Sucesos

Cuando hablo en castellano con portugueses o ingleses que están aprendiendo nuestro idioma, procuro tener mucho cuidado con la palabra suceso. Más que nada porque la experiencia me dice que es una fuente inagotable de malentendidos y han sido muchas las veces que acaban confundiendo acontecimientos terribles con grandes éxitos.
 

Desde que este periódico ha puesto a nuestra disposición su hemeroteca desde 1933, he descubierto muchas curiosidades. Hoy los periódicos ya no tienen sección de sucesos, pero todavía existían hace tres décadas, justo detrás de los deportes y antes de la programación televisiva y el crucigrama. En aquellas páginas de sucesos era facilísimo encontrar referencias, casi diarias, a crímenes que la policía y los periodistas de la época denominaban como pasionales y que, al menos eso parece, no causaban demasiado impacto social más allá del morbo. A poco que se lea la descripción de todos aquellos asesinatos, resulta fácil deducir que se trataba de violencia machista.

 

Mientras los casos se vuelven más espeluznantes, cada vez se oye más alto y con menos vergüenza a quienes sostienen que la violencia de género no existe. Afirman, incluso en sede parlamentaria, con luz y con taquígrafas, que las 1055 asesinadas desde 2003 fueron solo el lamentable resultado de ataques de locura aislados que les dan algunos varones cada cierto tiempo. Antes de 2003, como he comprobado en las hemerotecas, también las mataban. Pero estaban tan normalizados esos crímenes pasionales y aquel “la maté porque era mía”, que para las estadísticas policiales y judiciales no había una columna en la que ir contándolas e ir actuando en consecuencia para evitar más muertes y más agresiones.

 

¿Qué tiene que pasar para que seamos capaces de ver, unanimemente, que no son casos aislados e inconexos sino el producto de una sociedad patriarcal que persiste? ¿Cuántos conceptos atroces tendremos que aprender, como el más reciente de violencia vicaria, para que deje de haber negacionistas de una violencia que tiene sus causas en estereotipos de dominación y posesión que se siguen transmitiendo en la literatura, en el cine, en las series o en las canciones? 

 

A veces sentimos la necesidad de juntarnos con otras personas para compartir pensamientos y sentimientos. El viernes pasado, en muchas plazas de Extremadura, nos reunimos de manera espontánea para expresar nuestra consternación por la barbarie ocurrida en Canarias y que ha alcanzado cotas de crueldad inimaginables. Sí, ya sé que en esas concentraciones no conseguimos nada cuantificable en una hoja de cálculo, pero sirve para reencontrarte con quienes piensan parecido ante un tema en el que no logro entender como no hay un amplísimo consenso.

 

Sigo preguntándome dónde están las víctimas anteriores a 2003. ¿Hay alguien repasando los archivos de cada cuartelillo de la Guardia Civil, de cada comisaría o de cada juzgado? ¿No habrá jamás verdad, justicia y reparación para todas aquellas que fueron enterradas con ese endulcorante adjetivo de pasional? Quizá aquellos archivos han desaparecido y solo nos queda recurrir a las viejas páginas de sucesos. Saber cuántas y quiénes fueron podría ser un primer paso dejar de ningunear la dimensión del problema. Sería un pequeño éxito: un sucesso portugués o un success, como dicen los ingleses. 

 

Publicado en HOY el 16 de junio de 2021

 


 

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