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04 mayo, 2022

Una de espías

Si nos guiáramos por los instintos más básicos, nuestros sistemas políticos tendrían una sola ley con un único artículo: el poder reside en aquel que sea más fuerte. Es lo que ocurre en el reino animal, donde el pez grande se come al chico y donde los depredadores más rápidos y robustos se convierten en reyes de selvas, mares o praderas.

La cuestión es que algunos bípedos empezaron a evolucionar, a usar herramientas y a desarrollar el pensamiento hasta cotas insospechadas, pues hubo quienes llegaron a creer que todas las personas eran iguales en derechos y que el poder debería residir en los pueblos y en sus voluntades expresadas de manera democrática.

Pero las democracias también han sufrido vaivenes en su breve singladura histórica. A nadie se le oculta que los días que vivimos son uno de esos momentos en los que hay muchas incertidumbres, porque no solo vemos dificultades en hacer llegar la democracia y los derechos humanos a lugares donde jamás los han disfrutado, sino porque también sentimos tambalearse sus cimientos en países en los que, con enormes defectos y grandes cortapisas, se podía afirmar que había democracias y libertades consolidadas.

Hasta hace tres días había comentaristas con pedigrí de demócratas quitándole importancia a las escuchas ilegales denunciadas por The New Yorker y sufridas por políticos y algunos abogados. De nada servía que la Constitución, esa que tanto dicen defender, tuviera un artículo para garantizar como derecho fundamental el «secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial».  Al releerlo me he dado cuenta de lo desfasado que ha quedado este texto, donde alguno de los ejemplos de comunicaciones puede ser hasta desconocido para la mitad de la población. Pero lo cierto es que las comunicaciones hoy tienen mil formatos, se han convertido en imprescindibles en nuestro quehacer cotidiano y estamos descubriendo que quienes deberían velar para que fueran secretas para todo el mundo no siempre logran esa privacidad absoluta ni para ellos mismos.

No sabemos cómo acabará esta historia de espionaje de altos vuelos. Sería nefasto que tuviera su origen en la injerencia de un país extranjero, pero aún habría alguna opción más estremecedora: que entre esos servicios que llaman de inteligencia y que han de velar por la seguridad y los derechos de todas las personas, hubiera grupúsculos con tanto exceso de poder y tan escasa formación cívica como para poner en jaque no solo al gobierno de turno, sino a los principios básicos que emanan de la Declaración Universal firmada en 1948.

Si no fortalecemos la democracia y garantizamos los derechos y libertades por encima de cualquier coyuntura, estaremos dando carta blanca a los más fuertes, que no siempre coinciden con los más razonables. Habremos desandado los avances históricos y estaremos poniéndonos en manos de quienes pueden acabar sabiendo todo de nosotros, de los que llevan las riendas de ese caballo alado que da nombre a un software que funciona como suero de la verdad. La próxima vez que restemos importancia cuando se espía sin garantías a alguien que nos cae mal, pensemos que mañana nos puede tocar a nosotros. Y entonces será tarde.

Publicado en el diario HOY el 4 de mayo de 2022




15 julio, 2015

El fin de la democracia



En las clases de Cultura Clásica, una asignatura que no sé si subsistirá a la última reforma, se les comentaba a los adolescentes que la democracia tenía su origen en Grecia y que el vocablo provenía de dos palabras que significaban pueblo y gobierno. Si en el próximo plan de estudios la asignatura pasara a denominarse Cultura Postcontemporánea, por poner un ejemplo, podría afirmarse también que es en aquel país donde la opinión del pueblo soberano pasó a convertirse, sin ningún pudor, en la nada más absoluta frente a la fuerza de los verdaderos poderosos.

Nada nuevo ha ocurrido en las dos últimas semanas que no supiéramos. Éramos conscientes de que los gobiernos que votamos los ciudadanos, los representantes que ponemos en nuestros parlamentos, tienen muy limitadas sus posibilidades de acción porque están en manos de poderosos grupos de interés que jamás se presentan a las elecciones, pero que son quienes realmente deciden qué se hace , a quién se beneficia con las leyes y a quién se perjudica con unas medidas u otras (generalmente a los mismos de siempre). Los entresijos que nos llegan de las conversaciones en Bruselas hablan de humillación a un pueblo, y personas tan poco sospechosas de radicalidad como Krugman o Stiglitz, premiados con el Nobel de Economía, consideran poco menos que inhumano someter a los más desfavorecidos de Grecia a nuevas penalidades.

Ya habrá quien analice pormenorizadamente la situación en la que vive el euro y la economía europea, porque la microeconomía de los ciudadanos griegos no se analiza casi nunca en las páginas de color salmón. Así que podría ser mucho más interesante pararnos a pensar qué nos queda de soberanía democrática en los estados del sur de Europa más allá de lo meramente formal. Podemos votar, podemos convocar un referéndum, podemos incluso ganarlo para mostrar que tenemos algo llamado dignidad y, finalmente, nos pueden dar un golpe de estado sin tanques, que es como se dan en la Europa del siglo XXI. Cuando uno repasa el sufrimiento del pueblo griego ante la ocupación alemana entre 1941 y 1944, no puede dejar de pensar cuán injusto está siendo el gobierno de Merkel  y sus socios del SPD con un pueblo que le perdonó en 1953 la deuda por los destrozos causados.

El modelo de Europa está en peligro y nos están señalando a Tsipras como culpable, cuando no es más que testigo de una situación que no ha creado en los seis meses que lleva gobernando. La cuestión es mucho más grave: si Alemania, con el apoyo vergonzante de Francia, pueden imponer desde un despacho lo que cada país de la Unión debe hacer con las pensiones o con los servicios públicos, es necesario que nos lo planteen abiertamente a la ciudadanía europea. Pero más urgente aún es desvelar quién se esconde y se beneficia en los llamados mercados del sufrimiento de los jubilados y niños de Grecia. Solo así evitaremos el principio del fin de la democracia.

Publicado en el diario HOY el 15 de julio de 2015.


14 noviembre, 2011

Pedir un deseo


El domingo es el día que nos han indicado para ejercer de ciudadanos. Algunos querrán que nuestra función se acabe esa misma jornada y que nos olvidemos de nuestra condición durante cuatro largos años. Hasta el otoño de 2015 nos tocará ser meros espectadores de lo que ocurre y cualquier queja o desacuerdo que se pase por nuestra cabeza será acallado mostrándonos los resultados del 20 de noviembre. Se traga uno los dos debates y escudriña los programas de cinco formaciones políticas pero de poco sirve. Sigue teniendo más valor contractual una octavilla de la charcutería que anuncie tres salchichones por dos euros, que los cientos de páginas encuadernadas y redactadas por quienes van a ser padres de la patria. Lo del domingo se parece, cada vez más, a la acción de lanzar una moneda y pedir un deseo. La capacidad que tenemos para reclamar que se cumpla lo prometido es la misma que tiene un turista que ha lanzado un céntimo en la fontana de Trevi, porque ni el alcalde ni el obispo de Roma se hacen responsables subsidiarios. Existen muchísimas posibilidades de que los que elijamos como nuestros representantes se vean forzados a cambiar sus promesas por las directrices que les dicten los mercados. Pero los mercados parece que todavía no se hanpresentado a las elecciones, ni sabemos sus nombres, ni hemos visto todas suscaras. La única forma de hacerles frente quizá sea confiando nuestras insignificantes papeletas a los que siempre antepondrán los intereses de la ciudadanía más inerme frente al ansia de los especuladores. Estupendo. Ya solo nos queda saber quiénes son (si es que existen).

Publicado  en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de noviembre de 2011.

El dibujo, más ilustrativo que nunca, es de EL ROTO.

07 noviembre, 2011

Alfa y Omega


Recuerdo como si fuera hoy la tarde en que Teresa, nuestra profesora de griego, nos enseñó el alfabeto en el aula 25 del antiguo instituto Bárbara de Braganza. Desde entonces he admirado a ese pueblo que construyó la más grandiosa de las épicas, inventó la democracia y ha acabado mezclando en el último año tragedias de Sófocles y comedias de Aristófanes. Antes de que nos explicaran los complicados verbos polirrizos, nos habían enseñado que las preguntas que sólo admiten un sí o un no por respuesta son siempre más fáciles que aquellas en las que se pueden elegir múltiples contestaciones. A los niños pequeños no les puedes poner un catálogo con mil piezas para que elijan, sino que se las has de mostrar de dos en dos para que vayan escogiendo la que prefieren. En cambio, los políticos tradicionales consideran que los electorados actúan de forma radicalmente diferente al ser humano: son sabios, inteligentes, listos y sensatos cuando eligen parlamentarios y gobernantes de entre un amplio abanico, pero nos consideran inútiles totales para asentir o rechazar una simple decisión transcendental. La semana pasada faltó poco para que Merkel y Sarkozy dieran otro golpe de coroneles, se acercaran a la plaza Syntagma de Atenas y gritaran “ríndanse y entreguen las urnas”. En la noche que iba del miércoles al jueves los potentados de occidente se marcaron discursos que nos retrotraían al XIX y algunos comentaristas estuvieron al borde de pedir la vuelta del sufragio censitario. No sabemos si Grecia tendrá un final trágico, pero parece que la cuna de la democracia occidental podría ser también su tumba. Alfa y omega.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de noviembre de 2011.

11 julio, 2011

Calificar


La misma tarde que Moody’s decidía calificar la deuda portuguesa como basura, me planteé la posibilidad de dedicarme también a calificar. La primera reacción, quizá visceral, fue la de atribuir a las llamadas agencias de rating el calificativo de mafiosas o algo peor. Pero como me han enseñado que evaluar y calificar debe ser una tarea reflexiva y sosegada, me he parado a investigar un poco sobre este tipo empresas, porque no podemos denominarlas instituciones. Para empezar no son nada democráticas y jamás se ha oído hablar de procesos electorales internos. Tampoco son el más alto cuerpo y nivel de una oposición dificilísima. Luego resulta que en su accionariado participan empresas que, a su vez, resultan muy beneficiadas (o perjudicadas) en función del número de letras mayúsculas que dictaminen cada mañana. El nuevo oráculo de Delfos lo conforman tres empresas norteamericanas y al hilo de sus dictados los gobiernos toman medidas, establecen ajustes, despiden funcionarios, suben impuestos indirectos, rebajan los directos, recortan pagas extraordinarias, imponen copagos en servicios sanitarios y modifican las condiciones de supervivencia de millones de personas. En definitiva: nos hemos aprendido de memoria todos los preámbulos constitucionales, toda la parafernalia de la soberanía popular que reside en el Pueblo, y al final nuestros votos influyen en nuestras vidas como el aleteo de una mariposa del Ártico en los huracanes tropicales. La calidad democrática del mundo se resquebraja ante nuestros ojos, los adjetivos para expresar hartazgo se agotan y todo empieza a ser, simplemente, incalificable.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de julio de 2011.

23 mayo, 2011

15

Hoy es uno de esos días difíciles para la gente de letras: se habla demasiado de números. Imagino que ya habrán escudriñado todas las cifras y porcentajes, ya está claro quién llevará la vara de alcalde en unos sitios y dónde habrá incertidumbres en función de pactos. Pero hay quien dice que desde el pasado día 15 las cosas ya no podrán ser como antes y que las maquinarias de los grandes partidos tradicionales, que funcionan con los mismos parámetros del XX, se han quedado en fuera de juego ante una respuesta popular incontrolable. Ha sido curioso ver las caras de asombro de contertulios sabelotodos que jamás habían escuchado las siglas ATTAC, ni sabían nada de múltiples movimientos sociales que eran fácilmente silenciados con el aislamiento mediático. Hace 20 años era imposible convocar a la ciudadanía por una causa justa si no te daban cancha periódicos y televisiones. Hoy, en un par de horas, se consigue movilizar a millares de personas sin necesidad de tener una licencia de TDT. No sé qué será de este movimiento, si será reventado con infiltrados o desprestigiado con bulos. De momento ha servido para poner en cuestión algunas verdades inquebrantables que los jóvenes de la transición han querido convertir en eternas: un sistema democrático en el que nuestra función como ciudadanos de pueblos y regiones se acabó ayer y no reaparece hasta dentro de 1480 días. Hasta entonces seremos súbditos, con todas las garantías que quieran, pero meros súbditos cuya opinión rara vez es tenida en cuenta. Nos toca elegir entre el espíritu del pasado día 15 ó el silencio hasta el próximo año que acabe en 15.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 23 de mayo de 2011.

06 diciembre, 2010

Nada nuevo

En infinidad de ocasiones intuimos perfectamente las historias y lo único que nos falta por conocer es la literalidad de lo ocurrido. Algo así nos ha pasado a muchos con los descubrimientos de wikileaks: hacía años que teníamos casi la plena seguridad de que los gobiernos se las gastaban así. Lo novedoso es que ahora hay pruebas que salen por escrito y en documentos oficiales que llevan sello, firma, compulsa y hasta registro de entrada y salida. Así que, una vez desvelado y comprobado que nuestros gobiernos se manejan con una literatura que saca los colores, ahora llega el turno de matar al mensajero. Cuando escribía estas líneas, Julian Assange estaba en búsqueda y captura, sus páginas desaparecían de algunos servidores de Internet, y los mandatarios andaban más preocupados en acallar la verdad que en dejar de cometer crímenes, despropósitos e intromisiones. ¿A quién beneficia? Es la pregunta que no dejan de hacerse los valedores del sistema, apresurándose a encontrar una vinculación entre Assange y el terrorismo internacional. Y uno piensa que las revelaciones de wikileaks benefician a la ciudadanía. No nos vengan ahora con milongas de seguridad. Lo que necesitamos saber los ciudadanos - y nos da igual quién nos lo diga o cómo logre averiguarlo - es si la democracia que decimos defender en el mundo es un sistema respetuoso con los principios elementales de los Derechos Humanos, o si occidente está en manos de una auténtica banda que haría un gran papel secundario para la cuarta parte de El Padrino. Muchos ya imaginábamos la respuesta: nihil novum sub sole.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 6 de diciembre de 2010.

24 mayo, 2010

Elecciones a mercados financieros

La semana pasada, en un arrebato de impotencia ante las noticias que leía, decidí crear un grupo en una red social con la esperanza de que toda la humanidad me siguiera. Cuando escribo estas líneas el número de adeptos alcanza una cifra que no sabría como calificar pero que no es descomunal. Trece para ser exactos. El grupo se llama “Quiero votar en las elecciones a mercados financieros”. Y es que uno no aguanta más: estoy harto de leerme de cabo a rabo cada programa electoral, sopesar cada propuesta, agruparlas en columnas para ver y comparar lo que más me conviene a mí y la opción que es menos nociva para el planeta. Y al final no vale para nada porque sí, son los mercados financieros los que acaban diciendo a los gobiernos lo que deben hacer y lo que no. Esto ya ha dejado de ser un grave problema económico para convertirse en una herida de muerte en los pilares de la democracia. Si mis gobernantes, a los que elijo para obrar de una manera y no de otra, se dedican a hacer lo contrario de lo prometido para satisfacer lo que dicen unos señores a los que no he votado y de los que no sé nada, entonces quiero que se cambien las reglas del juego. Quiero que esos que llaman mercados financieros se presenten a las elecciones, hagan sus listas electorales, den mitines, participen en los debates televisados y rindan cuentas. Esa y no otra es la única vía que deberíamos aceptar como método de intervenir en la política. Cualquier otra forma de influencia o intervención me recuerdan, en el fondo, a las que describía Roberto Saviano en su libro Gomorra. Y me imagino que por ahí no vamos a pasar. ¿O sí?

03 mayo, 2010

Estándar de pobreza

Hasta hace unos días desconocía la existencia de Standard & Poor’s. Hoy sé que existe pero sigo sin entender muy bien a qué se dedica. Me explican que es una agencia de ratings y la aclaración tampoco resuelve mis dudas. Parece, eso sí, que cada mensaje que emite tiene un efecto que puede llegar a repercutir en los bolsillos de los ciudadanos. Reconozco que soy de los que nunca leen en profundidad las páginas de color salmón de los periódicos, y que no me he dejado la vista intentando averiguar la cotización de los valores porque jamás he jugado en bolsa. Algunos lo llaman invertir, pero el verbo más apropiado es jugar, porque sabemos que hay tanto movimiento especulativo que cualquier atisbo de lógica es difícil de encontrar. La primera vez que escuché Standard & Poor’s creí que se trataba de una empresa que diseñaba estándares de pobreza. Parecía un término absurdo pero tampoco me extrañó demasiado. Mas bien lo vi como una prueba más de que habíamos llegado a la perfección del mundo homologado y con certificado de calidad, donde la miseria y la necesidad no iban a deambular de cualquier manera sino siguiendo modelos preestablecidos. Los de África están descatalogados y sin tratamiento, mientras que en otros continentes conviene que haya menesterosos sin que lleguen a la categoría de pobres de solemnidad. En Europa se prefiere que los pobres tengan lo suficiente para consumir pero sin comodidades, con el miedo al desempleo para acallar cualquier crítica. Tanta preocupación por votar cada cuatro años y resulta que nuestras vidas dependen de estos nuevos oráculos. ¿Quién los habrá elegido?

28 septiembre, 2008

Pedro Urraca y otros muchos


Hoy en EL PAÍS hay un interesante reportaje sobre Pedro Urraca Rendueles, un policía fascista -colaboró con la Gestapo y el régimen de Vichy, no es palabrería-  que se encargó de detener a representantes populares elegidos democraticamente para ser fusilados por el franquismo. La historia ha dejado de indignarme. Me indigna el presente. ¡Qué falla en la democracia que tenemos que impide hasta el 2021 conocer el expediente público de este tipejo! ¿Cuántas urracas hay? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Siguen cobrando trienios los que se infiltraban en las fuerzas democráticas para detener y torturar a sus militantes a principios de los 70? ¿Han pedido perdón por algo? ¿Se vanaglorian de lo que hicieron en sus cenas de Navidad y de ex-compañeros? ¿Están arrepentidos? Me pregunto si en el 2021 habrá quien diga que queremos remover heridas.  La respuesta es que no nos dejaron hablar antes.

Hay otra cosa que me ha dolido en el alma: hace falta tener poca vergüenza para usar el seudónimo de Unamuno para estas fechorías.

05 abril, 2008

Discriminación, cofradías y obispos

Acabo de leer una noticia en EL PAÍS.

Una mujer ha sido expulsada de un cofradía religiosa por haberse casado. Llevaba en la cofradía desde que nació, pero es ahora, tras su boda con otra mujer, que la han puesto de patitas en la calle.

Líbreme dios de dar consejos, pero creo que lo que debería hacer esta mujer es ir por lo penal y, en el caso de que las jerarquías eclesiásticas intenten aducir la orientación sexual como "razón" para la discriminación, que el Fiscal general del Estado abra diligencias y vea si los Estatutos de esta asociación, hermandad o secta religiosa (me refiero a la Iglesia Católica) es legal de acorde con la Constitución y los Derechos Humanos.

No estoy hablando de perseguir a la Iglesia y a sus creyentes - yo sería capaz de manifestarme en defensa de su derecho a creer en el espíritu santo y hacer procesiones-, sino de que cambien sus formas de gobierno y de actuación para que sean acordes con la democracia. No puede ser que la mujer esté vetada para ejercer cargos o funciones en niguna asociación, ni en las sociedades gastronómicas ni en nada.

Creo que si el Estado es coherente, debería hacer unaley de asociaciones, hermandades, cofradías y religiones que, como la Ley de partidos, ilegalice a quien no sea demócrata. Igl

Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...