16 noviembre, 2005

Fósforo blanco



Fósforo blanco

Una de las normas básicas del proceso de enseñanza-aprendizaje es que para modificar una conducta no se puede hacer uso de la propia conducta que queremos cambiar. Existe un mensaje verbal que, en el caso de no coincidir con el mensaje real, provoca el efecto contrario al deseado. Ocurre con los padres que mientras encienden un cigarrillo prohíben a sus hijos fumar: la norma pronunciada se disipa ante el ejemplo. El mismo esquema se repite en cualquier aspecto de la política nacional o internacional, aunque es en este último campo donde podemos encontrar las paradojas y cinismos más espectaculares.

Si la guerra de Irak ya nos había dado ejemplos para llenar enciclopedias, el paso del tiempo nos va sacando a la luz el miserable concepto de estadistas de los que se reunieron en las Azores a principios de 2003. Querían llevar los derechos humanos a Oriente Medio y se traían en cárceles volantes e ilegales a seres humanos a los que torturar cruelmente; querían desmantelar el arsenal químico iraquí mediante un fósforo blanco con efectos similares al napalm; decían hacerlo todo por la libertad y la seguridad pero nunca aquel país estuvo más inseguro que ahora, ni siquiera durante los años de aquel dictador que era odiado o alabado según favoreciera a los mercados del crudo. Montar una guerra para acabar con las armas químicas usando las mismas armas químicas es como apagar fuegos con lanzallamas. Aquello de “créanme si les digo que en Irak hay armas de destrucción masiva” fue una fase que marcó época y que pensábamos que era una gran mentira. Hoy el fósforo blanco nos desvela que Bush, Blair y Aznar eran menos embusteros de lo que parecían pero mucho más crueles de lo imaginable. ¿Pedirán perdón algún día?

Javier Figueiredo

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de noviembre de 2005

13 noviembre, 2005

Dios ( o quien sea) nos salve



Telecinco pregunta en su página web cuál debería ser el modo de encajar la asignatura de religión en la escuela. Han ido a votar a toque de silbato desde todos los colegios religiosos y los estrategas del PP no les han explicado que la opción "políticamente correcta" era la a. Supongo que lo que quieren es que la religión sea opcional y evaluable, para que sea una asignatura en la que conseguir fácilmente un sobresaliente. Pero les han salido los "adentros". Estos son los resultados:

a. Opcional y evaluable 12%
b. Obligatoria y evaluable 53%
c. Opcional pero no evaluable 5%
d. No debería haber 30%

Vemos que las posturas "oficiales" de PP y gobierno son las más minoritarias. Los que pensamos que por respeto a los derechos humanos las escuelas públicas deberían mantenerse al margen de la catequesis, nos asusta que el 53% de los que han votado piensen que la religión debe ser obligatoria. ¿Cuánto tardaremos hasta que sea obligatoria en todos los colegios la misa y comunión? ¿Volverá a cantarse el "Cara el Sol"? Si por algunos fuera...

08 noviembre, 2005

Las aulas y la calle


Las aulas y la calle

En poco tiempo las calles se han llenado de quienes están preocupados por lo que ocurre en las aulas: hace unos días eran estudiantes los que se quejaban ante las concesiones del Gobierno a las órdenes religiosas y a los colegios concertados, pero el fin de semana es la derecha sociológica la que reclama asignatura de religión con castigo para los no creyentes o más dinero para sus centros aunque reservando el derecho de admisión. Que la educación sea centro del debate es una noticia importante para nuestro futuro pero que en él se reproduzcan las posiciones atrincheradas de la coyuntura política actual es un pésimo augurio. Es urgente una norma consensuada, que sirva para varias generaciones y con la que puedan trabajar gobiernos de signo diferente. Conseguirlo será el producto de la cesión y de la negociación entre partidos, sindicatos, madres y estudiantes.

Pero, antes que nada, habría que ponerse de acuerdo en unas cuantas premisas básicas sin las cuales la LOE acabará en el mismo cubo que la LOCE o la LOGSE: Habría que intentar que la educación sea lo más universal posible, que lograra formar ciudadanía en el más amplio sentido del término, que ofreciera calidad a todos por igual y que no fuese el primer escenario de ningún tipo de segregación. Además del acuerdo hará falta dinero para adecentar los centros, rebajar las ratios (especialmente en educación infantil), fortalecer las materias instrumentales y los idiomas, reciclar profesorado y dotar de personal especializado para atender la diversidad y complejidad del alumnado del siglo XXI. ¿Habrá presupuesto para estos cambios o habrá que hacerlo con los escasos y desanimados mimbres que tenemos?

Javier Figueiredo

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el día 11 de noviembre de 2005

06 noviembre, 2005

La voz humana


La voz humana

Antiguamente comprabas un producto en una tienda y tenías la posibilidad, en caso de que hubiera algún defecto, de ir a la tienda y tratar humanamente con el vendedor. Las compañías de comunicaciones han inventado una forma especial de atender al cliente que consiste en que, al tiempo que incrementas su cuenta de resultados con la oportuna llamada telefónica, una voz grabada te va mencionando los números que debes pulsar o decir hasta comunicar la queja. A tal punto ha llegado el uso y abuso de esta costumbre que alguna comunidad autónoma quiere obligar a que estos servicios sean atendidos por personas con capacidad de razonar y de escuchar al cliente.

Intentar desligarse de una compañía telefónica es una aventura que empieza por escudriñar la página web sin encontrar un apartado dedicado a bajas. Pasas a un teléfono de tarifa especial en el que te van diciendo cada una de las posibilidades que cada guarismo abre, desde resolver problemas técnicos a consultar facturas, todo amenizado por una voz y un tonillo especial que acabará desembocando en una tecla autodenominada de ayuda y que no es otra cosa que volver a empezar. Todos los logros conseguidos por las asociaciones de consumidores se desmoronan cuando tenemos que explicar nuestras quejas a una máquina insensible y sin capacidad para comprender nada que no sean pulsaciones numéricas. El regreso de la voz humana al otro lado del teléfono es una noticia para la portada de los periódicos. Quizá el resultado sea el mismo pero podremos ser tratados con protocolo de seres humanos, algo que algunas multinacionales estaban olvidando.


Javier Figueiredo

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 6 de noviembre de 2005

¿No es para tener nostalgia de Superman y su cabina de teléfonos?

05 noviembre, 2005

Arde París

Arde París

Hace casi cuarenta años que los jóvenes inundaron París intentando encontrar la playa bajo los adoquines. Alentados por una reflexión intelectual que les impulsaba a pedir lo imposible y a hacer de la imaginación un componente del poder, los sueños del 68 se diluyeron y sus líderes acabaron por ser los apuntaladotes del mismo sistema que pretendieron derribar. Cuatro décadas después vuelve a haber jóvenes en las calles de la capital francesa pero no en el centro sino en los suburbios, no en las universidades sino en las puertas de los institutos en los que el fracaso escolar va amontonando seres humanos que acaban por engrosar ese 17% de desempleo. Una significativa parte de segunda generación de emigrantes despliega una violencia ciega, gratuita y destructora, sin la reflexión filosófica de aquel mayo francés pero con la sórdida y dura realidad social del cuarto mundo del año 2005. Tavernier reflejó en Hoy empieza todo (1998) la degradación de las sociedades industriales, la creación de bolsas de marginación y pobreza y la formación de abismos entre ricos y pobres. Ken Loach nos deleitó en las últimas décadas con películas que nos ponían delante de nuestros ojos situaciones de injusticia que, inexplicablemente, los gobiernos siguen sin resolver. Hoy los alrededores de París arden, los destrozos se acumulan y Sarkozy pretende resolverlo con insultos generalizados a los jóvenes de esos barrios y más policías. Los lamentables estragos se podrán apagar temporalmente pero Villepin debe ser algo más que un bombero y atajar las causas de un fuego que podría llegar a otras ciudades europeas.

Javier Figueiredo

Cambiarla

Cambiarla

La campaña publicitaria del PP retrata a unos niños del año 78 que reclaman su participación en el debate constitucional. Uno, que entonces era más joven que los chicos del anuncio, se pregunta si no deberían haberse introducido antes esas modificaciones. Es curioso que nadie viva ni trabaje con las condiciones, herramientas ni costumbres de la serie Cuéntame pero que la ley de leyes sea vigente e intocable. Además, las dos generaciones que no votamos el 6 de diciembre de 1978 deberíamos tener la oportunidad de poder participar - alguna vez - para no acabar creyendo que la Constitución es de naturaleza divina y no humana.

Hasta tal punto está desfasado el texto que, cuando el lunes pasado nace Leonor, todo el mundo se da cuenta de que la discriminación legal por razón de sexo consagrada en el texto legal es tan anacrónica como el decorado de la familia Alcántara. Pero son tantas las circunstancias que han cambiado en estas décadas que modificar la Constitución sólo por este hecho sería un ridículo absoluto. Si la monarquía es una institución insustituible e intangible debería serlo con todas las normas inherentes a su carácter sobrenatural. Si la cuestión es adecuar el acceso a la Jefatura del Estado a los nuevos tiempos podemos dar un paso adelante y eliminar la discriminación no sólo en función del sexo sino también del apellido. Es triste escuchar a todas horas a quienes ya están determinando hasta los estudios de quien acaba de nacer, su formación militar y hasta el tratamiento de su futuro marido: Si no fuera porque lo vemos en la tele pensaríamos que estamos en el medioevo. La modernidad que plantea superar estos desajustes podría avanzar hasta conseguir que la más alta instancia del Estado pudiera ser una mujer, hija de inmigrantes ecuatorianos, sin lustre en los apellidos ni glorias bélicas entre sus antepasados, pero elegida por voluntad popular. ¿Tan difícil sería algo tan simple?


Javier Figueiredo

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 3 de noviembre de 2005

27 octubre, 2005

El estatuto y la heterodoxia



El estatuto y la heterodoxia

Sería muy fácil ponerse en la cola de los que van apedreando al nuevo estatuto catalán desde la distancia aunque siempre existe la posibilidad de tratar de salir del coro y articular una opinión diferente: nuestra democracia es tan sólida que permite discrepancias cordiales en este asunto sin que nos vaya la vida en ello. La verdad es que cualquier texto es mucho más interesante que doscientos artículos que ni sorprenden ni cultivan el alma del lector porque, en el fondo, no hay nada que pueda provocar asombro si se conoce un poco de la historia reciente – y no tan reciente – de la península: nada se propone que no se fuera previsible teniendo en cuenta los postulados mantenidos por la mayoría de los partidos catalanes.

Sí que habría resultado llamativo que la nueva norma pretendiera devolver al Estado competencias ya asumidas, pero la ampliación del estatuto agotado deja bien claro la voluntad de respetar los límites establecidos en el artículo 149.1 de la Constitución. También sería legítimo desde el punto de vista democrático buscar una reforma constitucional aunque no parece que sea ése el propósito de la mayoría de partidos catalanes. Una lectura superficial nos puede producir cierta alegría cuando se observa la plasmación de principios que hace 25 años estaban en pañales, como la participación ciudadana, la igualdad de género, la cohesión social, el medio ambiente o la cooperación al desarrollo. No hay grandes novedades prácticas respecto otros temas polémicos como la realidad lingüística y sí que se observa un enorme espíritu municipalista – donde se ve la mano del Maragall alcalde –  y un escrupuloso respeto a las particularidades del Valle de Arán.

Si uno viene de Nueva Zelanda y ve la que se está montando deduciría que el texto aprobado es una declaración de independencia y que Cataluña no quiere saber nada más del resto, pero lo que podemos leer es que la Generalitat se impone el deber de  prestar la ayuda necesaria a las demás comunidades autónomas para el ejercicio eficaz de sus competencias. Además se articula la contribución a la solidaridad con las demás regiones a fin de que los servicios prestados por los diferentes gobiernos autonómicos a sus ciudadanos puedan alcanzar niveles similares. La cuestión es que lo que se lee en el boletín oficial no se parece en nada a lo que se oye en las tertulias de radios y tabernas, donde entrar con acento catalán puede ser hasta peligroso.

Otro asunto que parece abrir la caja de Pandora es la palabra nación. Para los que nos apasiona la etimología es muy interesante ver cuántas cuestiones políticas acaban frente al diccionario aunque es lamentable que haya personas que se crean en posesión de las palabras y sean capaces de negar derechos por una cuestión de definiciones. Ya hemos visto hace poco algo similar con la palabra matrimonio y no deja de ser una cuestión trivial como la frontera entre piso y apartamento, entre simple casa y chalet. Si todo esto es un problema de nomenclatura es que no estamos en un país serio ni maduro porque del mismo modo que los matrimonios homosexuales no suponen ninguna desvalorización de los tradicionales, la nación catalana no quita ni un pelo a los que quieran seguir sintiendo a la española. ¿No es Cataluña un conjunto de personas que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común? Pues ésa es la tercera acepción de la palabra en el diccionario de la Real Academia

Puesto que el texto se va a seguir debatiendo, sería necesario crear las condiciones óptimas para poner cordura en el debate antes de que la palabra Cataluña se vuelva un arma arrojadiza en el ruedo del juego partidista electoral. Rajoy sabe que enarbolar la bandera española con palabras fáciles contra la inmensa mayoría de Cataluña le supondría un mínimo costo en aquella comunidad (tal vez convertirse en un partido casi extraparlamentario) y recibiría miles de votos de nacionalistas españoles que votan al PSOE. Sabe el líder del PP que tiene a Zapatero contra la pared porque su talante y su capacidad de encaje y mediación pueden naufragar ante los ataques más dañinos, los de sus propios compañeros de viaje. Sólo así se explican reuniones como las del pasado fin de semana en Sevilla, con líderes populares haciendo un discurso de enfrentamiento de territorios que – ahora sí –  recuerda a los Balcanes: Aznar resurge para hacer comparaciones con la antigua Yugoslavia y sería bueno saber con cuál de aquellos protagonistas se identificaría más, si el Tudjman fragmentador o el Milosevic de la unidad.

Pero lo que sí que sería desolador y peligroso es tener en Madrid el gobierno de un partido muy minoritario en Cataluña porque, aunque parezca lo contrario, sería en esa situación cuando más se acentuarían las aspiraciones independentistas. Nada sería más nocivo que un gobierno centralista que negara hasta la discusión preliminar con el noventa por ciento de Cataluña. Para que eso no ocurra son necesarias dos cosas: Que el Presidente de Gobierno sea capaz de usar sus buenas artes negociadoras con los partidos catalanes para afinar cuestiones de financiación y que en su partido le dejen hacerlo. Tras escuchar sus palabras el pasado domingo podemos pensar que lo primero es posible pero, ¿será posible lo segundo? Hasta que sepamos esa respuesta el debate del estatuto catalán va a necesitar de un poco más de heterodoxia.

Javier Figueiredo. Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 27 de octubre de 2005



Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...