29 abril, 2013

Prejuicios chinos


Es difícil vivir sin prejuicios. Por mucho que nos creamos los seres más racionales del planeta no podemos evitar tener una imagen estereotipada de cada grupo social, raza, nacionalidad, ideología y, si me apuran, hasta de los seguidores de cada equipo de fútbol. Los portugueses lo llaman preconceitos, ideas formadas anticipadamente sin fundamento serio, mientras que nosotros hablamos de prejuicios como aquellas opiniones previas acerca de algo que se conoce mal.

Cuando alguien aparenta romper un prejuicio entran ganas de montar una fiesta, como al oír a Dolores de Cospedal unas loas del Partido Comunista Chino que jamás había escuchado ni al más maoísta de la legendaria Joven Guardia Roja que lideró Pina López-Gay. En un principio sería digno de alabanza el gesto de Cospedal, porque sobre los chinos se escuchan burradas y leyendas urbanas que están generando una chinofobia preocupante.

Pero mucho me temo que este fervor oriental de la de la secretaria del PP no se dirige precisamente hacia el libro rojo de Mao, sino hacia aquella máxima de la desideologización que resumió Deng Xiaoping, al afirmar que no importaba que el gato fuera blanco o negro si cazaba ratones.

Así que nos guardamos los miramientos en el bolsillo y vamos buscando un mercado de 1300 millones de consumidores y dinerito fresco para financiar deuda. El nobel de la paz chino Liu Xiaobo y los miles de condenados a muerte pasan a un segundo plano. Tenemos muchas cosas que admirar de China, pero su gobierno y su respeto por los Derechos Humanos no es una de ellas. Y no es un prejuicio.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de abril de 2013.

22 abril, 2013

Niños de otro mundo




Imagino que a cualquiera de ustedes les ha emocionado todo aquello que han ido sabiendo de Martin Richard, el niño de ocho años que perdió la vida en Boston la semana pasada. A todos nos estremece ver su fotografía, sus vídeos, su cara angelical, y nos impresiona más porque pensamos que el azar se lo ha llevado como podría haber acabado con la vida de nuestros amigos, de nuestros vecinos o de nosotros mismos. Una semana antes también habían muerto diez niños en un ataque terrorista en otro lugar del mundo, pero no he conseguido saber el nombre de ninguno de ellos, ni con la ayuda de los más potentes buscadores de internet. Mientras intentaba averiguar cómo se llamaban, sí descubrí que no eran los únicos niños olvidados y aniquilados por las mismas manos: doce muchachos perecieron en Salam Bazar en mayo de 2011, seis en Kandahar en noviembre del mismo año, y dos más fueron asesinados hace un mes al ser confundidos con insurgentes.

No intenten explicarse por qué sabemos tanto de Martin y tan poco de todos los demás. Y esta vez no es un problema de distancia, que Kabul no está mucho más lejos que Massachusetts.  En el fondo se trata de cuestiones bastante inconfesables y que tienen que ver con la pertenencia o no a la clase dominante en el planeta. Nos duele más que sea blanco, occidental y cristiano a que sea moreno, oriental y musulmán. A muchos nos duelen por igual y condenamos con la misma fuerza a sus autores, ya sean dos locos de origen checheno o se trate de todo un sangriento ejército de cuatro letras y que no sabe distinguir a un niño cuando no es de su mundo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de abril de 2013.

15 abril, 2013

Sí se puede


Todos querríamos vivir tranquilamente en nuestras casas, junto a nuestros hijos, sin ruidos nocturnos ni abucheos en el portal. Por eso entiendo a esos diputados que se sienten coaccionados por una pegatina verde que dice que sí se puede y otra roja que nos recuerda que no quieren. Tampoco nos gustaría estar en la piel de quien tenía trabajo y salario, compró un piso porque era más barato que alquilar, se quedó en paro, tuvo que dejar de pagar la hipoteca para comer, y  hoy es arrastrado por la fuerza pública hasta la calle y con una deuda injusta con el banco.
Me gustaría que me dijeran qué debe hacer una persona inerme ante el sistema para defender su dignidad y la justicia. ¿Debe llorar debajo de un puente? ¿Le podemos permitir gritar y desahogarse? ¿Le otorgamos el último derecho a señalar con el dedo a los causantes de sus males? Pues parece ser que las dos primeras opciones están permitidas porque no molestan: pocos de nuestros diputados se van a buscar en los albergues a los damnificados por sus decisiones. La tercera opción la quieren convertir en inadmisible porque, según esa maldita lógica, no se puede dejar que los nadie, los muertos de hambre, los afectados directos de sus decisiones se acerquen a 300 metros de los padres de la patria.
 Tal vez crea el Ministro del Interior que la represión solventará ese fastidio incómodo llamado escrache. Yo tengo esperanza en todo lo contrario: en cuanto los diputados conozcan de cerca el drama de carne y hueso que causan algunas de sus decisiones, se darán cuenta que de que sí se puede tener más humanidad en algo tan simple como apretar un botón.
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 15 de abril de 2013.

08 abril, 2013

Monarquías bananeras


Si fuéramos a un país en el que una alcaldía, la plaza de catedrático de Universidad o el puesto de inspector de Hacienda fueran hereditarios de padres a hijos, casi todos diríamos que se trata de un estado al que le falta un hervor para  la contemporaneidad. Nos referiríamos a esa nación con el adjetivo bananera, al que se le han añadido un par de acepciones al margen de la fruta y con matiz peyorativo. Es curioso que siempre se hable de repúblicas bananeras y no de monarquías bananeras, como si fuera poco disparate dejar la jefatura del estado en manos de una familia por los siglos de los siglos. Da igual que su abuelo apoyara la dictadura de Primo de Rivera o que el padre de su tatarabuela fuera un gañán impresentable como Fernando VII (y que me perdonen los gañanes por la comparación): todo el bagaje de sus antepasados lo contabilizan como gloria y mérito de su estirpe.
  
Pero la monarquía española va a ser muy difícil mantenerla mucho más tiempo, y solo la puede salvar la nostalgia de quienes gustan de cuentos de princesas y papel cuché.  Las complicaciones judiciales, por no hablar de las andanzas cinegéticas, hacen casi imposible la defensa de un reinado que se inició con su designación por Franco. Desde entonces el silencio y el miedo han impedido un debate abierto y racional sobre la cuestión. Ahora esto no hay quien lo pare y llegará un día en el que podremos elegir a todos nuestros gobernantes y estadistas en virtud de sus méritos. Como decía la canción, podremos manifestar sin miedo que un rey no lo es por voluntad divina,sino porque sus antepasados se lo montaron divinamente.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 8 de abril de 2013.

01 abril, 2013

El entorno del entorno


Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz. Ya se nos había olvidado el larguísimo título de esta canción de Serrat del año 1981, pero detalles de la actualidad rescatan de la memoria lo que uno menos se espera. Dicen que, como en aquella canción, siete grados de separación nos conectan con cualquier otra persona en el mundo. Si eso fuera cierto, sería muy fácil vincularnos con un banquero corrupto o un presentador de telebasura, que todos tenemos algún conocido que pudo haber estudiado con algún primo segundo de ellos.

Mal asunto este de intentar criminalizar a alguien basándose en cadenas de carambolas y coincidencias, como hizo la Delegada del Gobierno en Madrid para desprestigiar a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas y compararla con el mismísimo diablo. Y menos mal que en nuestro código penal todavía no es delito el conocimiento lejano de un criminal, porque a buen seguro que la aprovechaban algunos para desacreditar cualquier protesta social. Esta salida de pata de banco de la señora Cifuentes no es más que una estrategia de despiste para desviar el foco de algo que sí le preocupa: el apoyo popular que van alcanzando los movimientos contra los desahucios y el temor que algunos políticos sienten al ser señalados con el dedo. Cuando desalojaban a niños y ancianos de sus casas, rodeados de escopetas y pelotas de goma, no se hablaba tanto de acoso ni de violencia; ahora que los desahuciados llaman al timbre de quienes no impiden aquellas escenas, todo se convierte en poco menos que entorno del entorno del terrorismo. Mal asunto.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 1 de abril de 2013.

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...