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Mostrando entradas de agosto, 2017

Veraneo en Badajoz

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Hubo un tiempo en el que la gente no tenía vacaciones sino que veraneaba. Durante los meses del estío acompañábamos a mi padre, que estaba continuamente viajando de un lado para otro, al lugar de España en el que estuviera trabajando y así podíamos verlo más que de costumbre. Ya habíamos veraneado en diversos lugares de la cornisa cantábrica: me perdí con mi hermana en la playa de Gijón , recuerdo haber jugado en el parque de Santa Margarita de La Coruña y tengo vagos recuerdos de Zarautz. En el verano de 1972 a mi padre le tocó venir a trabajar durante varios meses a Badajoz y aquí que nos presentamos, tras recorrer novecientos quilómetros en un Austin-Morris azul , con una baca bien cargada y cuya sombra en la carretera abultaba mucho más que el propio vehículo. En la víspera de aquel viaje mi padre me contó que atravesaríamos Madrid, la capital de España, y que veríamos rascacielos. Partimos muy de madrugada y a 15 kilómetros de casa me desperté y pregunté si estábamos ya en

Elogio del buenismo

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Desde hace años he convertido en un ritual de cada mañana del domingo la lectura de este periódico . Suelo comenzar por la columna que firma Antonio Chacón, porque no hay día en el que no me haga reflexionar y replantearme las ideas, algo que es muy de agradecer en un mundo con tanto piñón fijo. El último día nos comentó una curiosa taxonomía de los comportamientos humanos de un italiano que los dividía en incautos, inteligentes, malvados y estúpidos . Todo dependía del grado de voluntad para beneficiar o perjudicar, ya fuera a uno mismo o a los demás. Esta semana ha sido muy propicia para ver ejemplos prácticos de todas estas condiciones humanas y todos sus posibles cruces genéticos. Comenzamos por los   estúpidos y sanguinarios que causan la muerte y acaban inmolándose, y luego les siguieron los malvados, que intentan sacar tajada aunque para ello tengan que pisar al de al lado . Como en toda catástrofe, siempre hay un momento de zozobra en el que la racionalidad pasa a

Prementiras y posverdades

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Hace años que le escuché a un periodista apellidado Morales que la opinión no creaba opinión, que lo único que ayudaba a que la gente pudiera tener sus propios puntos de vista era proporcionar la mejor información posible, la más contrastada y la que no estuviera manipulada de forma interesada por las partes interesadas en la cuestión. No andaba desacertado aquel periodista porque, salvo excepciones, la gente va buscando en cada columna de opinión o en cada editorial la munición para poder afianzar sus posiciones iniciales y casi siempre se pasa de largo de aquellos autores que presuponemos que van a decir lo contrario de lo que pensamos. Como parece que esta es una costumbre demasiado arraigada en nuestros comportamientos y no estamos dispuestos a escuchar las razones del contrario, al menos deberíamos esforzarnos en conseguir una información de calidad que nos permita ser muy libres a la hora de decantarnos por aquello que más nos guste o que esté más cercano a nuestro