27 julio, 2022

Inauguraciones

 

Dicen que inaugurar es dar principio a una cosa con cierta solemnidad, abrir un establecimiento público o celebrar el estreno de una obra, un edificio o un monumento.  Aquí tuvimos hace unos años tal fiebre de inauguraciones y de utilización propagandística de las mismas, que hasta los partidos se pusieron de acuerdo en prohibirlas en el llamado periodo electoral, que no se circunscribía solo a las dos semanas de campaña sino a la fecha del decreto de convocatoria, que suele ser un par de meses antes.

Los mismos que hicieron esa norma de aparente juego limpio comenzaron a apurar los minutos antes de cada convocatoria electoral para proceder, con pompa y boato, a cortar cintas, entregar ramos de flores, montar carpas con escenarios, paneles, pantallas de plasma y planos de todo el proceso de construcción de lo inaugurado. Las comitivas que acompañaban a las autoridades expresaban con su lenguaje corporal la alegría, el poderío y el orgullo de haber acertado en la decisión, aunque el tiempo desveló que no siempre era oro todo lo que relucía.

Algunas de las inauguraciones que vivimos en el pasado podrían tildarse de sainetes trasnochados. Quizá la cota máxima la alcanzó el presidente de la Diputación Provincial de Castellón dando una vuelta en coche por la pista de en un aeropuerto en el que no había aviones. Pero en todos los lugares y con todos los colores hemos conocido que se inauguraban obras y edificios a los que les faltaba bastante para ser utilizables, por no hablar de lo que se terminó y jamás se usó o de aquellas autovías que se iban inaugurando en tramos de 20 km con asistencia de las fuerzas vivas locales y nacionales

La semana pasada se inauguraba un tramo de la línea de tren de altas prestaciones que unirá Madrid con Lisboa a través de Extremadura. Han pasado casi 19 años desde que se nos anunciara la noticia en la cumbre de Figueira da Foz. Tampoco tenemos que extrañarnos de estas cosas porque ya nos pasó en el siglo XIX, cuando nuestros antepasados vieron llegar los caminos de hierro a esta tierra. Repasando artículos he descubierto que fue en 1855 cuando Portugal y España firmaron un acuerdo por el que Portugal construiría una línea de Lisboa a Elvas, y España la continuaría hasta Madrid. En 1863 llegó el tren de vapor a Badajoz desde el país vecino y parece que los ocho años del siglo XIX tal vez fueron más eficaces que los diecinueve años de espera del siglo XXI, a pesar de que las tecnologías han avanzado muchísimo.

En estos días nos hemos preguntado más de uno si era necesaria tanta inauguración teniendo en cuenta que la historia reciente no se puede ocultar, que las obras en Portugal tardarán un par de años en culminarse y que desde Navalmoral a Madrid estamos peor que en 2008, sin saber si pasaremos por Toledo o no. En 159 años hemos pasado de recibir un tren de vapor a uno de gasoil. Los trenes eléctricos, que se inventaron hace más de 100 años, todavía no los hemos visto funcionar en esta tierra. Así es.

 

Publicado en el diario HOY el 27 de julio de 2022






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