29 agosto, 2006

El calor y la estupidez


Cada vez está más extendido el bulo de que las temperaturas superiores a los treinta grados provocan una merma considerable de la capacidad de discernimiento humano. Sólo así se puede explicar que las programaciones de todos los canales de televisión retiren cualquier atisbo de espacio reflexivo para sustituirlos por lo que se da en llamar emisiones refrescantes, una especie de anuncio de burbujas prolongado en el que, como decían los argentinos Les Luthiers, el que piensa…pierde. Las emisoras de radio no van a la zaga y en agosto reducen la producción informativa y retiran a los comentaristas de la actualidad, como si lo que sucediera en verano se comentara por sí solo o no mereciera comentarios. Las carteleras de los cines, salvo excepciones, se llenan de productos de usar y tirar e incluso una responsable de cultura de un ayuntamiento extremeño reivindicaba la necesidad de vincular la época estival con el escapismo puro y duro. Ocurre que en este mes que parece cerrado para casi todo pueden suceder hechos como la quema de toda una región, los achaques de un gobernante caribeño o el lanzamiento de la bomba atómica. Pero tampoco pasaría nada porque no nos enteremos de lo que acontece en el mundo durante un mes. Lo que sí es grave es la invitación generalizada a la despreocupación: una cosa es usar el ocio como válvula de escape puntual y otra es hacer de los calores estivales el caldo de cultivo propicio para que la estupidez humana se propague sin límites: pensar es gratis y el mundo no está para que las neuronas se vayan de vacaciones. http://javierfigueiredo.blogspot.com/
Publicado en EL RIÓDICO EXTREMADURA el 28 de agosto de 2006

21 agosto, 2006

Uma praia de Portugal


Vou passar uns dias nas praias de Portugal e vou desligar o computador. Na próxima segunda-feira vamos falar o calor e a parvoíce geral provocada no verão

até já!

Segregación

Una sentencia de hace varias semanas avalaba la posibilidad de que hubiera centros educativos sufragados con fondos públicos y que practicaran la segregación por sexos del alumnado. Hay quien intenta argumentar esta barbaridad basándose en el diferente ritmo de maduración física, intelectual y emocional que tienen los chicos y las chicas, pero se olvidan de que en la escuela hay que aprender a socializarse y a convivir con otros seres humanos ajenos al núcleo familiar.

Ahora los hombres y las mujeres comparten en igualdad todo tipo de papeles sociales y laborales. No ha sido fácil llegar hasta aquí y durante años miles de docentes que creen en la co-educación y en la integración han logrado cosas impensables hace treinta años: hoy niños con discapacidades sensoriales, motoras o con síndrome de Down acuden a las mismas aulas que nuestras hijas e hijos. Formar aulas diferentes para niños y para niñas es una aberración tal como separar a blancos de negros, fuertes de enclenques o ricos y pobres, y hacerlo con fondos públicos debiera ser considerada una violación del artículo 14 de la Constitución. La escuela no es una fábrica de espárragos en la que ir calibrando la calidad del producto y la educación es algo más que saber dónde está Nairobi o la raíz cúbica de ocho: es crear un espacio donde los niños y las niñas conozcan seres diferentes, se relacionen con ellos y aprendan a convivir fuera guetos elitistas. Si hoy permitimos este tipo de segregaciones mañana encontraremos escuelas que nieguen la entrada a gitanos, emigrantes o ciegos: no lo consintamos.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de agosto de 2006



13 agosto, 2006

14 de agosto


Hoy hace 70 años que las tropas de un innombrable militar con diéresis entraron en Badajoz. Podríamos decir que ya ha pasado demasiado tiempo y que lo mejor es no volver a hablar del asunto de las matanzas. Podríamos ir a apreciar arquitectura moderna al lugar de los hechos o sentir el peculiar silencio que en esa fecha suele invadir la ciudad. Podríamos quizá suspirar un lamento (¡Fue horrible!), o entonar esa frase que tanto nos define, que ignoro cómo se escribe y que no sé por qué no está en la letra de nuestro himno: ¡Ave, qué le vamos a hacer!

Pero de unos años a esta parte las páginas de la historia han comenzado a enmohecerse a causa de los que no hacen más que piar en busca de una revisión que niegue la existencia de la barbarie. Es por eso que hoy, 14 de agosto, es más necesario que nunca recordar que fue aquí donde ocurrió, que fueron muchísimos los asesinados y que es necesaria una rehabilitación moral y un homenaje a quienes dieron su vida por defender la legalidad. No podemos permitirnos que después de tanto tiempo todavía haya gente que tiene miedo de hablar, y que a cuarenta años de silencio impuesto se hayan sumado otros treinta de un silencio aceptado como mal menor para los convulsos años de la transición. Hoy no se está pidiendo venganza ni castigo a unos culpables que el tiempo ha llevado a mejor vida, sino la rehabilitación de los nombres y apellidos de unos seres humanos que desaparecieron injustamente y cuyas familias necesitan algo más que unas flores, una placa de mármol y una palmada en la espalda: merecen una justicia que ponga a cada uno en su lugar de la historia. http://javierfigueiredo.blogspot.com


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de agosto de 2006.

02 agosto, 2006

Cambio de clima

Desde 2003 no hay verano en el que no tengamos una ola de calor descomunal, de esas que antes se producían cada veinte años. Podría tratarse de un indicio y no de una prueba de que algo está cambiando en el clima del planeta, pero todo parece indicar que los científicos lo tienen bastante estudiado y ya tienen hechas predicciones certeras sobre la subida de los mares, la desaparición de playas y el calentamiento global. Cualquiera que se haya montado en un ascensor este verano habrá tenido la oportunidad de comentar el tema desde su punto de vista: con poca ciencia, escasa memoria y mucha subjetividad, porque hasta en cuestión de termómetros hay relativistas que tienen calor con treinta grados y frío con treinta y dos. A los ascensores y las colas de la panadería todavía no ha llegado el debate sobre las causas de este cambio climático y estamos lejos de que los comentarios de cada vecino se centren en qué está haciendo cada uno para evitarlo. En esto que nos advierten de que somos campeones de Europa pero no de fútbol, sino en incumplimiento del protocolo de Kyoto. Tenemos la certeza de que el imparable consumo de combustible fósiles nos lleva por muy mal camino y no hacemos más que multiplicar las cifras que nos conducen al desastre. Mientras en el resto de Europa han empezado a disminuir sus emisiones de CO2, aquí seguimos pensando que la atmósfera está parcelada por países y que podemos seguir a nuestro ritmo porque aún nos queda mucho por ensuciar. Prevenir no es nuestro deporte nacional, así que esperaremos a ver los paseos marítimos inundados para empezar a hacer algo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el lunes 7 de agosto de 2006

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...