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Mostrando entradas de agosto, 2010

Mis libros (et XXVI)

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Se acaba agosto y mi periplo por unos cuantos de mis libros. Releo lo escrito y cambiaría cinco por otros cinco diferentes. Y cambiaría casi todas las anotaciones que he ido haciendo. El verano que viene lo haré con películas.  Aquí dejo el último: Lo leí esta primavera y es de mi vecina de los jueves en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA. Me gustaron mucho Ocrán-Sanabú , Pretérito imperfecto , Manual de ortografía o un precioso cuento tejido sobre la copla Ojos verdes que me encontré en la mesilla de un hotel hace 10 años. Pero Grandes superficies me llegó de una manera especial porque había muchas escenas reconocibles, de esas que uno no se encuentra en las novelas. Por cierto, mis puntos de vista son criticables, censurables e incluso abominables. Son eso. Puntos de vista y nada más.

Apuntarse

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Durante un tiempo pensé que el término fascículo era una palabra malsonante que se refería a una parte del cuerpo de los fascistas. A finales de agosto me suelo acordar de ellos – me refiero a los fascículos – porque aparecen por todos los lados: desde la historia de Egipto a coches antiguos, pasando por abanicos o un ajedrez de la guerra de las galaxias, lo que me reafirma la vigencia de aquella frase atribuida a Lagartijo y que decía que tiene que haber gente para todo. En unos días encontraremos a la mitad de la población coleccionando chorradillas o apuntándose a algo. Los que han viajado al extranjero se apuntarán a clases de idiomas, ya que han podido comprobar en sus propias carnes que pegar gritos a dependientes y camareras no siempre facilita la comunicación, y que es más útil usar las neuronas que aumentar los decibelios. Sí. Aprender es algo que nunca debe abandonarse, ni cuando estás trabajando, ni cuando te has jubilado, ni cuando te encuentras en el desempleo. Eso

Mis libros (XXV)

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Ya dije que habría más de un Galeano. Este es uno de sus últimos libros. Un repaso a la otra cara de la historia universal. La que contarían los perdedores, los pobres, los esclavos, las maltratadas, las olvidadas, los torturados. La historia se ha escrito desde palacios sin tener en cuenta que una importante mayoría de los seres humanos vivió en cuevas, en chabolas o a la intemperie Será por eso que no sabemos lo que somos.

Mis libros (XXIV)

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Cualquier poema de Ángel González. Mientras tú existas, mientras mi mirada te busque más allá de las colinas, mientras nada me llene el corazón, si no es tu imagen, y haya una remota posibilidad de que estés viva en algún sitio, iluminada por una luz cualquiera...                                               Mientras yo presienta que eres y te llamas así, con ese nombre tuyo tan pequeño, seguiré como ahora, amada mía, transido de distancia, bajo ese amor que crece y no se muere, bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

Mis libros (XXIII)

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Una amiga y compañera de Facultad me envió este poema cuando nació mi hija.   - "Es de una compañera de mi promoción" - me dijo.  Lo leí mientras Nerea dormía a mi lado y he de decir que nunca un poema me ha parecido tan bello.   Al valor de cada obra literaria hay que añadirle el contexto del receptor, que puede multiplicarlo o todo lo contrario.   Mientras duermes te miro... Me recuerdas el frío de las fuentes en los labios, el prado debajo de la espalda, la indescifrable danza de las nubes, el dulce sabor de diminutos dedos en la masa, la tierra en las uñas, los pies mojados en los charcos, los bolsillos repletos. Contigo junto a mí los días recobran la suave textura de la cera y repiten mil veces el amanecer. Contigo junto a mí veo pasar de largo la tristeza.

Mis libros (XXII)

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El clasicismo y la lusopatía me llevó a este heterónimo de Pessoa. Odas de Ricardo Reis , que Ángel Campos Pámpano tradujo en Pre-Textos en el año 1995. Vem sentar-te comigo Lídia, à beira do rio. Sossegadamente fitemos o seu curso e aprendamos Que a vida passa, e não estamos de mãos enlaçadas. (Enlacemos as mãos.) Depois pensemos, crianças adultas, que a vida Passa e não fica, nada deixa e nunca regressa, Vai para um mar muito longe, para ao pé do Fado, Mais longe que os deuses. Desenlacemos as mãos, porque não vale a pena cansarmo-nos. Quer gozemos, quer nao gozemos, passamos como o rio. Mais vale saber passar silenciosamente E sem desassosegos grandes. Sem amores, nem ódios, nem paixões que levantam a voz, Nem invejas que dão movimento demais aos olhos, Nem cuidados, porque se os tivesse o rio sempre correria, E sempre iria ter ao mar. Amemo-nos tranquilamente, pensando que podiamos, Se quise'ssemos, trocar beijos e abraços e carícias, Mas que mais vale

Mis libros (XXI)

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También hay un hueco para la poesía. Donde habite el olvido,   En los vastos jardines sin aurora;   Donde yo sólo sea   Memoria de una piedra sepultada entre ortigas   Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.   Donde mi nombre deje   Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,   Donde el deseo no exista.   En esa gran región donde el amor, ángel terrible,   No esconda como acero   En mi pecho su ala,   Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.   Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,   Sometiendo a otra vida su vida,   Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.   Donde penas y dichas no sean más que nombres,   Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;   Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,   Disuelto en niebla, ausencia,   Ausencia leve como carne de niño.   Allá, allá lejos;   Donde habite el olvido.

Mis libros (XX)

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Portugal también tuvo un gran novelista a finales del XIX. Eça de Queirós. Un autor que no entraña especiales dificultades para ser leído en versión original para quienes estén aprendiendo la lengua de nuestros vecinos. O Primo Basílio es una de esas novelas entretenidas que acabé aborreciendo un poco cuando me toco examinar a centenares de alumnos sobre la obra. Menos mal que todo pasó.

Prohibiciones

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Sería firmemente partidario de que no existieran prohibiciones. Así, con carácter general: ninguna limitación a priori, prohibido prohibir. Especialmente si se hubiera conseguido instaurar de forma efectiva el buen senso generalizado, la universalización de la empatía, la extensión del civismo téorico y práctico al último ciudadano, y la asunción por parte de la totalidad de la población de conceptos tan básicos como el de no perjudicar con nuestra libertad al de enfrente. Y ahí es donde se me viene abajo el principio, momentáneamente. Porque todavía hay demasiada gente que conduciría a 200 por hora si no hubiera radares, que no pagaría al fisco si no hubiera inspectores, y que se fumaría un puro en un restaurante de carretera a dos metros de tres niños asmáticos. Sí, a los que nos gustaría que no hubiera nada prohibido nos joroba que tenga que haber leyes urbanísticas que impidan construir industrias químicas en medio de parques naturales, o que se tenga que castigar a quien cuelga l

Mis libros (XIX)

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El inolvidable profesor de historia Ángel Rodríguez Sánchez fue el primero en darnos una clase en la Facultad. Con él descubrimos que no toda la historia era como nos habían contado y que los héroes a caballo de nuestras plazas de Extremadura escondían tras sus armaduras a unos terribles hijos de su madre. Por entonces fue una lectura imprescindible Las venas abiertas de América Latina , enredados como estábamos en tanta solidaridad internacionalista. No hay nada como intentar ver las cosas desde otro punto de vista para tener una opinión un poquito más decente. Y aún así no siempre se consigue.

Mis libros (XVIII)

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Al echar un vistazo a mi libros he caído en la cuenta de que durante la segunda mitad de los años 90 dediqué mucho tiempo (¿quizá demasiado?) a asuntos de política interancional, activismo en Derechos Humanos y cosas por el estilo. De ahí que en mi pequeña biblioteca haya más libros del Chomsky analista político que del gramático. Unos son sesudos, como El nuevo orden mundial (y el viejo)   y otros son entrevistas fáciles de entender para un lector torpe como yo. De esa época es Mantener la chusma a raya (Keeping the rabble in line) . Es estremecedor releer una entrevista que aparece en este libro, realizada el 11 de abril de 1994, y que nos explica a qué llaman chusma desde EL PODER. El fallo de origen de las democracias occidentales, supeditadas a los mercados, que sólo han conseguido levantar algunas críticas minoritarias en el debate intelectual de 2010, son diseccionadas en este libro de hace 16 años.  Es una opinión personal, pero creo que Chomsky es el intelectual integral más

Mis libros (XVII)

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A este libro le debo mi capacidad (escasa y cada vez más débil, para qué mentir) para intentar zafarme de la propaganda del sistema. Hubo un momento en el que pensé que internet podría dejar en fuera de juego a Chomsky y a Ramonet, pero la verdad es que todo vuelve a estar en su sitio y que el monopolio de la CNN, Reuters, AP y las agencias (de seguridad, de inteligencia y de las otras) han sido remplazadas por google y sus sistemas para dar unos resultados de búsqueda (y no dar otros).

Mis libros (XVI)

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Miguel Torga es otro de los grandes de la literatura portuguesa. A quien quiera acercarse a su obra le recomiendo Bichos , una obra de la que me he acordado mucho este verano. Especialmente de uno de los cuentos, el titulado  Miura , que se puede leer en el enlace .  Me estoy dando cuenta de que tengo cierta obsesión con lo de los puntos de vista.

Mis libros (XV)

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Sophia de Mello Breyner Andresen, A Sophia para los lusópatas , ha sido una de las más importantes mujeres de la literatura portuguesa del XX. Tengo una predilección especial por sus Contos Exemplares , y concretamente por A Viagem .  Os dejo dos poemas. 25 DE ABRIL Esta é a madrugada que eu esperava O dia inicial inteiro e limpo Onde emergimos da noite e do silêncio E livres habitamos a substância do tempo ESPERO Espero sempre por ti o dia inteiro, Quando na praia sobe, de cinza e oiro, O nevoeiro E há em todas as coisas o agoiro De uma fantástica vinda.

Mis libros (XIV)

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Hace unos años volví a la Unversidad y casi me quedo enganchado con lo que, en principio, debía haber sido un asunto colateral. La literatura inglesa del XIX, de la que algo había leído al español y de la que tanto nos había llegado a través del cine y la series televisivas. Recuerdo el mes de mayo de 2004 con satisfacción, y eso que hubo momentos en los que ya no sabía si estaba en Filología Inglesa o Portuguesa. Pude asistir a pocas clases pero reconozco que fueron muy valiosas, que me sirvieron para entender un poco más de ese periodo y de esas mujeres tan importantes para la literatura universal como las hermanas Brönte o Jane Austin. Sin olvidar a Dickens, claro está, a Elisabeth Gaskell o George Eliot, de quien me encantó de manera especial  Silas Marner .

Defraudando

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Cuando en la noche del 11 de julio vi a miles de personas enarbolarse en la bandera y gritar su patriotismo con la musiquilla de Kalinka , la misma que usábamos para cantar OTAN no , pensé que todos los problemas económicos se habían resuelto. Pero la ilusión se desmoronó un mes más tarde, cuando el Instituto de Estudios Fiscales hizo pública una encuesta demoledora que dice que el 43 % de los españoles justifica el fraude fiscal. El 34 % alegan la coyuntura como atenuante, pero hay un 9% que lo entiende como una característica propia, que para eso somos descendientes directos de Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache . Los empresarios y profesionales son los más comprensivos con los defraudadores, hasta el punto que un tercio de los mismos reconoce que son ellos los que más ocultan y engañan. Así que mi gozo en un pozo. Yo pensé que los patriotas lo eran de corazón, que a partir de ahora todos afearían al fontanero o al dentista que factura sin IVA, y que esa explosión de amor a

Mis libros (XIII)

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He comprado este libro ocho veces. Una vez para mí y siete para regalarlo. De vez en cuando lo releo como medicina para evitar el aburguesamiento en la manera de pensar. Un collage con miles de historias que el tiempo no ha dejado que se queden trasnochadas. Escrito a finales de los 90 pero tan vigente como el primer día. Yo creo que es el mejor Manual de Pedagogía para quien quiera entender cómo funciona el sistema. Anuncio que habrá más Galeano entre mis libros.

Mis libros (XII)

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Hoy, 14 de agosto, me acuerdo de Los girasoles ciegos. Un libro sencillo y conmovedor, pero destrozado -como tantas veces- por el cine. Sigo pensando que este país tiene que cerrar heridas y que para eso hay que abrirlas y limpiarlas bien, ahora que el tiempo ha pasado. No digo más, que me conozco.

Mis libros (XI)

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Lo habíamos leído y comentado con don Hilario en aquellas clases de literatura a las 8 en punto de la mañana, en esa edición de Austral , de tono entre morado y rosáceo, que se descomponía fácilmente. No te pongas estupendo , me decían quienes sabían de mi pasión por el libro de Valle-Inclán. Meses después vimos en el López de Ayala aquella magistral representación, con José Mª Rodero en el papel de Max Estrella y Carlos Lucena en el de don Latino de Hispalis, bajo la dirección de Lluís Pasqual.

Mis libros (X)

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No todo iban a ser libros de autores muertos, viejecitos y consagradísimos. También hay lugar para autores jóvenes. Ángel Campos me habló de él por primera vez, encontré  La mala memoria en una estantería de mi hermana y he de decir que me encantó a pesar de que un piso del año 77 oliera a silicona. El vano ayer me pareció una novela más madura y me llegó especialmente por tratar de asuntos de los que había hablado en infinidad de ocasiones, en tertulias de café y discusiones nocturnas. Desde que ocupa el lugar del inolvidable Javier Ortiz, Isaac Rosa es una referencia de eso que llamo escritores que piensan y escriben de la realidad en la prensa diaria. Un auténtico lujo.

Mis libros (IX)

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Ya dije que este recorrido de agosto por mis libros no era ni crítica literaria, ni hit parade particular. Es una sucesión de libros escogidos al azar y que de una manera u otra han dejado una huella. Un personaje al que admiré fue Manuel Vázquez Montalbán. Sus comentarios radiofónicos a primera hora de la mañana en el programa de Luis del Olmo eran el soplo de aire fresco para orientarte en el mundo. No fui seguidor de sus novelas negras pero sí de sus columnas de los lunes en la contraportada de El País. Durante mucho tiempo mi sueño fue escribir una columna cada lunes en la contraportada de un periódico. Con el tiempo, el sueño se ha convertido en una pequeña pesadilla, aunque muy gratificante. En enero de 1999 leí El Libro de los espejos   del Subcomandante Insurgente Marcos. Marcos fue un nombre muy importante ese año y la lectura del libro de Manuel Vázquez Montalbán supuso un nuevo soplo de aire fresco, de fuerza para creer en un mundo mejor. No sé si el tiempo me hará desdec

Mis libros (VIII)

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Llevaba ya siete libros y ninguno de los clásicos. Hay lecturas que te cambian la vida. Siempre pensando que ibas a ser una cosa y acabas siendo otra. O al menos intentándolo. Mi año de COU  no se puede explicar sin La Eneida . Hasta el punto que modificó mi hoja de ruta. Para al final acabar en el mismo lugar. Bueno, lo que importa es el viaje. Dicen.

Tejemanejes

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El interés que tengo por los asuntos políticos es inversamente proporcional al que siento por los tejemanejes de la vida   intestinal   de los partidos políticos. Creo más en el trabajo diario en la calle que en las intrigas de altos despachos, y siempre me ha parecido bastante impresentable que alguien que pierda las elecciones, en lugar de quedarse a hacer oposición, busque un acomodo mejor burlándose de los pobres votantes. De   Tomás Gómez  sólo sé que era un alcalde muy apreciado en Parla y que desde hace apenas tres años está al frente de la complicada Federación Socialista madrileña. A unos meses para los comicios alguien ha decidido que se trata de un político de perfil bajo y sin nombre suficiente para enfrentarse a   Esperanza Aguirre . No sé cómo acabará este culebrón veraniego y si finalmente se presentará   Trinidad Jiménez   o   Lissavetzky . Las razones que se argumentan para descabalgar a Gómez podrían ser dignas de una empresa multinacional de alta costura o de una age

Mis libros (VII)

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Paul Auster es otro de mis autores preferidos. No sabría cuál de sus obras elegir para ilustrar este recorrido por mis libros. La noche del oráculo tiene un componente, los cuadernos azules portugueses, que hacen que  tenga un no sé qué entrañable. Probablemente la lusopatía ,   otra vez. Pero me quedo con Leviatán  sin poder argumentar nada. Muchas veces los libros nos llegan no tanto por su contenido como por nuestro estado a la hora de leerlos. Será eso.

Mis libros (VI)

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Lo mejor de  La Regenta  es acabar el libro y releer el primero de los capítulos. Sus descripciones detalladas son fotografías construidas con palabras. Por no hablar de los personajes. Magistral. Esa es la palabra que me viene a la cabeza. 

Mis libros (V)

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Los nuevos lusópatas tenemos una afición, quizá desmedida, por Mia Couto. A todos les encantó Cronicando  o  Estórias Abensonhadas . Yo sigo teniendo una predilección po r A varanda do Frangipani. Probablemente no sea su mejor obra, pero hay algo de aquella historia, de aquel asilo de anciano y una novela negra del África negra, que me cautivó especialmente. Mia Couto se ha convertido en una de esas plumas a las que sigo fieelmente. No me ha defraudado, de momento.

Mis libros (IV)

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Sólo he leído dos libros de Saramago en español.  Historia del cerco de Lisboa , que me firmó un 27 de mayo de 1993 en la Avenida de Huelva de Badajoz, y Todos los nombres , que me regaló mi hermana. Era una traducción de Basilio Losada y me encantó por varias razones: por la presencia de un corrector (deformación profesional), por el protagonismo de una ciudad que me apasiona más de lo debido, o simplemente porque, por aquel entonces, empezaba  a sentir una lusopatía de la que no he conseguido curarme. Luego ha habido de todo y confieso que algún libro de Saramago me costó acabarlo o me supo a poco. Pero de éste tengo muy buen recuerdo y es el único que me ha firmado un premio Nobel, todavía.

Mis libros (III)

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En mis tres años de literatura en el bachillerato tuve tres profesores de literatura bien diferentes. Un entrañable pelirrojo salmantino que nos hizo leer La Regenta con quince años; un sacerdote que nos desentrañaba a Garcilaso en el aula que unía el laboratorio y el paraninfo del antiguo Bárbara de Braganza en Badajoz; por último, una enciclopedia andante, con la voz entrecortada y el cigarrillo entre los dedos, que nos hablaba de Pío Baroja y Valle-Inclán en el primer COU de jornada continua, a las 8 de la mañana, cuando todavía no había amanecido.  En una caja deben de estar aquellas libretas de muelle con mucho comentario al margen. En 3º de BUP leí El Quijote por primera vez, pero fue unos años más tarde cuando lo disfruté plenamente. Yo creo que a El Quijote hay que llegar con un bagaje que a veces no se tiene con dieciséis años. Pero hay quien piensa todo lo contrario. No sé. Me apasionan muchos fragmentos de la segunda parte y recuerdo haber llorado de risa en alguna calur

Mis libros II

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Verano de 2008. Tumbado en la terraza devoré esta novela de Almudena, de la que apenas había leído nada. Me la habían recomendado personas muy cercanas y no me defraudó. Muchos piensan que le sobran 300 páginas. Yo sólo puedo decir que me impactó como hacía mucho tiempo que no lo lograba una novela. Imprescindible para comprender lo que pasó (y lo que todavía pasa).  

Cuatro y diez

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Hace unos siete años empezaron a telefonearme, casi todos los días, a las cuatro y diez de la tarde. Eran voces melodiosas, que me llamaban con mis dos nombres sin saber que no uso nunca el primero, y a quienes tenía que ayudar a pronunciar un apellido complicado. Sé de gente que no soporta estas llamadas, pero yo fui capaz de hacer de ellas una actividad gratificante, que me retrotraía a una vocación perdida por la interpretación. Me gustaba responder al acento colombiano con uno de Buenos Aires o de Méjico, me hacía pasar por mayordomo de mí mismo, por mi propio jardinero o por mi secretario particular. Mataba así el gusanillo de unas tablas teatrales que apenas pisé, pero la estrategia acababa por ser engorrosa: entre la oferta de una tarifa nueva y el regalo de una moderna batería de cocina, yo ya no sabía si era mi mozo de cuadra o el encargado de mantenimiento del rancho. Hace unos tres años cambié de estrategia y me centré en un solo papel. A las cuatro y diez, como en la canció

Mis libros I

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El verano pasado hice un repaso de canciones que me habían gustado o que tenían un significado especial. Este verano voy a hacer lo mismo con los libros. De manera desordenada, sin criterio alguno. Los habrá buenos y malos, habrá literatura y otras cosas de difícil definición. Somos los que hemos vivido, somos lo que hemos leído. Aunque, a veces, no sepamos cómo leer nuestras propias vidas. Y empiezo por el verano del 83, a medio camino entre tercero de BUP y COU, y con Cien años de Soledad entre las manos. Recuerdo la enorme pena que me producía llegar a las últimas páginas. Un día de estos habrá que empezar a releer.