25 junio, 2012

Curso básico de optimismo


El personaje de Mario, interpretado por el actor Federico Luppi, mantiene una conversación con su hijo Ernesto en la película Un lugar en el mundo. El maestro aconseja al adolescente sobre su futuro y le advierte de que, si no le gusta recibir demasiadas órdenes, tendrá que estudiar mucho. “Cuanto más sepas, menos te van a mandar”, es la frase lapidaria que pronuncia el padre. La sentencia no es un dogma de fe: todos ustedes habrán vivido de cerca algún ejemplo en el que la ignorancia y el bastón de mando se fundían en un mismo ser, pero eso es asunto para una tesis doctoral. Lo que sí es cierto es que nunca se sabe lo suficiente y que siempre existe la posibilidad de profundizar o ampliar los conocimientos, ya sea en aquello que nos es imprescindible para vivir o en lo que es una simple afición. Ahora que se van entregando los boletines de notas, ahora que el adjetivo suficiente es casi un artículo de lujo, nos convendría realizar un curso básico de optimismo. Porque el desánimo es un mal de nefastas consecuencias, con capacidad de convertir en inútiles a los más hábiles y a los más listos. No se ha inventado la máquina que convierta los días grises en paisajes con arco iris brillante, pero sí que deberíamos tener entre nuestras destrezas básicas algún mecanismo que nos permitiera creer un poco más en nuestra capacidad para resolver los problemas que nos acucian. La depresión colectiva puede ser tan nociva como la peste o el cólera, y empezamos a estar necesitados de maestros como Mario en aquella película: que enseñen a pensar, a luchar y a superar el pesimismo y las dificultades.

Publicado en la contraportada de EL PERÓDICO EXTREMADURA el 25 de junio de 2012.

18 junio, 2012

Eufemismos


La organización mundial de la salud debería estar preparando planes para atajar la epidemia de eufemismos. Empezaron los practicantes, que pasaron a denominarse ATS y luego llegaron los maestros, a los que se convirtió en profesores de EGB. Después los ciegos pasaron a ser invidentes y los países pobres de solemnidad entraron en unas vías de desarrollo. Ahora el análisis de cualquier hecho viene acompañado de su experto en eufemismos, alguien que convierte un rescate en una ayuda, una crisis en una recesión, un robo en un desajuste contable y una pésima gestión en imponderables sobrevenidos. Me pregunto si los asesores lingüísticos y de comunicación se creen tan listos como para engañarnos a todos y hacernos creer que el drama de los parados es menor cuando se les denomina desempleados, que los recortes duelen menos si se les llama ajustes y que el despido laboral se sobrelleva mejor si te comunican por e-mail que prescinden de tus servicios. Ya están bien lejos de la memoria aquellos días en los que se nos prometía llamar al pan y al vino con sus nombres más comunes. Esta noche tendremos nuestra última ración de calmantes, noventa minutos para demostrar a Europa y al mundo que somos los mejores y que tocamos muy bien la pelota, con más arte y calidad que nadie. Se suponía que ganar el mundial de fútbol incrementaba un 1% el PIB, han pasado dos años desde que Iniesta marcara en Johannesburgo y toda la prima que cobraron nuestros futbolistas acabó tributando en aquel país. Creen que somos tontos, pero es tiempo de eufemismos y quizá nos consideren, simplemente, seres de capacidad diferente. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de junio de 2012.

11 junio, 2012

Con fianza


A los que no tenemos fe (o la hemos perdido) siempre nos queda la confianza. Alguno dirá que en el fondo es lo mismo, e incluso me enviarán el fragmento del diccionario etimológico de Joan Corominas para refregármelo. La cuestión es que ya he dejado de preocuparme por las fluctuaciones de los mercados, porque he escuchado que todo se va a solucionar generando confianza, como si fuera energía térmica o eólica. Mientras buscaba en los periódicos noticias sobre el hallazgo de yacimientos de este elemento milagroso, me venía a la memoria una obra de teatro de Tirso de Molina, titulada El condenado por desconfiado, y de la que recuerdo muy vagamente la trama. Había dos protagonistas, un monje asceta llamado Paulo y un criminal de vida disoluta que tenía por nombre Eurico. La paradoja llevó al crápula a la salvación, gracias a un arrepentimiento in extremis, y condenó al religioso soberbio, desconfiado y dubitativo. La confianza es objeto de cuestiones y de mociones, por no mencionar los excesos y las pérdidas. Siempre me ha llamado la atención quienes se siguen fiando de los que no lo merecen una vez tras otra, ya sea en los ámbitos de la alta política o en las relaciones personales. Pero si algo me cuesta entender es a los que se escudan en ideas preconcebidas y recelan de todo aquello que ni conocen, ni pretenden llegar a descubrir, a los que no saben dar una oportunidad ni son capaces de dar un voto de confianza. Quizá crean que “con fianza” solo puede escribirse separado y es la expresión que más vinculan a la palabra libertad. Me temo que se van a condenar, como Paulo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de junio de 2012.


04 junio, 2012

Justiciabilidad, crisis y Derechos Humanos


Las personas que dedican su tiempo como voluntarios en organizaciones como Amnistía Internacional ya sabían mucho de crisis de Derechos Humanos. Además de las bien conocidas e informadas de Siria o Corea del Norte, también les tocaba trabajar con otras bastantes ignoradas, ya fuera en Darfur, Nigeria o Timor Oriental. El tiempo ha ido complicando las cosas y en la segunda década del milenio ya no se habla solo de crisis de Derechos Humanos, como si fueran páginas negras aisladas de nuestra historia, sino que llega el momento de abordar las crisis económicas como una violación de esos derechos en sí mismos. Hay quien dice que la organización económica del planeta es la fuente primordial de las desigualdades y que son éstas las que luego acaban derivando en el reguero de sufrimiento, penalidades e incluso muerte. El grupo de Amnistía Internacional en Badajoz ha organizado el próximo sábado una jornada para reflexionar, escuchar y debatir sobre este asunto tan delicado, que desgraciadamente nos dará mucho que hablar en los próximos años: ¿Podemos reclamar ante la justicia los derechos económicos y sociales? ¿Por qué razón sí tenemos que pagar jubilaciones de 14 millones a banqueros negligentes y es tan difícil evitar desahucios de gente humilde? ¿Por qué motivo los recursos públicos pueden acabar en las cuentas millonarias de ejecutivos ineptos y, al mismo tiempo, son cercenados impunemente los derechos básicos recogidos en las constituciones? La calidad de vida en el planeta pasa por introducir la palabra justiciabilidad en nuestro vocabulario cotidiano.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 4 de junio de 2012

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...