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Mostrando entradas de junio, 2021

Asientos contables

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Los que no tenemos demasiadas habilidades para casi nada nos asombramos fácilmente ante cualquier cosa que nos es imposible. No sé leer un pentagrama y me parece magia que alguien pueda tocar un instrumento musical. Tampoco soy capaz de dibujar un objeto y que el resultado se parezca mínimamente a la realidad. Se sobrevive con todas estas carencias, aunque la que más me ha preocupado es la que me convierte en un inútil total para manejar cifras complejas.   Con mucho esfuerzo y sin demasiados éxitos, logré aprobar las matemáticas en el colegio y apasionarme por otros mundos en los que no había demasiadas ecuaciones y en los que las cifras no se mezclaban tanto con las letras, con las que sí he conseguido hasta ganarme la vida. Sobrevivir sin unos conceptos básicos de contabilidad es poco menos que imposible. Alguna vez escuché hablar de asientos contables y pensé que eran sillas en las que se sentaban unos señores con manguitos negros que apuntaban números en las columnas del debe

Sucesos

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Cuando hablo en castellano con portugueses o ingleses que están aprendiendo nuestro idioma, procuro tener mucho cuidado con la palabra suceso . Más que nada porque la experiencia me dice que es una fuente inagotable de malentendidos y han sido muchas las veces que acaban confundiendo acontecimientos terribles con grandes éxitos .   Desde que este periódico ha puesto a nuestra disposición su hemeroteca desde 1933, he descubierto muchas curiosidades. Hoy los periódicos ya no tienen sección de sucesos, pero todavía existían hace tres décadas, justo detrás de los deportes y antes de la programación televisiva y el crucigrama. En aquellas páginas de sucesos era facilísimo encontrar referencias, casi diarias, a crímenes que la policía y los periodistas de la época denominaban como pasionales y que, al menos eso parece, no causaban demasiado impacto social más allá del morbo. A poco que se lea la descripción de todos aquellos asesinatos, resulta fácil deducir que se t

Fiat lux

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En dos días hemos oído hablar del precio de la luz más que en las últimas décadas y, desde ayer, casi todos tenemos un imán en la nevera sujetando un papel que nos indica a qué hora merece la pena poner en marcha el lavavajillas o cuándo es prohibitivo enchufar la secadora o el aire acondicionado.   No sé si esta medida de discriminar horarios servirá para que hagamos un uso más eficiente de la energía, para que nos pensemos dos veces si poner en marcha la lavadora con media carga o para ir apagando bombillas innecesarias. Imagino que con el nuevo sistema habrá quienes puedan permitirse el lujo de no mirar el reloj, porque la factura mensual no les supone perder ni un minuto de sueño, ni les preocupa que una ola de frío les haga pagar cien o doscientos euros de más en el siguiente recibo.   Bien diferente es el caso de otros muchos hogares, aquellos que durante los años de dura crisis nos hicieron descubrir que existía una pobreza apellidada energética, la que sufren quienes no