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Mostrando entradas de abril, 2012

Medir las palabras

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Ten cuidado, no te signifiques, que nadie se entere de lo que piensas, procura que no se te vea mucho y no te metas enlíos. Nuestros padres y nuestros abuelos fueron educados enun régimen el que los principios democráticos eran inexistentes. Ante cualquier inquietud, por insignificante que fuera, te soltaban una de esas frases de arriba. Luego cambiaron las leyes y llegaron las libertades, las que nos concedieron graciosamente desde la dictadura. Pero el daño ya estaba hecho y las advertencias resuenan enel inconsciente de los nietos y biznietos de aquellas generaciones. A quien conjuga enprimera persona los verbos reivindicar, protestar o reclamar se le asigna automáticamente la etiqueta de problemático, sin pensar que quizá nuestros problemas derivan del silencio, la aquiescencia y la apatía. Si le dices a alguien que perteneces a la asociación de vecinos, a otra de consumidores, a otra de profesionales de tu especialidad, a dos oenegés de carácter humanitario y a un sindicato, en

Cachorros y paquidermos

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Se celebró la semana pasada un juicio en Badajoz a un presunto desalmado. Su crimen había consistido en la tortura de unos cachorrillos con el agravante de haberlo recogido en imágenes y haberlo expuesto en internet. Cuando ocurrieron estos hechos se produjo un vendaval de indignación y eran muchos los que se preguntaban cómo alguien era capaz de hacer sufrir gratuitamente a otros seres vivos sin obtener beneficio alguno. Mientras el presunto torturador de cachorros espera sentencia, el Jefe del Estado pide perdón. Ya sabemos que se ha equivocado, que lo siente mucho y que no lo volverá a hacer más. Solo nos falta saber el quid de la cuestión, porque todavía no nos han esclarecido si el error estaba en el viaje, en la compañía, en la caída inoportuna, en el abandono del nieto herido y hospitalizado, en el dispendio causado a las arcas públicas o en la aceptación de invitaciones para actividades tan poco humanitarias. En tanto se aclara todo esto, uno sigue preguntándo

No somos todos

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El martes se abrían las puertas virtuales de Hacienda para hacer las declaraciones de renta y una avalancha bloqueaba los sistemas informáticos. Podría interpretarse como una señal del alto nivel de concienciación ciudadana por cumplir con su deber, pero hay quien cree que no es así: más que el deseo ferviente de apoquinar y arrimar el hombro por el bien común, las prisas eran por cumplimentar las declaraciones lo antes posible, con la esperanza de que las devoluciones sirvan para vivir un pequeño desahogo. No hay nada como pagar impuestos en una sociedad que es capaz, con el apoyo de los que más tienen, de crear servicios que pueden ser utilizados por todas las personas sin que se les mire su cartera antes de entrar. Por eso no me duele ni un céntimo de mis impuestos cada vez que me encuentro con gentes muy humildes en la consulta del centro de salud de mi barrio, donde el médico las llama por su nombre. Tampoco me duele ese dinero pagado cuando veo los esfuerzos que hacen la may

Prever y proveer

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No sé por qué motivo cuesta tanto distinguir entre prever , ver con anticipación o preparar medios contra futuras contingencias, y proveer , suministrar lo necesario o conveniente para un fin. La previsión no es uno de nuestros puntos fuertes y tenemos a gala ser magníficos improvisadores. Comentaban los que usan el tren para desplazarse diariamente a trabajar a Mérida que están preocupados por su próximo traslado al llamado Tercer Milenio. Y no lo están porque no les guste el lugar ni por los nuevos edificios, que saben de buena tinta que son inmejorables. La inquietud radica en que probablemente se verán obligados a cambiar de medio de transporte por la falta de coordinación de otras instituciones. Aunque se sabe que en los próximos meses habrá cientos de trabajadores que tendrán que moverse hacia esa zona de la ciudad, no se ha previsto la construcción de un acceso fácil, rápido y directo para los usuarios del ferrocarril que quieran llegar desde la estación hasta las nuevas Con

Sin preguntas

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Imaginen que van a un restaurante, se sientan en una mesa, les dan la carta para elegir y, finalmente, les dicen que no hay nada para comer. Sí, probablemente dirían ustedes que eso no es un restaurante y que para leer el menú podían haberse quedado en casa. Algo tan absurdo es lo que viene ocurriendo de un tiempo a esta parte con las ruedas de prensa, que en teoría eran unas comparecencias ante los medios de comunicación, en las que se efectuaban declaraciones y se pronunciaban discursos de forma presencial, y donde los profesionales del periodismo podían preguntar y pedir aclaraciones de forma directa. En los últimos años, gracias a los inventos de los nuevos gurús de la comunicación, se ha extendido la mala costumbre de convocar a los profesionales para leer una nota y mandarlos a paseo. No hay que ser muy listos para deducir que sería más ecológico y eficaz enviar vídeo, audio y un e-mail a las redacciones: los periodistas ahorrarían gasolina, aparcamientos y prisas, recibiend