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Mostrando entradas de octubre, 2013

Mundos paralelos

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Este verano estuve  recogiendo pintadas curiosas y sugerentes  de todos los lugares y hallé una muy llamativa: el dibujo de una puerta con su pomo y un letrero que indicaba “universo paralelo”. Un ejercicio poético interesante, ese de imaginar realidades que transcurren simultáneamente y que son intangibles, como los millones de dinerales de los que  Botín  se vanagloriaba y que, parece ser, están entrando en España como si fueran un frente frío del Atlántico. Así que el final de la crisis está llegando a la cara A de este disco rallado, donde la gente importante, la que no ha tenido que modificar ni un ápice sus costumbres ni sus comodidades en los últimos siete años, se han convertido en discípulos avanzados de  Heráclito  y ya ven que todo vuelve a fluir, especialmente por sus cuentas corrientes.  Los habitantes de la cara B de la opulencia deberán esperar todavía un tiempo y sacrificarse más: menos sueldos, más horas de trabajo, despidos gratuitos, jubilaciones septuagenari

Adiós muchacha

Entre mis películas favoritas está la que dirigió Louis Malle en 1987 y cuyo título original era Au revoir, les enfants . No desvelaré desenlaces de esta impactante historia, que recomiendo vivamente a quien todavía no la haya visto, y que estaba ambientada en un colegio francés durante la segunda guerra mundial. Alguna de aquellas escenas me recuerdan a lo sucedido hace unas semanas con Leonarda Dibrani , una muchacha kosovar y a la que la fuerza pública mandó bajar del autobús durante una excursión escolar para deportarla. Lo que son las cosas: cuando Leonarda apenas tenía meses de vida estaba nuestra querida OTAN bombardeando ciegamente a los serbios para salvar a los kosovares; ahora le toca hacer el camino de vuelta y nos reafirma que aquellas bombas no se preocupaban nada de la condición humana y mucho de la geopolítica. Escuché la voz de esta chica en la radio, relatando en un francés bastante correcto cómo se abrazó a su profesora para impedir

Formas de protesta

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El habernos tocado vivir en una de las áreas católicas de Europa nos ha provocado que el término protestante tenga unas connotaciones muy negativas en nuestro subconsciente. El silencio, el acatamiento, el servilismo o la docilidad tienen muy buena prensa y lo convierten a uno en un ser digno de admiración, muy apetecido por cualquier tipo de poder. En cambio, las personas críticas, inconformistas, rebeldes ante las injusticias o que suelen significarse,  éstas son de las que corren el peligro de ser marcadas y señaladas, incluso 40 años después de la muerte del dictador. Me doy por vencido y sé que necesitaremos varias décadas hasta que nuestra sociedad acabe apreciando más al que se parte la cara reivindicando lo que cree de justicia, que al que se achanta y se resigna. Sobre las maneras de plasmar las protestas encontraremos opiniones de todos los colores: a unos no les gusta ninguna de ellas, ni las tradicionales de pancarta ni las más modernas, quizá porque en el fondo desea

Lampedusa

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Pocos nombres propios italianos nos permiten tantas asociaciones de ideas como Lampedusa. Empiezas pensando en la novela de Giuseppe Tomasi , pasas a la película de Visconti y acabas con Burt Lancaster afirmando que hay que hacer cambios para que todo permanezca como siempre. Hoy Lampedusa es una metáfora del mundo. O de dos, para ser más exactos: del mundo que soñaba Umberto Bossi , que no hace mucho abogaba sin pudor con bombardear los barcos que llegan a la isla , y del mundo de los sin nombre, de los que no tenían más posesiones que lo que llevaban puesto en el momento de desaparecer en un barco de mala muerte. El jueves se producía en Lampedusa una catástrofe de las mismas consecuencias humanas que el 11M de 2004 en Madrid, con la diferencia y el agravante de que pasado mañana ya no se hablará de quienes hoy están en la morgue, ni jamás veremos a sus familiares llorar en televisión. Para que desaparezcan nuestros muros de la vergüenza, que ya han caus