25 julio, 2018

Tras las batallas internas


Durante décadas habían sido los partidos de izquierda los que habían sido campos de batallas internas y que, con gran acierto, los Monthy Python parodiaron en La vida de Brian con la discusión entre el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular.

Cuando se echa la vista atrás habría que recordar que la derecha también escribió en la historia episodios como el Congreso de la UCD en Palma de Mallorca,  una semana después de la dimisión de Adolfo Suárez y dos semanas antes del 23F, y que acabaría saldándose con un partido que pasó de rozar la mayoría absoluta en 1979 a una docena de diputados tres años después.

Alianza Popular ha llegado a ser considerado el más sólido de los partidos. Fundado por siete ministros de Franco y con la voz cantante e indiscutible de Fraga durante los diez primeros años de existencia, solo tuvo un momento de incertidumbre, allá cuando Hernández Mancha consiguiera arrebatar a Herrero y Rodríguez de Miñón el trono dejado vacante por el político gallego, y al que éste hubo de retornar apresuradamente, nombrar a Aznar e iniciar un cuarto de siglo a base de dedazos más propios del PRI mejicano.

Este mes de julio la derecha española ha dado un giro copernicano, se ha atrevido a consultar directamente a la militancia y el sector más conservador ha acabado torciendo el brazo a Soraya, dando la vuelta a un proceso que se presentaba con dos mujeres en discordia y un actor secundario, y que ha acabado ganando el tercer hombre.

Sin entrar a valorar las dificultades que en Francia, Estados Unidos o España han tenido todas las mujeres que han estado a punto de ganar a un varón aunque parecieran favoritas (Segolène frente a Sarkozy, Hillary frente a Trump, Susana Díaz frente a Pedro Sánchez, etc.), que darían para un ensayo, convendría reflexionar sobre los paisajes que se configuran tras las batallas internas de los partidos políticos. Se suele caer en el error de no contar con quienes han perdido y con pasar listas de afectos o desafectos a los vencedores. Es costumbre habitual que esa falta de voluntad de integrar a quien ha sido derrotado en los procesos democráticos internos acabe por partir en dos o más pedazos a las formaciones políticas, aunque hay algo peor y es no reconocer al vencedor, negar la legitimidad democrática del ganador cuando se pierde, atrincherarse y boicotearlo todo.

Alguien dijo que si ganaba Soraya se habría producido una escisión en un partido que quería abarcar, al mismo tiempo, desde el lado más conservador del PSOE hasta los postulados más extremos que van triunfando en muchos lugares de Europa.  Era un abanico demasiado amplio incluso para Soraya. Ahora el peligro para el PP es que lo que se gane por la derecha se pierda por el centro. Un espacio que intentará ocupar C’s en una nueva pirueta estratégica que ya no sorprende a nadie. Las batallas internas producen estos paisajes. 

Publicado en HOY el 25 de julio de 2018

 

11 julio, 2018

Nagore y muchas más


Hay quienes piensan que la redes sociales no aportan nada bueno y quienes creemos que un uso comedido y sensato puede ser una fuente más para el conocimiento y la reflexión. Cristina es una periodista que de vez en cuando cuelga unas palabras en su muro que nos obligan a pensar, a repasar qué hicimos o dejamos de hacer para llegar una determinada situación. El domingo pasado, parafraseando la canción de El Último de la Fila, se preguntaba dónde estaba la prensa hace 10 años, cuando la enfermera de Irún Nagore Laffage fue asesinada en Pamplona por un joven médico psiquiatra.

Nosotros estábamos lejos, los medios generalistas de todo el país ignoraron el asunto y solo la prensa regional, esa que en la capital llaman “de provincias” y que a veces es más útil que la que se imprime en los madriles, se hizo eco del caso.

Durante toda esta semana, coincidiendo con los Sanfermines, se puede ver en abierto un largometraje documental de Helena Taberna que lleva por título Nagore y que la directora ha pedido que se proyecte en casas de la cultura o en asociaciones, que no se vea a solas sino contrastando pareceres e impresiones, creando foros y planteándonos qué ha pasado, cómo lo vemos y qué podemos hacer para remediar situaciones similares.

Cristina se preguntaba en su muro qué razones habían llevado a que el caso de Nagore no hubiera causado una respuesta social tan honda, tan unánime y tan rotunda como el rechazo a la manada. También nos planteaba el dolor que produce que su asesino esté suelto hoy y que Nagore muriera invisible, sin manifestaciones ni lemas. Después de ver la película de Helena Taberna cada uno sacará sus conclusiones y creo que, lamentablemente, muchas respuestas a todas esas preguntas radican en la diferente manera de ver las cosas dependiendo de quién sea la víctima y quién el victimario.

Tengo la certeza de que si los papeles hubieran estado cambiados, si un enfermero hubiera hecho lo mismo con una médico de buena familia y apellido conocidísimo en una capital de provincias, nos habríamos enterado de todo, el criminal estaría todavía en la cárcel y no se habría extendido esa especie de benevolencia hacia un joven que “cometió un error de juventud, se emborrachó, no sabía lo que hacía y al que no se le puede arruinar la vida”.

Ayer nos enterábamos de que el gobierno quiere modificar el Código Penal para garantizar que los tipos penales no se pongan en riesgo con la interpretación de los jueces. Un cambio que implicará que no decir expresamente que sí significará claramente que no. Todo esto llega tarde para la víctima de la manada y para otras tantas como Nagore. Las leyes podrán proteger un poco más, pero necesitamos que lo de este fin de semana, donde dos de las tres asesinadas ya habían denunciado al agresor, no vuelva a ocurrir. ¿Y si consideráramos ya a la violencia de género como el más extendido de los terrorismos?

Publicado en HOY el 11 de julio de 2018

El largometraje-documental Nagore puede verse en abierto hasta el 17 de julio en https://vimeo.com/191833250 accediendo con la contraseña
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El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...