07 agosto, 2010

Mis libros (VI)

Lo mejor de La Regenta es acabar el libro y releer el primero de los capítulos. Sus descripciones detalladas son fotografías construidas con palabras. Por no hablar de los personajes. Magistral. Esa es la palabra que me viene a la cabeza. 

06 agosto, 2010

Mis libros (V)


Los nuevos lusópatas tenemos una afición, quizá desmedida, por Mia Couto. A todos les encantó Cronicando o Estórias Abensonhadas. Yo sigo teniendo una predilección por A varanda do Frangipani. Probablemente no sea su mejor obra, pero hay algo de aquella historia, de aquel asilo de anciano y una novela negra del África negra, que me cautivó especialmente. Mia Couto se ha convertido en una de esas plumas a las que sigo fieelmente. No me ha defraudado, de momento.

05 agosto, 2010

Mis libros (IV)

Sólo he leído dos libros de Saramago en español. Historia del cerco de Lisboa, que me firmó un 27 de mayo de 1993 en la Avenida de Huelva de Badajoz, y Todos los nombres, que me regaló mi hermana.

Era una traducción de Basilio Losada y me encantó por varias razones: por la presencia de un corrector (deformación profesional), por el protagonismo de una ciudad que me apasiona más de lo debido, o simplemente porque, por aquel entonces, empezaba  a sentir una lusopatía de la que no he conseguido curarme. Luego ha habido de todo y confieso que algún libro de Saramago me costó acabarlo o me supo a poco. Pero de éste tengo muy buen recuerdo y es el único que me ha firmado un premio Nobel, todavía.

04 agosto, 2010

Mis libros (III)

En mis tres años de literatura en el bachillerato tuve tres profesores de literatura bien diferentes. Un entrañable pelirrojo salmantino que nos hizo leer La Regenta con quince años; un sacerdote que nos desentrañaba a Garcilaso en el aula que unía el laboratorio y el paraninfo del antiguo Bárbara de Braganza en Badajoz; por último, una enciclopedia andante, con la voz entrecortada y el cigarrillo entre los dedos, que nos hablaba de Pío Baroja y Valle-Inclán en el primer COU de jornada continua, a las 8 de la mañana, cuando todavía no había amanecido. 

En una caja deben de estar aquellas libretas de muelle con mucho comentario al margen. En 3º de BUP leí El Quijote por primera vez, pero fue unos años más tarde cuando lo disfruté plenamente. Yo creo que a El Quijote hay que llegar con un bagaje que a veces no se tiene con dieciséis años. Pero hay quien piensa todo lo contrario. No sé.

Me apasionan muchos fragmentos de la segunda parte y recuerdo haber llorado de risa en alguna calurosa noche de verano. Imprescindible, simplemente.

03 agosto, 2010

Mis libros II


Verano de 2008. Tumbado en la terraza devoré esta novela de Almudena, de la que apenas había leído nada. Me la habían recomendado personas muy cercanas y no me defraudó. Muchos piensan que le sobran 300 páginas. Yo sólo puedo decir que me impactó como hacía mucho tiempo que no lo lograba una novela. Imprescindible para comprender lo que pasó (y lo que todavía pasa).  

02 agosto, 2010

Cuatro y diez

Hace unos siete años empezaron a telefonearme, casi todos los días, a las cuatro y diez de la tarde. Eran voces melodiosas, que me llamaban con mis dos nombres sin saber que no uso nunca el primero, y a quienes tenía que ayudar a pronunciar un apellido complicado. Sé de gente que no soporta estas llamadas, pero yo fui capaz de hacer de ellas una actividad gratificante, que me retrotraía a una vocación perdida por la interpretación. Me gustaba responder al acento colombiano con uno de Buenos Aires o de Méjico, me hacía pasar por mayordomo de mí mismo, por mi propio jardinero o por mi secretario particular. Mataba así el gusanillo de unas tablas teatrales que apenas pisé, pero la estrategia acababa por ser engorrosa: entre la oferta de una tarifa nueva y el regalo de una moderna batería de cocina, yo ya no sabía si era mi mozo de cuadra o el encargado de mantenimiento del rancho. Hace unos tres años cambié de estrategia y me centré en un solo papel. A las cuatro y diez, como en la canción de Aute, respondo con tono ronco y pausado, espero la oferta animosa de un ADSL barato, y acabo alegando que soy mayor y que no entiendo de eso de internet. Mis hijos se ríen cuando pongo esa voz de viejecito, y desde el otro lado del Atlántico me piden disculpas por haberme molestado la siesta, actividad que no practico. Estaba preocupado por el mal ejemplo que daba a mis retoños con estas mentiras piadosas, pero es un problema en vías de solución. El viernes me ofrecieron una red wi-fi intermodal para toda la vivienda y contesté que era mayor, que no entendía de esas cosas. Ya no mentí.

01 agosto, 2010

Mis libros I

El verano pasado hice un repaso de canciones que me habían gustado o que tenían un significado especial. Este verano voy a hacer lo mismo con los libros. De manera desordenada, sin criterio alguno. Los habrá buenos y malos, habrá literatura y otras cosas de difícil definición. Somos los que hemos vivido, somos lo que hemos leído. Aunque, a veces, no sepamos cómo leer nuestras propias vidas.

Y empiezo por el verano del 83, a medio camino entre tercero de BUP y COU, y con Cien años de Soledad entre las manos. Recuerdo la enorme pena que me producía llegar a las últimas páginas. Un día de estos habrá que empezar a releer.

Matonismo

En las escuelas siempre había un matón, alguien que se creía con el poder de amedrentar a quien le diera la gana y que contaba con el apoy...