25 marzo, 2015

Extrapolar

Muchos periódicos publicaban unos anuarios muy útiles en los que recogían infinidad de artículos y estadísticas. Eran un tesoro para los que nos gustaba comparar los resultados electorales que se habían producido en cada contienda, pero hoy habitan en cajas de cartón en un cuarto trastero. Dejaron de editarse desde que con un par de movimientos del ratón sabemos quién ganó las elecciones municipales del 79 en Ceclavín o en Monterrubio de la Serena, y hoy cualquiera puede ya comparar datos como si fuera un sociólogo estadístico, que no es lo mismo que un estadista sociópata a pesar de la similitud fonética.

Aplicar conclusiones obtenidas en un campo a otro: así es como han definido los académicos la palabra extrapolar, que en las últimas 48 horas se ha conjugado más que el verbo poder en lo que llevamos de año.  La experiencia acientífica de haber sido un aficionado a escudriñar los resultados electorales me aconsejan no extrapolar nada a Extremadura, porque aquí las corrientes de cambios electorales suelen llegar tarde, para bien y para mal. La UCD se mantuvo hasta que sucumbió y surgió el PSOE. Cuando el PP ganó en el resto de España, en 1996, aquí todavía se mantuvo el PSOE por esa tendencia natural a seguir votando a quien manda. El bipartidismo, que cayó por debajo del 50% en España en las pasadas europeas, mantiene en Extremadura un sólido 75%.

Uno es consciente de levantar ampollas si se atreve a profundizar en algunas particularidades del comportamiento electoral de Extremadura. Una de ellas, que con cierta dosis de maldad es denominada como “síndrome de Paco el Bajo” en referencia al personaje de Delibes, es esa presencia de un fuerte bloque de adictos al poder, que solo se resquebrajan cuando la hecatombe o el desastre es indisimulable. Es lo que hizo que ciudades de la región pasaran de ser bastiones de un partido durante años a bastiones del partido oponente durante décadas. Hay quien me cuenta que, en determinados pueblos, los que en su día fueron más furibundos defensores del Presidente Ibarra hoy lo son del actual y lo serán hasta que vean que va a perder por goleada.


¿Es extrapolable lo ocurrido en Andalucía? Pues no del todo porque el campo es muy diferente. Nos unen, desgraciadamente, las más altas cifras de desempleo, de paro juvenil y de bolsas de pobreza. Pero han pasado cosas muy distintas: en Extremadura el PSOE fue desalojado del poder por el PP, a quien le permitió gobernar IU a cambio de paños calientes y analgésicos para los recortes. En mayo a más de uno le van pasar la factura de estos años y es posible que todo cambie, como cantaba Mercedes Sosa, porque nuevos actores entren en escena.  Pero no se nos olvide que en Extremadura hay que preguntarse quién es considerado “poder”, porque la experiencia nos dice que acaba teniendo un plus que me gustaría que me explicaran los sociólogos de verdad y no los “extrapoladores” de tres al cuarto.

Publicado en el diario HOY el 25 de marzo de 2015.


19 marzo, 2015

Nada cambiaremos si creemos que nos sobra con la fuerza de la ola

Una de mis aficiones favoritas es ver las olas del mar y una de ellas adorna mi blog desde hace diez años. Tomé la fotografía hace ya bastante tiempo en mi playa favorita, donde las olas parecen tener mucha fuerza y se desvanecen al llegar a la orilla. A veces se llevan cosas por delante, arrastran a más de uno, borran lo que hemos escrito sobre la arena y producen un sonido que a los de tierra adentro nos hipnotiza. Cuando llevo unas horas observándolas, siempre hay un momento en el que pienso en su belleza y, a renglón seguido, en lo inútiles que son para regar un huerto o un jardín. 

Llevamos unos meses sobre una tabla de surf en lo alto de una ola. No nos caemos a pesar de las embestidas, nos mantenemos y avanzamos. Hay quien cree que la fuerza de la ola es eterna; otros, en cambio, sabemos que tarde o temprano llegaremos a la orilla y habrá que saltar y dar la mano a quienes nos han ayudado en el viaje.

Es urgente aprovechar la fuerza que tenemos, sí. Pero no todo es fuerza en la vida. A veces se necesita fuerza y algo más: mirar hacia atrás en el tiempo, echar un vistazo a la izquierda antes de cruzar, escuchar las sabias palabras de nuestros compañeros de viaje aunque tengan camisetas de otro color, aprender que la generosidad siempre beneficia más al que da que al que recibe.

No podemos defraudar las esperanzas de tanta gente. Estamos a punto de hacerles perder algo que debería ser de todos y que tratan como si fuera un cortijo. Así que es hora de reflexionar: los que creen que con esa ola de agua salada se puede regar un jardín, que sigan en la tabla. Os espero en la orilla, en esta orilla, y deseando que tengáis razón. Pero no sé.


17 marzo, 2015

Cota cero: ¿Tan difícil es de entender en el Ayuntamiento de Badajoz?

Hace unos nueve años vi cómo rebajaban este bordillo en la esquina de Cardenal y Cisneros con Argüello Carvajal. Había visto un programa de "Línea 900" (Cuando TVE emitía programas muy decentes) en el que una persona en silla de ruedas alertaba de la inutilidad de los Ayuntamientos a la hora de hacer estas obras menores. 

Los bordillos deben tener cota cero para que sean útiles. Me acerqué a los operarios y les pregunté si les habían indicado la distancia que habían de dejar. Se miraron unos a otros y dijeron: "No sabemos, nos han dicho que hay que rebajar". No exagero si afirmo que la cota no era cero sino unos cuatro o cinco centímetros como mínimo. 

Esta semana han tenido que levantar todo este tramo por una avería de conductos de agua y hoy han vuelto a poner todo en su sitio: ¡Y SÍ! HAN VUELTO A DEJAR UNOS CENTÍMETROS PORQUE LES IMPORTA UN PIMIENTO LA GENTE QUE VA EN SILLA DE RUEDAS.

Esperemos que tanta inutilidad tenga los días contados

13 marzo, 2015

Badajoz, una ciudad que hay que recuperar para la gente (2)

Durante muchos años observé que, llegado el año electoral, siempre había alguna mejora para las principales avenidas y barrios acomodados de Badajoz. En muchos casos eran nuevos acerados innecesarios (se habían repuesto junto cuatro años) o se añadían unos jardines a zonas que no estaban mal del todo. Y esto ocurría al mismo tiempo que, en otras partes de la ciudad, todo se caía. Recuerdo incluso lo que podríamos denominar racismo infantil: cuando empezaron a surgir los parques de juego con suelo de tartán, estos solo se instalaban en las zonas nobles de la ciudad y a los barrios enviaban instalaciones de segunda fila.


Esta semana hemos visto que el Parque de lasAméricas, mas conocido como “el de la Pitusa” va a ser puesto patas abajo y va a recibir una inversión de 1.200.000 euros.
He pasado muchas tardes en esa plaza. Tenía algunos desperfectos, inevitables con el paso del tiempo y con el uso que se le da (en ocasiones algo incívico, reconózcase).

Pero probablemente con el pico de la cifra habría habido más que suficiente para dejar la plaza en condiciones: tiene sus árboles grandes y hermosos, sus zonas de sombras tan deseadas en esta ciudad. El otro millón que se va a gastar aquí debería usarse en otras zonas de la ciudad (y probablemente en otras finalidades).

Badajoz es una ciudad con una tasa de desempleo, una pobreza infantil y unos desequilibrios sociales que escandalizarían a cualquiera. No se pueden derrochar un millón de euros en un lugar que, como digo, necesita unas cuantas reparaciones y poco más. En eso consiste la política: en tomar decisiones para la mayoría social y poniendo especial cuidado en quienes más lo necesitan. Este es un ejemplo de cómo no se hacen las cosas: un caramelo para el barrio donde el alcalde tiene su granero de votos y que la gente de los barrios que no vota al PP (que normalmente se abstiene) se aguante. Pero un día puede cambiar todo esto. Será cuestión de ir explicando a todo el mundo cómo se construye una ciudad diferente.
Infografía de Adolfo Delgado en HOY

11 marzo, 2015

Parlamentar

El diccionario define el verbo parlamentar como entablar conversaciones con la parte contraria para intentar ajustar la paz o zanjar cualquier diferencia. Parecen palabras sacadas de una descripción idílica. En cambio, el sonido de un hemiciclo parlamentario -según me cuentan-  es muy diferente según lo veas por televisión o estés allí en vivo y en directo, porque el ruido de los diputados supera en decibelios al de los oradores. Un profesor intentó hace unos años llevar a sus muchachos a una sesión para que vivieran de primera mano en qué consiste un debate, para que repararan en las características del lenguaje político y parlamentario, y para que conocieran cómo funciona el órgano institucional que les representa. El profesor, que tuvo la previsión de acudir antes a un pleno para preparar una actividad extraescolar que parecía tan interesante, regresó a su instituto y decidió suspenderlo todo. El espectáculo que había vivido era cualquier cosa menos edificante y educativo: nadie atendía, los discursos eran leídos, la oratoria dejaba bastante que desear, el murmullo de los chascarrillos hacía inaudibles las palabras de quienes intervenían, entraba y salía todo el mundo, e incluso un sonido llamaba a los que estaban en el pasillo para que entraran a votar. ¿De qué me sirve traer aquí a mis alumnos adolescentes – se preguntaba el profesor – si van a encontrar como ejemplo un panorama que se saldaría con varios partes disciplinarios en caso de que se produjera en un instituto? Y menos mal que ese día no había una Celia Villalobos jugando con una maquinita.

Hoy los parlamentos españoles están a la espera de los outsiders, de los representantes de alguna formación política que ya se deja sentir en las calles y a la que en muchas ocasiones se intenta menospreciar identificándola con los perroflautas y el 15M. Y, paradójicamente, fue en uno de esos días posteriores al 15 de mayo de 2011 cuando algunos revivimos otra forma de parlamentar. Un sábado por la noche, en un círculo cercano a la fuente que hay frente a Correos en Badajoz, me di cuenta de que aquella fecha y aquel movimiento quizá tendrían difícil conseguir un triunfo a la antigua usanza, pero que no iba a ser un fracaso absoluto. Fue un placer escuchar a jóvenes (y menos jóvenes) que hablaban y se escuchaban de igual a igual, reviviendo el espíritu del ágora, respetando los turnos. Quizá tardaban más en llegar a acuerdos que cuando alguien los dicta a golpe de silbato, pero habían conseguido infiltrar a toda una generación otra manera de ver las cosas y la experiencia de participar en una asamblea abierta. 

Será difícil volver a encontrar oradores como Demóstenes o Cicerón, lo sabemos. Pero quizá sería necesario acortar esos discursos interminables y vacíos, cambiar los reglamentos para que parlamentar recupere su sentido original y, por último, que  encontremos un punto medio entre el espíritu de aquella asamblea a pie de calle y el espectáculo frívolo que hemos visto en algunos hemiciclos.

Publicado en el diario HOY el 11 de marzo de 2015.


01 marzo, 2015

Badajoz, una ciudad que hay que recuperar para la gente (1)


En Badajoz siempre ha habido mayorías absolutas desde que se recuperaron las elecciones democráticas. Por la mínima la consiguió la UCD en 1979, y Manolo Rojas logró tres mayorías absolutas aplastantes en 1983, 1987 y 1991. Pero en enero de 1992 Ibarra le dio puerta a Manolo Rojas y los tres últimos años de legislatura fueron la debacle del PsoE: corrupción de Matías Ramos, proyectos de locura como el hormigonado de la margen izquierda del río a pesar de las protestas vecinales (prueba de que era una barbaridad es que en Mérida ya se optó por otro tipo de proyecto y hoy están levantando todo lo que se hizo aquí), y un sinfín de despropósitos en una corporación regida por Gabriel Montesinos. En 1995 ganó el PP y en su primera legislatura habría tenido suficiente con no hacer nada para que el resultado fuera mejor que los tres años anteriores, donde se gastaban en viajes a Brasil para promocionar el carnaval pacense, algo que merecería un artículo aparte.

Aquí en Extremadura, y en Badajoz particularmente, es muy difícil que quien tiene el poder lo pierda. Yo lo llamo “síndrome de Paco el Bajo” y que consiste en que hay que agradecer al señorito hasta cuando te maltrata, porque se puede acercar uno al abismo de no tener ni señorito que lo maltrate. Existe un sector muy desideologizado de la población que se arriman siempre al que tiene el bastón de mando y que se apresuran a cambiar solo cuando ven la vara va a tener nuevo dueño. No es de extrañar que las encuestas confirmen que el PP se consolida a pesar de todo, porque las clases acomodadas beneficiadas por dicho partido son fieles a la hora de votar, especialmente después de misa de 12 y antes del aperitivo; en cambio, los estratos sociales perjudicados por las políticas de derechas durante más de cuatro lustros han perdido

Badajoz es una ciudad con innumerables carencias y que solo puedes apreciar cuando visitas localidades de tamaño y circunstancias similares pero que han recibido un trato bien diferente. El principal problema de la ciudad es la pobreza, el desempleo y la desigualdad social. Todos los demás problemas, que son muchos, se convierten en insignificantes comparados con estos tres. En cambio, uno repasa los programas electorales de los últimos años en los partidos tradicionales y están llenos de promesas destinadas a saciar ese instinto básico del glamour y que muchas veces consiste en parques temáticos que no hay manera de que funcionen, estadios que jamás se llenan y que se dejan caer porque no hay dinero para mantenerlos, y otras propuestas que sirven más para impactar en los noticiarios que para resolver problemas de la gente.

Por otro lado, Badajoz arrastra desde hace décadas (tendríamos que remontarnos a los últimos 60 años) un desprecio por su patrimonio histórico-artístico, natural y monumental. El casco viejo de la ciudad se dejó caer y no se consigue levantar porque el modelo buscado (la hostelería y nada más) no es la solución para los espacios, en los que habría que solucionar de manera integral la posibilidad de que las familias pudieran volver a vivir allí, solventando los problemas de movilidad y acceso, creando espacios habitables donde la seguridad y la tranquilidad puedan convivir con el ocio. Badajoz es una ciudad cuyas bellezas han sido ocultadas o maltratadas (cuando no destruidas) y es necesario dar la vuelta a esa tendencia y poner como prioridad proteger el legado de nuestros antepasados cuando entren en colisión con los afanes desmedidos de especulación o el esnobismo irredento del concejal de turno.

Hoy publica el diario HOY una encuesta de la que no podemos extraer ninguna buena noticia, ni siquiera los que aparecen por vez primera, incluso antes de decidir si se presentan. Se confirma que nada se mueve, que la administración más cercana al ciudadano parece condenada a seguir desaparecida en lo que debería ser su principal cometido: resolver los problemas de una ciudadanía asolada por la pobreza, el desempleo y las desigualdades. Por eso es imprescindible comenzar a mover conciencias, aunar las fuerzas de todas aquellas personas que creen que otro Badajoz es posible y que no quieran permanecer como meros espectadores al declive de una ciudad donde la cohesión social es un término del campo semántico de la ciencia ficción.  (Continuará)

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...