Mostrando entradas con la etiqueta injusticia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta injusticia. Mostrar todas las entradas

18 noviembre, 2013

Seguridad ciudadana

Escuché que Corcueraaquel de la patada en la puerta, había estado por aquí para hablarnos de democracia. No me cabe duda de que su aportación habrá sido muy importante en unos momentos en los que las libertadas y la justicia están en el centro del debate. Repasamos las sentencias absolutorias de los casos más negros de la historia de España y el desencanto se adueña de cualquier alma sensible. Imagino que no soy el único en pensar que las leyes son más severas con los parias que con los poderosos: Que muchos casos de corrupción se vayan a saldar con coste cero para sus causantes es algo que gran parte de nuestra sociedad ya percibe como normal y debería preocuparnos. Uno, que se estremece al pensar que el 70% de nuestras cárceles lo forman pequeños traficantes de droga, no puede dejar de sorprenderse al ver tantos delitos graves impunes.

En fin. Vivimos un tiempo en el que algunos se apresuran a cambiar normas, para que los códigos que rigen los castigos se acentúen todavía más en la misma dirección de siempre. Ahora hay un anteproyecto de ley de seguridad ciudadana que parece destinado a coartar los derechos fundamentales de los que nada tienen, pero sin mover una coma contra los potentados que causan daños irreparables. Los escraches a quienes desahucian serán perseguidos y ningún responsable de ningún consejo de administración perderá el sueño si sus decisiones provocan injusticia, sufrimiento y destrucción. En lugar de dar una patada en la puerta, parece que ahora van a dar muchas y en diferentes lugares. Yo nunca pensé que aquella ley Corcuera pudiera ser superada. A menudo me equivoco.
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de noviembre de 2013.

27 diciembre, 2010

Júbilo

Una columna que se titule así en la última semana de diciembre podría llevar a engaño y parecer una apología de villancicos, fiestas y excesos. Pero no. Es una reflexión sobre la etimología de las palabras, sobre cómo un término que es sinónimo de viva alegría, y especialmente la que se manifiesta con signos exteriores, puede derivar en preocupación, incertidumbre e injusticia. El verbo jubilar tiene la acepción coloquial de desechar algo por inútil y el diccionario mantiene, con la advertencia de estar en desuso, el significado de alegrarse y regocijarse. Últimamente cualquier mención a estas palabras nos conduce a un debate desolador. Si no lo remedian los propios afectados, en el futuro habrá que trabajar durante más años para poder dedicar la última etapa de la vida al merecido descanso. Y es que no les cuadran las cuentas a los señores del mundo, que nos hablan de problemas demográficos en un planeta superpoblado y ahora necesitan que la alegría y el júbilo se aplacen dos años más. Y les interesa fundamentalmente a los bancos, para revitalizar los planes de pensiones, una gran fuente de ingresos y que está de capa caída. Pero más que intentar convencer con datos, que Vicenç Navarro y Juan Torres ya lo hacen con maestría, me paro a pensar en lo difícil que se lo estamos poniendo a la gente más joven para ganarse la vida. Pasar de 65 a 67 años supone una mala noticia para quienes están en esa edad, y una pésima noticia para toda esa generación preparada y con ideas nuevas. No podemos permitírnoslo socialmente, pero tardaremos décadas en darnos cuenta de los errores que hoy estamos cometiendo.


La viñeta es de EL ROTO.

09 junio, 2008

Abuso de poder


Cuando alguien es víctima de una injusticia o de un delito a manos de cualquier desalmado, siempre tiene la esperanza de que la autoridad venga a poner las cosas en su sitio. Todo se complica si quien reparte injusticia y administra brutalidad es el organismo encargado de velar por nuestros derechos. Ahora que se han destapado las fechorías de un tal Ginés y su grupito de policías locales de Coslada, uno no puede evitar pensar en la peliaguda situación en la que se ven inmersos quienes padecen los abusos de poder en todas sus formas, desde las más nimias y sutiles, hasta las que hacen peligrar la integridad física. En los últimos años han aparecido palabras inglesas como bullying o mobbing que no hacen sino poner un aire de modernidad a problemas y situaciones con una importante tradición. Quienes han estudiado estos asuntos con profundidad creen que estos excesos tienen un caldo de cultivo en los grupos jerarquizados y en los que no existe contacto entre responsables máximos y los puestos inferiores del escalafón. En esos casos debe de ser complicado encontrarse emparedado entre un superior que incumple las normas y que nunca sabes si cuenta con el beneplácito o la aquiescencia de los jefes supremos. Puentear los cauces previstos se convierte en una especie de cara o cruz que puede acabar en justicia o defenestración absoluta. Así que nunca está de más bajar a la tierra, leer entre líneas y abrir bien los ojos para que entre los alumnos, entre los trabajadores, entre la tropa y entre la ciudadanía no se produzcan ni acosos entre iguales ni, sobre todo, abusos de poder.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de junio de 2008.

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...