21 abril, 2021

Ni George Floyd, ni KKK

Dentro de unos días conoceremos el veredicto sobre la muerte en Minneapolis de George Floyd, que soportó durante nueve minutos y 29 segundos la rodilla y el peso del policía Derek Chauvin sobre su cuello.

 

De nada le valió a George repetir 28 veces que no podía respirar. Cualquiera que vea sin cortes esos nueve minutos eternos tendrá bien claro el veredicto, pero la justicia tiene muchos giros de guion inesperados y la defensa del policía argumenta que fue la adicción a las drogas de George, unida a una cardiopatía, lo que realmente le causó la muerte.

 

Desde aquel 25 de mayo de 2020 han pasado muchas cosas en este mundo: una pandemia, Trump perdió las elecciones, supremacistas blancos tomaron el Capitolio y una marea de gente rompió confinamientos para reclamar que las vidas humanas importaban, independientemente del color de la piel.

 

El odio, el desprecio y el rechazo no se producen tanto por la oscuridad de la piel como por la pobreza. Es a los pobres a los que más se demoniza por parte de las gentes más retrógradas, insensibles e inhumanas. Solo así podemos encontrarnos en medio de mensajes electorales en los que se llama “mantenidos” a quienes hacen cola para comer por caridad, o se criminaliza a todo menor extranjero asignándole unas siglas que les cosifica y que les convierte en presuntos delincuentes hasta que no demuestren lo contrario. Hace falta tener poca caridad, cristiana o humana, para arremeter con saña a quienes sufren las consecuencias de no tener trabajo, de no poder pagar la vivienda en la que se refugian o de no tener nada que llevarse a la boca. Es un discurso que puede tener sus réditos en forma de votos pero que abre una herida sangrante en la sociedad que, desgraciadamente, suele tener finales muy infelices

 

Mientras que Merkel provocó la dimisión del Presidente de Turingia, tras haber llegado al cargo con los votos de la ultraderecha, aquí se compite en ver quién es capaz de articular un discurso más lleno de aporofobia y quién consigue soliviantar a los pobres autóctonos culpando de todos los males a los paupérrimos venidos de fuera. Las próximas semanas serán cruciales para ver si ganan cotas de poder los que postulan sin complejos propuestas contrarias a los Derechos Humanos, o bien se cuelan con un formato de aparente liberalidad pero con consecuencias similares para los más desfavorecidos

 

Se avecinan tiempos en los que habrá que tomar partido y no valdrán medias tintas: o se está con los que quieren repetir lo peor del siglo XX, o se está con quienes lo combaten. Probablemente George Floyd no era la mejor persona del mundo e incluso puede ser cierto que consumiera drogas y no fuera el mejor vecino que desearíamos, pero no merecía morir de esa manera. A riesgo de caer en maniqueísmos, me temo que no defender la dignidad de los George Floyd que pueblan el planeta es una forma de pasiva de abrir las puertas al Ku-Klux-Klan de turno. El peor de los “buenismos” será siempre mejor que el malismo que se avecina. 

 

Publicado  en el diario HOY el 21 de abril de 2021

P.S Varias horas después de enviar esta columna se ha conocido la sentencia condenatoria al policía Derek Chauvin. Cuando la escribía no tenía la certeza de lo que iba a ocurrir. Ni George Floyd ni KKK, nos parece una expresión increíble. Por eso es necesario dejar claro que entre fascista y antifascista no hay punto medio: no ser antifascista es abrirles la puerta a los del brazo en alto. Se recomienda relectura de la Historia del siglo XX.

 

 


 

07 abril, 2021

Patentes y cartas de presentación

He leído la carta de intenciones de quien va a llevar las riendas de la educación y de la cultura en la región de Murcia, una diputada de ultraderecha que acaba de cambiar de chaqueta y que se esfuerza en disimularlo. Un colectivo de docentes se ha molestado en realizar una corrección de los errores cometidos por Mabel Campuzano en apenas dos folios y medio del texto. Sin ser adivino, ya les anuncio que pocas mejoras cabe esperar en el panorama educativo y cultural de aquella región si quien ha de dirigirla se ensaña de tal manera con su propia lengua, la que tanto dicen valorar y defender, y en la que se supone que era su carta de presentación en sociedad. María Isabel Campuzano: Un grupo de docentes saca los colores a la nueva  consejera de Educación de Murcia por su ortografía: "Sentimos comunicarle  que no aprueba"

 

Releo ese texto que me cuesta comprender y no entiendo ni por qué lo hizo público, ni por qué nadie le advirtió de la pésima redacción. Imagino que, demasiadas veces, cualquiera que llega a un alto puesto tiende a elegir asesores que saben menos y que siempre dicen que sí a todo lo que se les pregunta, justo lo contrario de lo que aconseja el sentido común.

 

Admiro a quien reconoce humildemente ignorar algo y me molesta quienes creen saber de todo y se sirven de una impostura perpetua para parecer lo que no son. Hace un tiempo escuché al entrenador del Liverpool contestar a una pregunta sobre la pandemia en una rueda de prensa previa a un partido de fútbol. Jürgen Klopp se revolvió en su asiento y dijo algo tan simple como que era un tema del que no sabía nada y que su opinión era absolutamente irrelevante.

 

Desde entonces me pienso dos veces antes de escribir a ciencia incierta de cualquier asunto. Uno de esos temas sobre los que tengo unas dudas enormes es la imposibilidad de poner a todas las industrias farmacéuticas mundiales a fabricar vacunas para salvar el máximo número de vidas. Pero aquí, una vez más, chocamos con la madre de todos los males: la codicia de quienes ven en toda esta calamidad que nos ocurre una oportunidad de hacer un gran negocio. Y hay quien defiende a capa y espada la salvaguarda de los derechos de los accionistas de estas empresas, que en poco tiempo contarán muchas cifras en su reparto de dividendos.

 

Reconozco que ignoro cómo funciona este asunto de las patentes, pero también me pregunto de qué nos sirve tanta ONU, tanta OMS y tantos Estados perfectamente democráticos y defensores de valores humanos universales, si no son capaces de solucionar las trabas políticas, jurídicas y económicas que impiden que todas las personas se puedan proteger contra este virus, que ya se ha llevado muchas vidas, y que ha cambiado el comportamiento, los usos y costumbres de casi toda la humanidad.

 

Hace unos años se arrasaron países sin permiso de la ONU, alegando una presunta defensa de la seguridad mundial. No me atrevería a pedir que utilizaran la misma argumentación y el mismo método para expropiar las patentes e inmunizar a la población mundial entera, pero quizá habría que hacer algo. De momento revisaré lo escrito, no vaya a ser que tenga más errores que la consejera murciana.

 

Publicado en el diario HOY el 7 de abril de 2021

 



 

 

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Un sábado por la tarde de hace muchos años, justo después de los dibujos animados japoneses, emitieron una película basa...