28 febrero, 2011

Gestión privada

Soy de los que todavía creen que no hay nada como un buen servicio público a la ciudadanía. Por esa razón me desagrada ver la facilidad con la que se aplauden las privatizaciones. Normalmente suelen venir precedidas de una estrategia bien planificada, y que consiste simplemente en dejar caer la calidad de la gestión, dar un pésimo servicio y hacerlo mal a sabiendas durante un tiempo.  De esa manera se consigue que hasta los mayores defensores de lo público pidan a gritos cualquier tipo de cambio, aunque la salvación sea una concesión durante décadas. En la ciudad donde vivo se ha dado uno de esos casos ejemplares: tras muchos años acumulando porquería, desidia, desorganización y pocos medios técnicos, la llegada de la contrata de limpieza a Badajoz vino acompañada de una maquinaria moderna que hacía que cualquier comparación con el tiempo anterior fuera absolutamente demoledora. Lo que más llama la atención de este asunto, que para ser justos se da en muchos lugares, sectores, actividades y hasta colores políticos, es que cada privatización no venga acompañada de las consiguientes dimisiones. No se han dado cuenta de que cada una de ellas es un reconocimiento de la incapacidad de esos mismos gobernantes para gestionar un servicio de forma racional y eficaz. Ya saldrán los que digan que las empresas funcionan mejor que gobiernos y ayuntamientos, aunque ese planteamiento es realmente muy peligroso: por la misma regla de tres se podrían privatizar alcaldes y concejales, que nos podrían suministrar desde una empresa de Madrid para un periodo de veinte o treinta años. Sí, da un poquito de miedo. 

23 febrero, 2011

Fechas y recuerdos

Tengo la manía de acordarme de las fechas. En ocasiones hasta de detalles insignificantes. No se trata de una habilidad especial: todo depende del esfuerzo que se realice en retener lo que pasó en determinado momento. No sé qué hice el 12 de enero de este año, pero recuerdo perfectamente el 23 de febrero de 1981. Y todavía  mucho mejor la mañana del 24 de febrero. Tengo bien presente los nombres de los compañeros que llevaron escondidos dos transistores de radio y también la de otros dos compañeros (R.S.T. y P.C.V.) que, con apensas 14 años, nos atrevimos a decir que éramos contrarios al golpe de estado. No nos pegaron, pero nos miraron muy mal. En aquel colegio el resto de chavales, dejando al lado a unos cuantos que no se enteraban o no se pronunciaban, transmitían lo que veían en sus casas: unas horribles ganas de que triunfara el golpe militar. También el tutor, que nos daba ciencias y matemáticas, se soltó un discurso digno de El Alcázar. Y volví a casa a la una del mediodía, creyendo que el golpe había triunfado (era la información que contaban M.C.A. y F.J.F.F., los compañeros que tenían transistores clandestinos). Y durante años pensé que el golpe no había triunfado.

Con el paso de los años tuve acceso a versiones privilegiadas y llegué a la conclusión de que el golpe, si bien no había triunfado, sí había conseguido gran parte de sus objetivos políticos. Si una día hubiera en este país una república democrática, en la que se pudieran hacer críticas incluso a la jefatura del estado, entonces me atrevería a explicar a qué me refiero.  De momento, será mejor dejar que pase el tiempo y no creer a pie juntillas las versiones oficiales. 

Esta tarde, mientras escuchaba en la radio programas especiales, me he puesto a pensar qué será de aquellos compañeros de clase, qué pensarán, qué contarán a sus hijos de aquel día.

21 febrero, 2011

Democracia de papel

La semana pasada leí que en las próximas elecciones autonómicas gastaremos 90.000 euros para papeletas electorales. Es lo que cuesta imprimir 14,5 millones de unidades. Teniendo en cuenta que en mayo se votará en otras 12 comunidades autónomas y en todos los ayuntamientos, no quiero ni imaginarme la cantidad de papel que se va a derrochar de aquí a las elecciones. Por si esto fuera poco, en España se da una circunstancia casi única en el mundo: los partidos políticos pueden imprimir papeletas, enviárnoslas a casa por correo y pagarlas entre todos. Hay quien dirá que es el precio que hay que pagar por tener un sistema democrático, pero no es así. Ahorraríamos millones de euros – no exagero – si solamente se imprimiera una papeleta por cada elector (o quizá dos, que siempre hay alguien que se equivoca). Nos identificaríamos en el colegio, nos darían la papeleta con todas las opciones, entraríamos en una cabina a marcar nuestra elección y, finalmente, nos permitirían introducirla en la urna. Es la manera de votar que se utiliza en casi todo el mundo, un sistema más barato y ecológico, pero que difícilmente veremos en España. Es ilógico que tengamos que imprimir tantas papeletas como si cada opción política fuera a recibir los votos de todos los electores. Llevamos un año de recortes para todo, y aún tengo la esperanza de que también lleguen al dichoso mailing electoral, que solo sirve para que un desconocido nos llame por nuestro nombre en una carta personalizada y con un par de sobrecitos preparados. Ahórrense todo esto, por favor. La democracia no necesita tanto papel.

19 febrero, 2011

Del otro lado

La Editora Regional de Extremadura acaba de publicar Del otro lado, un libro de Ana Olivera que, a simple vista, podría parecer literatura de viajes aunque es algo diferente. Así lo ha señalado Álvaro Valverde en su blog.

Hay libros que nos atraen por sus historias, por sus personajes o por los escenarios y paisajes a los que nos llevan. Incluso algunos libros tienen la suerte de que nos atraen por todo eso y porque, además, hasta nos cae bien el autor, hecho que no siempre ocurre.

En Del otro lado se juntan dosis de todo lo bueno que le podemos pedir a un rato de lectura: muchos lugares de Portugal reconocibles, que nos llenan de nostalgia y nos hacen recordar nuestros porpios pasos por esas tierras, especialmente a los que hemos hecho de Portugal nuestra forma de vida; tampoco faltan referencias entrañables y cercanas como Italo Calvino, Leonor Watling, o el blog de Antón Castro, alguien a quien sigo en su programa de la televisión aragonesa Borradores y de quien guardo un gratísimo recuerdo de un paseo nocturno por Mérida junto a António Cândido Franco.

El libro reunía de antemano muchos elementos para dejar huella en un lector subjetivo, incapaz de hacer una crítica objetiva, ni literaria ni de cualquier otro tipo. Pero es que Del otro lado nos entrega una historia, con las alegrías, angustias y temores de un personaje para quien Portugal es algo más que el atrezzo, es el escenario que le sirve como referencia para hacer un repaso de su propia vida.
 
  • "Cada página muestra un conocimiento muy profundo de Portugal, que llega aquí de la mano de la memoria personal y sensitiva, y de la capacidad para reflejarse en las impresiones de la lectura...La sencillez de la frase de Ana Olivera consigue ocultar en una voz que tiene algo de zen y minimalismo la complejidad de su trazado..." Diario HOY. Suplemento Trazos. 05/01/2011.

Así que no diré mucho más de este relato. Solo me queda recomendar su lectura y esperar una próxima publicación. A buen seguro que nos deja tan buen sabor de boca como Del otro lado.

14 febrero, 2011

Opiniones discrepantes


No me ha sorprendido el informe interno del FMI: no había que ser una lumbrera para adivinar que se equivocó al no ver venir la crisis y la magnitud de la misma.  Me han llamado más la atención otros aspectos de la noticia, que quizá sean de menor importancia si los comparamos con la propia crisis, pero que podrían ser extrapolables a muchos ámbitos. Resulta que sí que había dentro del FMI quienes eran conscientes de la grave situación que se estaba fraguando. No será la primera vez - ni la última - que quienes viven en un pedestal acaban por tener una visión distorsionada de la realidad: unas veces porque se la maquillan quienes deberían desvelársela y aclarársela; otras veces porque éstos no se atreven a poner nubes en el límpido cielo de sus jefes. Parece ser que altísimos funcionarios, con una preparación técnica incuestionable, admitían “tener miedo a arruinar su carrera por emitir opiniones discrepantes”. He de decir que puedo llegar a comprenderlos: el mundo está complicado para afirmar que el emperador va desnudo mientras las masas alaban el brillo y la textura de unas telas invisibles. Habitamos un ecosistema en el que, para parecer ligeramente cuerdo, hay que simular ser un borrego más. Se alaba el espíritu crítico en los discursos, pero se agradece más el aplauso y la palmadita en la espalda, aunque sirva para empujar al precipicio. Para tomar decisiones importantes hay que tener buenos consejeros. De ellos se espera que conozcan bien la materia y que sean muy libres para expresar opiniones discrepantes. Tan importante es lo primero como lo segundo. 

07 febrero, 2011

Egipto


Cuando hace casi veinte años comenzamos a formar grupos de Amnistía Internacional en Extremadura, nos dimos cuenta de que existía un mundo que nunca aparecía en las noticias. Repartíamos cartas entre los voluntarios para enviarlas a las autoridades de países que no salían en los libros de geografía de EGB. Intentábamos que los medios de comunicación regionales se hicieran eco de la situación de un preso en Cuba, de una población exterminada por paramilitares colombianos o de centenares de personas que esperaban su inyección letal en Estados Unidos. Otras veces hacíamos llegar mociones a los Ayuntamientos y a la Asamblea de Extremadura, para que intercedieran pidiendo respeto a los Derechos Humanos en rincones remotos. Había que explicar a muchos de nuestros representantes populares que Myanmar era Birmania, quién era Aung San Suu Kyi, o que en la parte oriental de Timor se masacraba a diario. Incluso algunos se sorprendían si les decías que en Arabia Saudí o Egipto había dictaduras sangrientas que encarcelaban a diestro y siniestro. De repente, uno de esos monstruos olvidados, a los que calificábamos como “el único gobernante fiable de la región”, se nos cuela en las portadas de los telediarios y nos apresuramos a negar tres veces el apoyo implícito otorgado durante décadas de silencio. Muchos se preguntan si podemos hacer algo desde aquí y la respuesta es que sí. Siempre se puede hacer algo a favor de la libertad y la justicia en el mundo. Y se podría empezar por cositas simples para no volver a hacer el ridículo: leer los informes anuales de Amnistía Internacional, por ejemplo. Muchos se sorprenderían. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de febrero de 2011.

02 febrero, 2011

Suroeste

Nace una revista literaria. Nace o renace, que nunca se sabe. Quizá habría que decir que Espacio/Espaço Escrito ha realizado una ampliación de capitales y de horizontes de mercado, pero me temo que esta terminología de prensa de color salmón está fuera de juego a la hora de hablar de una revista de literaturas ibéricas como Suroeste. Conociendo a quienes están detrás de ella y los nombres que aparecen en la portada de su primer número, uno tiene la seguridad de que se trata de un proyecto en el que podrá faltar de todo menos calidad. Espero que no me ciegue mi pasión por la multiculturalidad de los territorios ibéricos: ya estoy deseando tener el primer número entre mis manos.

Exilio entre comillas

Un sábado por la tarde de hace muchos años, justo después de los dibujos animados japoneses, emitieron una película basa...