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Mostrando entradas de febrero, 2018

Don de lenguas

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Un día dejé de creer en los espíritus y me aficioné de manera obsesiva por las palabras, ya que era la única manera de alcanzar algo parecido al don de lenguas que repartía en exclusiva el espíritu santo. Probablemente fue mi profesora de latín del instituto la que me inculcó esta manía de querer conocer la etimología de cada término y de averiguar cómo se llaman las cosas en otros lugares del mundo. De repente, parece como si esa enfermedad crónica que padezco se hubiera convertido en epidemia y hay especialistas en el lenguaje por doquier, todo el mundo inventa palabras, todo el mundo critica las palabras inventadas por otros y nadie se calla cuando se habla de métodos para enseñar lenguas maternas o idiomas extranjeros. Reconozco que fui un purista del lenguaje. Me molestaba que se inventaran presidenta o concejala porque no veía que residente o vocal necesitaran una “a” al final para referirse a una mujer. También fui muy partidario de la economí

La radio

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# diamundialdelaradio Día de la radio. Iba a empezar 7º de EGB, era el verano de 1978, y mi tía me trajo de Andorra (cuando se iba allí a por esas cosas) un transistor de radio que solo tenía AM, con una carcasa de plástico roja-anaranjada y con la que me iba a dormir todos los días. Desde entonces no he pasado ni un solo día sin escuchar la radio. En aquella época había un programa sobre educación, que presentaban un tal Gabilondo y una tal Milá, y que se llamaba "Queremos saber". (Luego ella usó ese título para un programa televisivo). Desde entonces he sido muy ecléctico en cuanto a los gustos. Disfruté con el humor de Gomaespuma en los 80 y fui un fanático de Radio 3 ( "Tiempos Modernos" con Manolo Ferreras, Poblet y Rioyo ; luego llegaría " Trébede " " Discópolis " o "Flor de Pasión"). Una vez gané un concurso en " No es un día cualquiera " de RNE (única vez en mi vida) y descubrí a gente que me hacía

La heroicidad de intentar algo distinto

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--> El pasado 13 de diciembre escribí en este mismo espacio sobre otras maneras de aprender, atraído por el contenido de una conferencia de Bob Lenz sobre el aprendizaje basado en proyectos . Me había olvidado ya de esa historia cuando leí el reportaje de Ana B. Hernández sobre el rechazo de algunas madres y padres hacia la metodología finlandesa implantada por las maestras de infantil en una escuela extremeña. Lejos de mi intención está el dirimir si en ese caso concreto tienen razón las familias que se quejan, las que están contentas o las profesoras, porque ni es el espacio, ni tengo todos los datos. En cambio, esta polémica me ha hecho recordar lo sencillo que es sobrevivir haciendo lo que se ha hecho toda la vida y lo complicado que es salirse de los caminos trillados Hace ya muchos años tuve un profesor de literatura que decidió romper con el esquema tradicional de la enseñanza, aparcó las gruesas enciclopedias en las que se desgranaban títulos y fechas