29 junio, 2014

Las libertades en peligro, aquí y ahora

Amnistía Internacional ha publicado recientemente un documento en el que se denuncia el déficit democrático que sufrimos en algo tan básico como las libertades de expresión y de reunión. Los medios de comunicación tradicionales no suelen hacerse eco de la gravedad de este tipo de denuncias, que nos hablan de una realidad en la que se minan los derechos fundamentales. 

Hoy me contaron una anécdota. Ocurrió hace un par de semanas en una asamblea de una nueva formación política, Podemos,  que tiene la sana costumbre de recuperar la vieja idea del ágora o del foro: encontrarse en la calle pacificamente y debatir sus propuestas delante de toda la gente que quiera escuchar o aportar algo. 

La reunión la convocaron en la Plaza Alta de Badajoz, en un rincón en el que no interrumpían ni al tráfico rodado ni a las personas, sin ruidos, sin micrófonos, sin superar el centenar de personas. y sin suponer un peligro para nadie. Habían comunicado a la Delegación de Gobierno que se iban a reunir (Ya me parece poco democrático tener que comunicar el ejercicio de un derecho fundamental). Pero el día anterior les informan de que les deniegan el permiso con un texto que es una auténtica joya de despropósitos y que no quiero ni comentar, pero sí debo dar a conocer la argumentación por la que se deniega, que viene a decir algo tan peregrino como "que ya se celebran muchas asambleas".

La reunión se celebró sin causar ningún incidente y, al finalizar la misma,  varios policías procedieron a identificar a algunos participantes y a tomar nota de sus datos personales. No lo hicieron al tuntún, sino que parecían tener órdenes de identificar a las personas que tomaron la palabra. 

Tiene uno la intuición, por lo que me cuentan, que se trataba de una orden superior, ya que los agentes de policía estaban poco menos que avergonzados de tener que actuar como auténticos inquisidores, censores y represores de las libertades.

Sería deseable que aclarásemos de una vez por todas qué pueden hacer los ciudadanos en las calles: pueden escuchar un concierto pero no organizar una asamblea ciudadana, pueden juntarse 200 personas bulliciosas en una terraza o velador pero no 100 que hablan de manera ordenada en un rincón. 

Cualquier persona que crea en las libertades debería sentirse escandalizada por lo que denuncia Amnistía Internacional y debería preocuparse por la manera tan zafia de intimidar a quienes participan políticamente en las calles. No cabe duda de que es una herencia de la absoluta falta de cultura democrática que se practica desde determinadas élites del poder.

16 junio, 2014

No hay nada que explicar

No hay nada que explicar. Tras muchos lunes publicando una columna semanal hoy no había escrito nada. ¿Por qué lo has dejado? Pues no sé cómo explicarlo. Para abreviar lo resumo en un par de cosas: porque creía, personalmente, que había llegado el momento; y porque necesitaba escribir otras cosas diferentes, de esas que no dan para salir cada lunes en la página impar de opinión. 

Con esta explicación es más que suficiente, porque no sería una buena persona si arremetiera contra el medio que me ha permitido escribir libremente durante tanto tiempo. Si alguien quiere una explicación más amplia solo tiene que pedírmela. No oculto que el lugar donde escribía ya no se parecía al medio en el que comencé a publicar en el verano de 2004. Y llega un día en el que te preguntas si estás en tu sitio. Y un día me pareció que no.

11 junio, 2014

Anotaciones a una columna de ayer

Una de las cosas que echaba de menos es poder escribir cualquier día sobre lo que me diera la gana y sin atenerme a normas no escritas, como esa que dice que uno no debe criticar lo que publican otros columnistas del mismo medio. Así que hoy me he desayunado con esto y no me queda más remedio que interrumpir y [anotar] con otro color  sobre el texto de dicha columna, que no tiene desperdicio.


Desde el día en que el Rey comunicó que abdicaba, un puñado de ciudadanos se ha echado al monte, perdón, a la calle . [¡Hombre!No es lo mismo "echarse al monte" que "echarse a la calle". La primera expresión tiene unas connotaciones de “ilegalidad” o incluso “violencia”, mientras que "echarse a la calle" es un saludable ejercicio democrático. ¿No? ¿O es que usted nunca necesita reclamar nada en la calle? Hay gente que necesita salir porque no todo el mundo tiene la posibilidad de presionar a base de lobby o llamando a las puertas de los despachos]

con banderas multicolores y proclamas incendiarias. [Pues sí, las banderas de más de dos colores son multicolores y la proclama más incendiaria que se ha escuchado es la "voluntad de ser consultados". ¡Vaya!]

Si no fuera por la edad de los muchachitos cualquiera día [sic] que habíamos vuelto a los libros de historia que, probablemente, ni han leído aunque, por la pinta que llevaban, más parecía la asonada un carnaval veraniego que una propuesta ideológica. [¡Bueno, esto sube de tono! ¡Por la pinta deduce el columnista que los muchachitos no han leído nada! Pero no le tildemos de sectario y lleno de prejuicios porque sería caer en su mismo error]

Cuando murió Franco, salieron antifranquistas por todos lados y, ahora que el Rey anuncia su marcha, tenemos republicanos para dar y repartir. [Vamos a ver: antes de morir Franco había gentes que luchaban por las libertades y que por eso eran detenidas, torturadas, encarceladas e incluso ejecutadas. Y ocurría con el silencio ¿o aquiescencia? de quienes detentaban títulos de príncipe heredero. Así que vamos a contarlo todo, no vaya a ser que tengamos que dudar de la capacidad de analizar la historia del columnista].

Lo que sucede es que los actuales, más que republicanos, son aprendices, espontáneos e iletrados porque no se entienden muy bien ni el discurso ni las formas ni la estética que enarbolan, más propia de una película de Berlanga que de seria aspiración política. [¡Olé! Ahí va un juicio de valor consistente: las personas que abogan por la república como forma de Estado, que es lo que hay en el 85% del mundo, son iletrados. ¿Es esto una argumentación seria?]

Republicanos de la tricolor que olvidan que republicana fue también la rojigualda. Republicanos sin mucha formación porque solo conocen la República española de los años treinta. [¿Y por qué deduce que lo ignoran? ¿No se ha planteado el columnista que los manifestantes puedan preferir el espíritu la II República, la que trajo el voto de la mujer, las misiones pedagógicas, la enseñanza mixta y un largo etcétera? Pues no, tiene que suponer que lo ignoran.]

Republicanos de izquierdas porque ignoran, a sabiendas o no, que la República también puede ser de derechas. [¡Pues claro que saben que se puede ser republicano de derechas, que gobernó la CEDA y que el partido más de derechas de Estados Unidos es el Republicano! ¿No puede pensar este columnista que quienes reclaman en la calle el referéndum son simplemente ciudadanos que creen "en la igualdad para acceder a cualquier puesto público sin que el linaje pueda ser un elemento discriminatorio"?]

Republicanos empeñados en elegir al Jefe del Estado cuando en la República que añoran lo elegían los diputados. [¿Y quién le ha dicho al columnista que los que se manifiestan pretendan reinstaurar el mismo modelo de la II República?]

Torpes republicanos de hoz y martillo, de ruptura social y constitucional, hoy nacionalistas, mañana independentistas, siempre frente al sistema, reclamando referéndums por doquier y alzándose como voz de la mayoría cuando la mayoría los desprecia. [Está feo llamar torpe a alguien. Incluso estaría feo decírselo a quien recrimina a otros alzarse como voz de la mayoría para, a renglón seguido, dictaminar que la mayoría los desprecia. ¡Todo un ejercicio de ecuanimidad! Entiéndase la ironía.]

Los países serios respetan sus constituciones y suelen arrojar al aislamiento social a quienes, por ignorancia o manipulando la realidad, la historia y la legislación, se empeñan a diario en ejercer de pirómanos, eso sí, aforados y con sueldo público. [¡Qué joya! Quienes hicieron la Constitución nos pusieron a las generaciones venideras un listón muy alto para modificar aquella norma. Debieron creerse los elegidos por Yahvé o algo así. En un momento en el que era importantísimo conocer el nombre de los capitanes generales de cada región militar, pusieron entre la espada y la pared a los que habían dado su vida por las libertades y les plantearon la disyuntiva: o esto o volver al 74, que nos están amenazando. ¿Y aquel “sí” lo tendrán que soportar hasta los nietos de nuestros nietos? ¿Es esto serio desde un punto de vista democrático?

Estos republicanitos que leen poco o nada y creen tener razón solo porque hablan con megáfono y toman la calle ante la indiferencia de la gente de bien [El columnista vuelve a inferir la falta de lectura en los que no piensan como él y menciona la expresión “gente de bien”. Le ha faltado un pelo para hablar de “gente de orden” y “afectos al régimen” frente a “chusma”. No juzgaré estas palabras porque quien las pronuncia desvela perfectamente sus virtudes. Sí que le recomiendo el último libro de Owen Jones, que no le irá nada mal ver otro mundo]

recuerdan a los revolucionarios bananeros que Woody Allen retrató. Sí, aquellos que, tras alcanzar el poder en la República de San Marcos, imponen el sueco como lengua oficial, que todos los ciudadanos se cambien de ropa interior cada hora y media y que los menores de dieciséis años a partir de ese momento tengan dieciséis años. 'Bananas' se tituló en algunos lugares 'La locura está de moda' y esto es así porque siempre hay un par de indocumentados con mucha labia dispuestos a hacer el ridículo. El problema, y entonces ya no tiene gracia, es cuando se llevan por delante la voluntad del pueblo. [No conozco columnistas con tanta facilidad para insultar como este, quizá Ussía. No se ha enterado, o no quiere enterarse, de que nadie quiere llevarse por delante la voluntad de un pueblo sino consultarle más a menudo. Dos referéndums en 36 años no han sido muchos, ¿no? “Indocumentados”, “labia”, “ridículo”… mucho me temo que hay mejores maneras de defender lo que se desea sin tener que menospreciar a quien no piensa igual que nosotros. ¿no?]


Hasta aquí mi primera incursión polemista en mi primera intervención postcolumnista. Disculpen el desahogo, pero es que ya no aguantaba una semana más sin puntualizar cosas de este tipo.

09 junio, 2014

Colorín, colorado

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Solían acabar así los cuentos cuando éramos pequeños. Había reyes y princesas en mundos perfectos y esos personajes pasaron a formar parte de un imaginario idealizado, que no mencionaba la cara oculta de la miseria producida por el más piramidal de los sistemas. Intuyo que nos siguen contando cuentos al llegar a la edad adulta, no con fines literarios sino para distraernos de nuevas realidades. 

Todo tiene un final, incluso los reinados edificados desde decisiones ilegítimas y mantenidos con verdades fabricadas. Obcecarse en permanecer en un cargo vitalicio monarquihasta la agonía habría sido un despropósito que ya no defiende ni el más tradicionalista. Fingen ahora un teatro de normalidad, traspasando la más alta institución del Estado entre miembros de una familia, como si fuera un bar que pasan a regentar los hijos cuando el padre está cansado de estar tras la barra. Parece que esta vez tampoco nos van a preguntar qué queremos, no vaya a ser que nos dé por cambiar el final del cuento. Alargar en el tiempo las rígidas condiciones de modificación constitucional que nos impuso aquella generación, la que tenía más de 18 años en 1978, solo servirá para ahondar la distancia entre quienes nos dirigen desde palacio y quienes pisan el asfalto y la tierra. Pero el conservadurismo, el miedo a plantear nuevos horizontes, es un lastre colectivo que todavía pesa demasiado. Estamos en uno de esos momentos en los que toca decidir si copiamos una página más de la historia o nos atrevemos a escribir una nueva. Reconozco que no soy ni objetivo ni imparcial, que de vez en cuando hay que romper con lo anterior, cerrar etapas y abrir otras con ilusión: colorín, colorado.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de junio de 2014.

P.S. Esta es mi última columna  en EL PERIÓDICO EXTREMADURA. Gracias a todos los que han leído alguna de las casi 500 que han sido publicadas en los últimos 10 años. Hasta otra.

02 junio, 2014

Interpretaciones


Hubo un tiempo en que cualquier noche electoral era una especie de cábala para interpretar cifras. Siempre había un dato posible con el que sacar pecho, ya fuera porque se había descendido menos con respecto a comicios anteriores, o bien porque la abstención relativizaba cualquier fracaso evidente. No es algo exclusivo de las noches electorales, que también he escuchado justificar que el paro ha subido bajo un gobierno, pero subió más porcentualmente cuando estaba el otro, como si eso fuera a resolver el hambre de la gente. Si estuvieran en la escuela la profesora les mandaría callar y les pediría que no dieran más excusas de mal estudiante, pero como son padres de la patria pues tenemos que escucharles de nuevo su discurso cansino.

Ha pasado una semana de las elecciones europeas y todavía estamos leyendo interpretaciones, unas simplistas y otras demasiado complicadas. Y quizá un término medio nos lleve a la conclusión más certera, porque ni todo se explica por la alta abstención, ni tampoco se puede afirmar que se ha producido ya un cambio histórico. Sí que se apunta un creciente hartazgo hacia lo de siempre y la aparición de nuevas formas de actuar en política. En los próximos años veremos si lo del 25 de mayo fue flor de un día o simple humo. De momento algo empieza a moverse: hay partidos que han perdido y necesitan saber qué quieren, otros que no han ganado tanto como pensaban y se plantean algún cambio, y luego están los que creen que no ha pasado nada. Pero escuchando las arremetidas de los últimos días contra Pablo Iglesias, nos cabe la duda de que esto pudiera ser más transcendente de lo que parece.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de junio de 2014.

Exilio entre comillas

Un sábado por la tarde de hace muchos años, justo después de los dibujos animados japoneses, emitieron una película basa...