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17 junio, 2013

Exámenes

Hace unos veinte años hubo una interesante exposición artística, en el edificio de los Garajes Pla en Badajoz, con un gran interrogante en la puerta donde se invitaba a pensar en formas de reeducación social diferentes a la cárcel. Ni que decir tiene que hubo algún degenerado que contestó a la pregunta con una pintada de lo más tabernaria y troglodita, pero a muchos nos sirvió para reflexionar y no dar siempre como axioma aquello que pudiera no serlo.

Me he acordado de esta historia al hilo del comentario de un buen amigo y profesor, que  afirmaba corregir los trabajos acompañado de canto gregoriano. De repente me vinieron a la cabeza unas asociaciones de ideas e imágenes en las que se entremezclaban frailes, universidad, exámenes, y hasta Fray Luis de León con su famosa frase del “como decíamos ayer”.
Precisamente mañana, cuando muchos estudiantes extremeños comenzarán los exámenes más determinantes de sus vidas, sería un buen momento para escribir en las puertas de los centros educativos una pregunta del mismo tipo: ¿Te has planteado alguna vez utilizar formas de evaluar diferentes de los exámenes? ¿Has pensado que puede valorarse cuánto y cómo se ha aprendido una determinada materia sin tener que someter a nadie a la puesta en escena de juicio sumarísimo? Pues parece ser que no, que  todavía hay mucha gente a la que no se le pasa por la cabeza nada alternativo sino todo lo contrario, como poner pruebas de reválida a los niños de 11 años.  Si nada en nuestras aulas es como hace 500 años, debería preocuparnos por qué seguimos empeñados en evaluar a la antigua usanza y en no explorar otras posibilidades sin tanto maldito rotulador rojo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA EL 17 DE JUNIO DE 2013 

05 diciembre, 2011

De memoria



El fundador de tuenti, que se llama Zaryn Dentzel  y que pasó un curso académico en Cabeza del Buey cuando tenía 15 años, ha venido y nos ha contado que nuestro sistema educativo abusa de la memorización. También nos ha dicho que hay que aprender bien inglés, pero eso no hace falta que nos lo repitan una vez más desde California. De hecho, hasta se puede decir que tenemos a gala ser el país en el que se exigen conocimientos de este idioma en todos los trabajos salvo en el de presidente del gobierno. Dentzel afirmaba que este sistema tan memorístico nos desactiva la capacidad emprendedora y quizá tenga parte de razón. Nos tienen desde la más tierna infancia haciéndonos aprender como loros definiciones y conceptos que, en el mejor de los casos, desaparecen totalmente en un par de meses. Salvo excepciones, que las hay, nuestro sistema de aprendizaje consiste en embuchar páginas que se desembuchan en un examen que tiene el mismo formato que cuando Fray Luis de León daba clases en Salamanca. Me contaba un profesor de la Facultad de Empresariales que había preguntado a sus alumnos de primero cuál era su expectativa laboral más deseada. Imagino que no les sorprenderá que un 75% que quería prepararse unas oposiciones para ser funcionario. Si esto ocurre donde la gente se prepara específicamente para emprender, qué no ocurrirá en otras facultades. Hemos desterrado de la formación el trabajar el equipo, la cooperación y la generación de ideas. Así que no es de extrañar que hace unos años la mitad de las peticiones de ayuda para proyectos de autoempleo fueran para algo tan brillante y genuino como montar un bar.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 5 de diciembre de 2011. 

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...