24 julio, 2019

Mañana veremos

A veces el resultado de una votación, del enésimo partido del siglo o del examen al que se ha dedicado esfuerzo no es lo más importante en la vida. Lo saben bien quienes han salido contentos de cualquiera de estas situaciones y no les ha servido ni para gobernar, ni para ganar la liga, ni para obtener la plaza deseada a pesar de una calificación muy buena.

No tengo la certeza de quién nos gobernará en los próximos años. La letanía de propuestas escuchadas puede ser interesante, a priori, en muchos aspectos. A nadie sensato se le escapa que este país necesita reformas para que el trabajo deje de ser tan precario, para que las pensiones sirvan para sobrevivir, para que los jóvenes se formen y encuentren empleos que les permitan emanciparse, para que se apoye a la economía social, para que se racionalicen los horarios, para que se afronte la transición ecológica, para que la revolución tecnológica no nos pille pensando analógicamente, para que se cuide la cultura y a quienes la crean, para que las mujeres dejen de ser discriminadas y asesinadas, para que la vivienda sea un derecho real y, en definitiva, para que la justicia social tenga tantos vigilantes, fiscales, jueces y abogados como tiene la justicia de las audiencias, supremos, togas y puñetas.

Ayer todos estos cambios ( y muchos más) se quedaron en el aire durante 48 horas por culpa de las malditas teorías de juegos. Cada vez es más preocupante la incapacidad de llegar a acuerdos constructivos entre los que están más cerca y que se opte por suplicar a los más lejanos una abstención caritativa. Ahora se culpa de todo al artículo 99 de la Constitución, quizá el menos urgente de todos los que requieren un cambio en la Carta Magna. Entre otras cosas porque tal vez no haya que cambiar el artículo por el nuevo panorama de fuerzas parlamentarias, sino que son estas las que tienen que actuar de una forma diferente, ya que no corren los tiempos en los que el que ganaba sin mayoría lo hacía con al menos 156 escaños y solo necesitaba una veintena para cimentar un gobierno sólido.

La foto de ayer, con Sánchez recogiendo un solo voto afirmativo en casi tres meses desde aquel lejano 28 de abril, es un retrato lleno de preocupaciones y donde no se puede culpar a todos los demás de la situación. En 24 horas no se soluciona lo que no se ha hecho en 86 días. Nos lo decían las profesoras del instituto cada vez que queríamos apurar repasando apuntes antes del examen. A lo mejor no es todo tan complicado y solo basta con olvidarse de movimientos de ajedrez y luchas de protagonismo para centrarse en cómo poner en práctica cada uno de los desafíos citados en el segundo párrafo de este artículo, sin hacer cábalas de gurú sobre el beneficio partidario de una repetición de elecciones. Como escribí aquí hace dos semanas, ese negocio nunca le ha salido bien a Redondo. Mañana veremos.

Publicado en el diario HOY el 24 de julio de 2019

13 julio, 2019

e agora

Hace tiempo que no escribo en este blog. Me refiero a escribir algo más allá de las columna en el diario HOY o mis colaboraciones en Politocracia. Pero una trágica noticia me ha recordado una imagen, una de las fotos que le pedimos para poder usar como recursos de Portugal y que sirvió para la portada de una Breve Historia de Portugal.

Tenía mil fotos mejores de Lisboa, pero es esta a la que tengo un aprecio especial. Y desde entonces, siempre que atravieso a Ponte 25 de Abril me acuerdo de esta foto, y de la pasión e interés que mostraba en las clases, y de las llamadas al trabajo para consultar cualquier cosa transfronteriza o de un poco más allá de A Raia.

Me acabo de enterar de que nos ha dejado una persona entrañable y de una bondad infinita, una sonrisa de luz detrás de cada click de su cámara.


Vou ter imensas saudades.
 

 La imagen puede contener: exterior

10 julio, 2019

Cogobernar



El 5 de junio de 2011 el partido de color naranja en Portugal, el PSD de Passos Coelho, ganó las elecciones con un 38 % de los votos y 108 escaños de un parlamento de 230. No tenía peligro de perder el gobierno porque las izquierdas no llegaban ni a 100 diputados y el tercer partido, el de color azul, era el conservador CDS-PP de Paulo Portas con 24 escaños y un 11% de votos.



El gobierno formado con esos resultados podría haber sido absolutamente monocolor pero no lo fue. Aunque la derecha portuguesa tenía un socio mayoritario con el 82 % de las acciones y uno minoritario del 18 %, el gobierno que se formó contó con 4 ministerios del CDS-PP de un total de 16 y con carteras como exteriores, economía, agricultura o empleo y seguridad social.



En Alemania los gobiernos formados por uno de los grandes partidos junto a otro de los pequeños han sido tan habituales, o más, que las últimas grandes coaliciones. Los liberales consiguieron que su líder, Hans-Dietrich Genscher, fuera vicecanciller y ministro de Exteriores desde 1974 a 1992, primero con los socialdemócratas Brandt y Schmidt y desde 1982, cuando abandonó al SPD y pasó a apoyar a la CDU de Helmut Kohl. También Alemania vivió otros gobiernos plurales entre SPD y Verdes desde 1998 a la llegada de Merkel en 2005.



He traído dos ejemplos de países europeos, grandes y pequeños, lejanos y cercanos, para mostrar que lo habitual en Europa ha sido construir gobiernos de más de un color, tanto en la derecha como en la izquierda, con el objeto de darles más consistencia y llenarlos de contenidos programáticos consensuados por cada uno de los integrantes y en función de la relación de fuerzas que les hubiera otorgado el apoyo popular. Por eso me pregunto cuándo fue que empezamos a complicar lo que era sencillo. No recuerdo en la noche de del 28 de abril que nadie hablara de las dificultades de Sánchez para conseguir ser investido, pues el único retraso que cabía esperar venía de las elecciones locales, regionales y europeas del 26 de mayo, que pospondrían cualquier tipo de pacto.



Han pasado 73 días y estamos como al principio. No sabemos si “con Rivera no” o si "al final sí". La consistencia de un gobierno se fabrica ahora con cooperación y se desechan las coaliciones. Ahora se cree que es mejor tener al aliado fuera del Consejo en lugar de implicarle y hacerle copartícipe y corresponsable de todas y cada una de las medidas, desde las más halagadoras a las que soliviantarán a los votantes ajenos e incluso a los propios. Todo parecía destinado a usar el prefijo co- cuando se quiere cogobernar, colaborar, cooperar, coparticipar y corresponsabilizarse. Pero también surge la tentación de librarse de ataduras y de intentar mandar a rienda suelta haciendo votar a la gente por cuarta vez en menos de cuatro años. Cuidado, que el negocio no siempre sale tan redondo como lo pintan los gurús.

Publicado en HOY el 10 de julio de 2019

P.S.
Pregunten a su alrededor cuantos gobiernos son monocolores y cuántos están formados por diferentes partidos. Pudiera parecer que lo segundo es algo extraño y poco habitual. El número de la 2ª columna indica el nº de partidos que lo forman. ¿Y si nos estuvieran haciendo pasar como normal lo que, en realidad, es atípico?


Exilio entre comillas

Un sábado por la tarde de hace muchos años, justo después de los dibujos animados japoneses, emitieron una película basa...