19 noviembre, 2014

Pequeñas corrupciones

Lamento defraudar a quienes pensaban que hoy iba a dedicar unas palabras al asunto que en Extremadura -y en el resto de España- no hace más que ocupar espacio en tertulias, entrevistas y reportajes especiales. Pero llevaba varias semanas discutiendo sobre los casos de corrupción que nos rodean y tuve noticias de una curiosa campaña iniciada en Brasil, un país asolado por ese mismo mal desde hace décadas y que ni Lula da Silva ni Dilma Rousseff han sabido atajar. El cartel de dicha campaña es una exhortación a reprochar moralmente las pequeñas corrupciones del día a día. En él se mencionan acciones tan triviales como colarse en el supermercado, pedir un informe médico falso, copiar en un examen o apuntarse el éxito de un colega de trabajo. La lista podría continuar y haber mencionado acciones como comprar productos falsificados, piratear películas o la televisión de pago, saltarse el peaje por el lugar reservado al pago electrónico, pasarle tu seudónimo a ese amigo que es jurado de un premio literario o recomendar a alguien en un proceso selectivo.

Y cuando mencionas todas esas pequeñas trampillas del día a día hay algunos, de esos que llevan despotricando de todo lo que pasa, que hacen un leve silencio cuando escuchan su pequeña corrupción, esa que no creen relevante, que no les hace ni ricos ni millonarios, que creen que no daña a casi nadie pero que sí crea pequeñas injusticias.  En la sala de espera de un centro de salud fui testigo de un encuentro casual de dos conocidas que comenzaron a desgranarnos su historial médico a todos los presentes (y contra nuestra voluntad). Y nos enteramos de que a una tenían que hacerle una resonancia de no sé qué tipo  y que le habían dado cita para dentro de seis meses. Menos mal que gracias a una cuñada que conocía a no sé quién, se lo habían solucionado en dos semanas. No se vio rubor en los rostros, ni malas miradas de los demás testigos, porque tenemos casi asimilado que las cosas son así.

Otra amiga me contaba que fue a una consulta privada y que, tras una breve conversación sobre las corruptelas del momento, una visita rutinaria y una búsqueda de fecha para el año siguiente, la enfermera le dice que no puede pagar con tarjeta, que se acerque a un cajero y que se lo pague con billetitos frescos y sin factura. La cuestión, me decía, es que me lo siguen haciendo mucho desde que las facturas médicas dejaron de desgravar en el IRPF y Hacienda se perdió a unos cuantos millones de inspectores gratuitos que se llamaban ciudadanos.

Imagino que ustedes también se habrán encontrado con pequeñas corrupciones como estas en su día a día. Acabar con ellas es tarea de todos, pero no olvidemos que lo más grave de todo lo ocurrido no proviene de la gente corriente sino de los que están bien arriba, que son quienes deberían dar ejemplo. 

Publicado en el diario HOY el 19 de noviembre de 2014

05 noviembre, 2014

Pelotazo en toda la cara

La Fura dels Baus es el nombre de un mítico grupo de teatro que cambió muchas cosas en el mundo de la escena. Desde su espectáculo de inauguración en la olimpiada de 1992 cualquier acto de ese tipo dejó de ser un desfile de bailes regionales para convertirse en una narración con parafernalia, actores y cientos de artefactos. Recuerdo una de sus primeras actuaciones en Extremadura, allá por el año 1985, en el recinto de lo que acababa de ser la cárcel y que hoy ocupa el MEIAC, con un espectáculo llamado Accions y que era descrito en los carteles, literalmente, como un pelotazo en toda la cara. Los que alguna vez hemos jugado al fútbol sabemos lo que hay detrás de esa definición: normalmente no es un lance demasiado peligroso pero que te deja aturdido, con necesidad de preguntarse dónde estoy, qué ha pasado y qué tengo que hacer ahora.

Las encuestas que vamos conociendo están siendo para muchos como un pelotazo en toda la cara, y especialmente para los que no veían venir el balón, para quienes creían que el vaivén entre los dos grandes era un sistema perfectamente asentado en un turnismo modernizado. Además, se están dando otras circunstancias que jamás habían ocurrido en nuestra historia reciente, como el surgimiento con fuerza de una opción política que ha partido de cero absoluto y sin estructura, el hundimiento del prestigio de buena parte de la clase política y de casi todos los partidos instalados, la consternación ante casos graves de corrupción y que afectan, precisamente, a esas élites denunciadas constantemente por Podemos con la denominación (quizá desafortunada) de casta. Por si esto fuera poco, se vislumbra la certeza de que la corrupción conocida puede ser solamente una pequeña parte de lo que realmente ha pasado a nuestra alrededor en las últimas décadas.

Incluso ante una situación inédita y con la conmoción a flor de piel, siempre es deseable una dosis de autocrítica para contestar a todas esas preguntas que citaba anteriormente y analizar qué ha ocurrido y qué opciones quedan por delante. Pero me temo que, en muchos casos, la racionalidad necesaria en estas ocasiones está siendo sustituida por ataques de pánico. Y como a algunos no les basta con estar acongojados ante cualquier vuelco histórico, han optado por esparcir su miedo al resto de la población, rememorando aquella histórica viñeta de Chumy Chúmez en la que un político desde su estrado daba a elegir al pueblo entre el caos y la continuidad, al tiempo que las masas, con muy buen criterio, optaban por el caos.

Una canción de Tracy Chapman decía que empezando de cero no hay nada que perder. Así se siente demasiada gente en este país: con la obligación de tener que empezar casi desde la nada y sin miedo a las incertidumbres con las que amenazan quienes ven en peligro sus poltronas. El tiempo nos dirá el final de esta apasionante historia que ahora comienza.

Publicado en el diario HOY el 5 de noviembre de 2014.



El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...