que pasea por el mundo el adjetivo desigual, no es precisamente barata. Desconozco si la marca recibe premios por su responsabilidad social corporativa o es otra de esas que confecciona en Bangladesh a 20 céntimos la prenda. Sí me urge saber qué van a hacer quienes nos gobiernen para equilibrar las desigualdades profundas. Todo lo demás me parece infinitamente secundario.

Publicado en el diario HOY el 30 de octubre de 2019

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...