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Mostrando entradas de octubre, 2014

¿Podremos?

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Nunca en la historia más reciente se habían juntado dos circunstancias como las que estamos viviendo hoy. Ya habíamos pasado por climas de consternación y vergüenza ante casos de corrupción. Los que tengan más de 40 años habrán oído hablar de Filesa, de Roldán, de Naseiro, de Palop y otros nombres que emponzoñaron la vida pública a finales de los ochenta y principios de los 90. Pero entonces faltó un segundo elemento, una sociedad capaz de organizarse y darle la vuelta a aquella situación. Hoy las noticias sobre corrupciones son peores que las de entonces, agravada porque los desmanes de una élite política y económica se descubren como causantes de una crisis que dura ya seis años y que durante todo este tiempo pretendieron culpabilizar a la gente currante. Ahora sí que hay una sociedad dispuesta a organizarse y dar la vuelta a un sistema que se pudre. Y no se pudre porque haya permitido casos de corrupción, no. Es al contrario, es el sistema el que ha propiciado la misma, co

Divino tesoro

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Hace ya más de cien años que Rubén Darío calificó a la juventud como un divino tesoro. La edad es esa casilla de los formularios que rellenas sin pensar cuando tienes menos de treinta y que te obliga a hacer restas sin papel y lápiz a partir de entonces. Cuando éramos pequeños no pensábamos más que en ir celebrando cumpleaños para vencer las prohibiciones que nos rodeaban por doquier, ya fueran rombos en una esquina del televisor o letreros en el cine que nos indicaban si podíamos entrar acompañados a los catorce o había que esperar cuatro años más. Luego el proceso empieza a invertirse y vas deseando que el tiempo se desacelere. Lees las ofertas de trabajo y la horquilla de la edad amenaza: para menores de 30 años, abstenerse mayores de 35, hasta llegar a una década fatídica en la que los viajes a la oficina del paro solo tienen billete de ida. Pero no siempre ni en todo lugar la juventud ha sido el más preciado de los tesoros: aunque casi nadie se acuerde ya de expresiones como

Economía colaborativa

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Han dejado de decirnos desde arriba que vivíamos por encima de  nuestras posibilidades: en cuanto se ha descubierto que eran ellos los que tenían tarjetas de crédito opacas ya no tienen tanto descaro como para culparnos de la catástrofe. Aunque hay que reconocer que las desgraciadas consecuencias de esta crisis, provocada por la avaricia de unos cuantos y descargada en las espaldas de los más necesitados, también nos han permitido intentar buscar otras maneras de salir adelante, que a algunos les parecerán una forma de volver a los orígenes de la humanidad. Hace ya más de veinte años que escuché hablar de la existencia de un cierto regreso al trueque en algunos países. Fue en una clase de idiomas, en las que cada alumno tenía que prepararse una disertación, y un amigo nos habló de los banco de horas, en los que te arreglan un grifo a cambio de un corte de pelo o de sacar a pasear los perros, sin dinero de por medio. Lo que empezó hace unas décadas como una experiencia curiosa